Palabra y obra

Luis Angel Zola and his “mecanics of assembly: The color of silence in Edward Hopper”
Luis Ángel Zola y sus “Mecánicas del ensamble: El color del silencio en Edward Hopper”
19 de Julio de 2014


Zola, Premio Poesía Joven Prometeo y Alcaldía de Medellín 2014, participará como poeta ponente este 2014 en el Festival Internacional de Poesía de Medellín.


Foto: Cortesía 

Además de la poesía, Zola es un artista plástico que incluye en sus trabajos la fotografía, la música, las letras y la pintura.

Óscar Jairo González Hernández


Profesor Facultad de Comunicación


Comunicación y Lenguajes Audiovisuales


Universidad de Medellín


En el momento en que la mirada irritada o frotada se prepara construir ensamblajes y lo hace desde la obra de Edward Hopper (“Mecánicas del ensamble”: El color del silencio en Edward Hopper), lo hace inicialmente, como forma de la iniciación esencial y de la torsión de la misma, para causarle otro movimiento que no se basa solamente en mirar sino en tener la necesidad de conectar o de relacionar las cosas entre sí, por mediación irrevocable con la sensitiva que le hace sentir lo que mira y lo que es mirado del cuadro hacia quién lo mira. 


Dos objetos: la mirada y el cuadro, de los que he de extraer la nueva construcción de la percepción de esa otra realidad. Realidad de Hopper en el cuadro y naturaleza de la realidad en la mirada del observador.  


Es la densidad dramática de la mirada, que es provocada por lo que se busca ensamblar. La mirada y el sentir hacen entonces que podamos ser dominados por la necesidad de llevarlas al extremo, para que podamos formar y transformar desde lo que deseamos ensamblar.


Un nuevo objeto


El ensamblaje propicia esas súbitas y escandalosas relaciones que construyen un nuevo objeto. Y el nuevo objeto es lo que se propone de manera intencionada y tensionada Luis Ángel Zola en este libro que hizo sobre la mirada a los cuadros de Hopper. 


De modo que al hacer tensión de esa relación con los cuadros de Hopper pueda formar la palabra como un objeto. O sea, que la palabra alcance su forma y estructura desde allí, desde esa obsesión que la desarrolla la observación de los cuadros de Hopper. 


Es una  mirada que hemos llamado irritada o frotada, pero también fisura, para que el cuadro le transmita lo que busca al observarse en él. Yo miro el cuadro, pero el cuadro me mira. Y entonces lo mismo hace con la palabra, que la lleva a una nueva condición o carácter, al hacer ensamblajes con ella, desde una estructura sintética, pues las palabras cada que son haladas y pronunciadas por el poeta, ya tienen otra dimensión y sentido, así y ellas tienen la perspectiva tentacular de radiar y radiarse en el libro, o sea, de decirlas de nuevo y otra vez, pues son resultado de lo que el poeta y pintor Zola obsesiona.


La obsesión 


Incrustarse, instalarse, relacionarse y decirse son como la medida de esa obsesión inexorable. Y hace ello, desde la perturbación misma que le causa la relación de esa naturaleza del realismo de Hopper y como él denominaba sus cuadros, para relacionar en su concentrada mirada la realidad con lo poético y transformarla, no transcribiéndola sino vaciando en ella sus percepciones (De proyectar sobre la tela mi percepción más íntima, decía Hopper): “Cuarto de hotel”, “Habitación junto al mar”, “Noche en el tren”, “Autómata” o “Sol en una habitación vacía” y lo que el cuadro mismo contiene o no. Ya su mirada no es un trazo ocluyente sino una visión que le hace decir: “La piel debe agrietarse para dejar ver la noche” (Una mujer al sol). 


Tiene la tensión de que el cuadro no puede ser relatado sino que relata la tensión de una mirada que se incrusta allí. Y que siente la necesidad de moverse hacia lo otro, hacia sí mismo, que el cuadro lleva o provoca a hacer. Y lo mismo hace Zola con las palabras, el realismo de sus palabras y la poética de las mismas, pero pervirtiéndolas en el contacto mismo que hace la mirada del poeta con la del pintor. 


Real o irreal 


Y como la prueba de esa relación incierta o cierta, condicionada o incondicionada, real o irreal, le hace observar y sentir que el cuadro es un poema y que el poema es un cuadro, entonces lo observa y lo siente, por medio de lo que llamo una proposición de materia sensible y racional, a la manera de Wittgenstein en su “Tractatus lógico-philosophicus”: “Lo inefable (aquello que me parece misterioso y que no me atrevo a expresar) proporciona quizá el trasfondo sobre el cual adquiere significado lo que yo pudiera expresar”. Para sentir y poetizar, desde o con la proposición, que aquí para Zola es la del trayecto insólito e insolente que hace desde una estética con la que puede hacer el ensamblaje con todo lo otro que hay en la pintura de Hopper, que no es solamente el realismo o la realidad sino lo irreal y lo sobrerreal y todo lo otro que hay en él, desde su mirada tensional o dialéctica. 


Hay que sobrevivir al vacío para encontrar el silencio: no se pisan jamás las mismas huellas (Autorrerato), nos lo dice al iniciar el libro y nosotros sus lectores lo reclamamos para nosotros, al cerrar el libro que hemos abierto, cuando nos podemos decir con Zola y con Hopper: hay una fiebre de exilios en la voz de la tristeza/un ritual de adicciones que desnuda las memorias. (Hombre sentado en una cama).



“Autorretrato”

“Mis ojos reposan enfermos sobre la piel del horizonte. Podría articular la soledad de los hombres para devolverle la luz a la luna. En la humedad de mis manos se filtra la onda espesura de los sueños. Desearía  disolver la tierra inerme para entender el pulso del cielo. ‘Todo llega muy lento’ como una obscuridad sensitiva de ficciones que se proyectan. Hay que sobrevivir al vacío para encontrar el silencio: no se pisan jamás las mismas huellas”. Tomado de “Mecánicas del ensamble: el color del silencio en Edward Hopper”, de Luis Ángel Zola.




Fallo del jurado

“A ocho días del mes de mayo de 2014, los poetas que integran el jurado del III Premio de Poesía Joven Ciudad de Medellín y su área metropolitana concluyeron”:


Titulo: “Mecánicas del ensamble: el color del silencio en Edward Hopper”


Seudónimo: Luis Ángel Zola. 


Nombre: Amadeus Alessandro Longas


“Esta obra se destaca por la claridad para expresar los complejos matices del lenguaje figurado; logra plasmar el universo silente de la soledad humana mediante escenarios pictóricos, donde la luz y el color matizan la experiencia de la voz poética. Como expresa su autor en el prólogo: ‘Este libro es una visión personal del libro de las pinturas de Edward Hopper’ como una aproximación a ‘esa sensación de ausencia visual que es el silencio’”.




“Una mujer al sol”

“Todo el peso de sus vértebras se quedaría inmóvil. Podría estacionar sus alas sobre el vértice del cielo sin que se disuelva el aire y condenar lo improbable para descifrar el vacío de la piel amordazada y bajo ese cielo lleno de lugares comunes y crónicas de polvo desarticular el exilio de las sombras en ese acorde oscuro donde mengua la nostalgia”.


Tomado de “Mecánicas del ensamble: el color del silencio en Edward Hopper”, de Luis Ángel Zola.