Columnistas

Víctimas y víctimas
Autor: Álvaro González Uribe
26 de Julio de 2014


Las guerras tienen variados orígenes y objetivos, aunque si las miramos en su manifestación externa, ¿cuál es su único producto así suene duro lo de “producto”?:

@alvarogonzalezu


Las guerras tienen variados orígenes y objetivos, aunque si las miramos en su manifestación externa, ¿cuál es su único producto así suene duro lo de “producto”?: Víctimas, varias víctimas, muchas víctimas, las más que se puedan. Víctimas de todos los tamaños, pesos y colores; víctimas de todas las edades, géneros, lugares, condiciones; víctimas por doquier.


La guerra es eso, una fábrica de víctimas, y mientras más eficaz la guerra, mientras más productiva, pues mayor cantidad de víctimas. Víctimas es el nombre de la guerra.


Víctimas en todos los sentidos: directas e indirectas; víctimas en la vida misma, en la integridad personal, en los bienes materiales y espirituales, personales, privados y públicos. ¿Quién destruye más para demostrar su fuerza y aniquilar al otro por encima de lo que sea?, esa es la competitividad de la guerra.


Porque la guerra es eso: causar daño. Daño al enemigo y a quien le pueda doler al enemigo y a lo que pueda perjudicarlo aunque sea solo por mínima sospecha. Dañar, matar, herir, destruir, atemorizar.


Provocar daño y miedo para intentar -ni siquiera con certeza- conseguir algo: territorio, poder, riquezas, ideologías, venganzas, dioses, en fin, motivos nunca han sobrado para iniciar guerras. Ni sobrarán…


Todo eso que se quiere lograr en las guerras, sea cual fuere su causa y sus objetivos, se consigue cobrando víctimas. Entonces, sin duda alguna, son las víctimas las protagonistas de todas las guerras, quienes las sufren ya sea como terceros -que son las víctimas más absurdas e injustas- o también como actores que también son víctimas pese a ser igualmente victimarios, los cuales incluso desde el principio tienen claro que podrán ser víctimas, es su juego, fue su decisión.


Por tal razón, no era concebible que en una negociación para cesar una guerra las víctimas hubieran quedado por fuera, empezando porque en la mayoría de las ocasiones quienes negocian no han sido víctimas, al menos directas, y si lo han sido es por su condición de combatientes, es decir, por consentimiento propio asumieron el riesgo de ser víctimas como se dijo arriba.


Si el producto de esa máquina que es la guerra son las víctimas, pues es lógico que ese producto participe de cualquier mecanismo que pretenda apagar esa máquina. El proceso de terminación de las guerras debe mirar sus causas, sus objetivos, sus condiciones y sus consecuencias si se quiere que ese fin sea completo, eficaz y duradero.


Quizá este escrito para algunos está hoy de más, pues en Colombia, fuera de que tenemos ya una ley que les reconoce protagonismo a las víctimas, está también ya definida su presencia en la mesa de La Habana, incluso, su participación ya comenzó con los foros regionales. Pero nunca sobra reiterar este tema, primero, porque muchos no han entendido o querido entender aún ese papel protagónico, y, segundo, porque pese a que existe ley y se ha contemplado la participación de las víctimas, todavía no está claro ni sabemos cuánto serán escuchadas y si sus clamores serán de verdad tenidos en cuenta en el desarrollo de los acuerdos. Ahora el esfuerzo de todos será lograr que las víctimas no sean convidadas de piedra.


Ya la escogencia a suscitado controversias, ¡somos colombianos!, pero es que nada relacionado con este conflicto loco está exento de discusiones, pasiones e intereses. Esperemos que esa parte se solucione y que las víctimas vayan con una posición unificada, teniendo en cuenta, claro, las diferencias de sus características que son muchas.


Víctima es hoy un porcentaje considerable de la población colombiana, una condición que se debe tener en cuenta para formular en adelante cualquier política pública nacional, regional y local, pese a que sin duda toda Colombia es una sola gran víctima de este monstruo grande que por más de 50 años nos pisa fuerte.


Para La Habana va un barco cargado de víctimas…, esperemos que pronto de La Habana venga un barco cargado de verdad, justicia, perdón, reparación y paz. Sí, mucha carga de regreso, por tal razón ese barco debe ser más fuerte que el monstruo.