Columnistas

Así habla un Presidente
Autor: Bernardo Trujillo Calle
26 de Julio de 2014


Santos habló ante el Congreso como un Presidente. Sin estridencias. Nadie se puede llamar a engaño si su oratoria no es la de un demagogo que subleva al populacho, porque ese no es su estilo...

Santos habló ante el Congreso como un Presidente.  Sin estridencias.  Nadie se puede llamar a engaño si su oratoria no es la de un demagogo que subleva al populacho, porque ese no es su estilo, si bien tiene el control de la palabra y sus ideas las expresa con absoluta claridad, tal como lo hizo en ese ambiente de serena seguridad que lo rodeaba y lo escuchaba, durante el discurso de instalación de esta legislatura que se inició el 20 de julio. Sus palabras fueron  repetidamente aplaudidas por el pleno de la Corporación y, si algunos de los honorables senadores prefirieron cruzarse de brazos y hacer el papelón de los desentendidos, fue notorio que se trató de los dos grupos que conforman las fuerzas opositoras de derecha e izquierda extremas que siguen sin resolver su propio conflicto interior que los abruma y confunde.


En el programa de opinión “Hora 20” del lunes, el panelista Rangel, un impertinente derechista caracterizado por su sectarismo trasnochado que le valió sin embargo la curul de senador por el Centro Democrático, haciendo gala de su merecida fama, interpretó cada frase, cada opinión, cada reflexión del Presidente, a su manera, tergiversando la genuina intención del orador y repitiendo el consabido discurso de antes de las elecciones que los dejó rezagados. Si no fuera porque el mencionado senador es un vocero autorizado de esa derecha intemperante que identifica el grupo de los 20 del Centro Democrático, incluyendo al jefe supremo, yo diría que mal pinta el papel que jugarán durante este cuatrienio.  ¿Control político?  ¿Gabinete en la sombra?  ¡Qué va!  Politiquería de mala leche y nada más.


Santos, lo repito, no es ningún Castelar, ni Gaitán, ni Carlos Lozano, ni nada que se le parezca. Porque en el Senado actual la única voz que se oirá con su lirismo de siempre, es la de Horacio Serpa. Los demás son expositores de buena factura, algunos, y con eso nos conformaremos, porque tampoco se necesita elocuencia para hacerse entender. Mas esperábamos, aún esperamos, que los espíritus se desarmen y que la contribución de quienes ostentan el honroso título de Padres de la Patria, respondan con su conducta a las expectativas de quienes los eligieron.  Uribe y su grupo han llevado proyectos de ley y de reformas constitucionales anunciadas con bombo y platillos y también los demás partidos y grupos. Es su derecho, como es su deber exponerlos y defenderlos. Quedamos a la espera de que esto suceda en un ambiente de respeto mutuo.


El maleficio de aislamiento que el país padecía como campeón de la corrupción, se ha quebrado y hoy por fin, no somos parias, ni estamos sometidos a indignos tratamientos discriminatorios en aeropuertos internacionales. Estamos inscritos en las democracias respetables, con prestigio y futuro despejado. Enhorabuena porque el karma iba para largo. Y regresando a lo del Congreso, el Presidente lo ha llamado con justo título anticipado, “el de la paz”. Así reafirma el compromiso solemne que selló con la nación de buscarla y conseguirla a toda costa. El Presidente ha puesto al servicio de esa meta cuanto le ha sido posible, aún contra la incomprensión de una minoría política que conspira día y noche por sacrificarla.  Los avances logrados son cada día mayores. No estamos lejos de llegar a la firma del Acuerdo Marco que es un paso previo al Rubicón del referendo que rubricará ese acuerdo. Será la prueba de fuego. Vendrá después el posconflicto y entonces los sesenta años de desangre tocarán a su fin. La paz lleva consigo tantos y tan generosas bondades, que nadie osará cerrarle el paso.


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La mención del programa “Hora 20” y de los impertinentes desfogues sectarios del senador Rangel, no ameritarían una palabra. Lo hice como constancia de lo que podría llegar a ser la frustración de una política de avenimiento y cordura tal como la propone el Presidente. A las manos extendidas en señal de reconciliación, la respuesta es el puño cerrado. ¡Vaya futuro que se les espera!.


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Presidente: Procure por llevar al Gabinete ministros comprometidos con la paz, la ley de tierras, la salud. Ministros que entiendan la política. No todo es hacer plata.