Columnistas

Envigado y Urabá
Autor: Álvaro González Uribe
19 de Julio de 2014


Hay dos porciones de mi tierra que hoy necesitan una merecida campaña de reconocimiento y de reivindicación por parte de toda Antioquia y de Colombia: Envigado y Urabá.

Hay dos porciones de mi tierra que hoy necesitan una merecida campaña de reconocimiento y de reivindicación por parte de toda Antioquia y de Colombia: Envigado y Urabá.


Se trata de campañas sinceras y fieles a la verdad actual, sin patrioterismos ni regionalismos, pues hay que ser objetivos y aceptar y comprender la realidad como requisito indispensable para corregir los errores y enfrentar las problemáticas. Colombia y Medellín también viven aún esa mala imagen en el ámbito internacional, aunque se ha trabajado bastante para mejorarla con buenos resultados.


En los casos concretos de la ciudad de Envigado y de la región de Urabá hay que hacer mucho más para mostrar la actual cara verdadera de ambos territorios, como manera de hacer justicia con sus nativos y residentes y también como medio para incrementar las inversiones y el desarrollo, en especial en Urabá.


Un ejemplo: Tengo cédula expedida en Envigado pese a que nací en Medellín aunque jamás tendría por qué avergonzarme de haber nacido en ese lindo municipio, y cuando por algún trámite en otras regiones del país se dan cuenta del lugar de expedición de dicho documento, no faltan los flojos comentarios que disfrazados de humor de mal gusto hacen alusión despectiva a dicha ciudad. Me es difícil ocultar mi enojo.


Aunque mi vínculo con Urabá es solo de admiración y orgullo por ser antioqueño, igual me sucede cuando se menciona desdeñosamente a Urabá por cualquier circunstancia. Nada más absurdo en ambos casos. Es injusto, demuestra desconocimiento, mal manejo de medios y, por supuesto, la necesidad de formular e implementar más campañas que propugnen por mostrar la imagen real y bondadosa de ambas tierras.


Lo de Envigado, todos sabemos, proviene en primer lugar de un hecho fortuito, lo cual hace más injusta la mala imagen: en uno de sus barrios pasó su infancia y adolescencia Pablo Escobar, en donde inició su larga carrera criminal. Luego, encadenada o no a los vínculos que ello dejó, se hizo famosa la llamada “Oficina de Envigado”, grupo delincuencial hoy en decaída que además desbordó hace tiempos los límites de Envigado. Incluso, en el Departamento y en todo el país existen grupos mucho más peligrosos y poderosos que la tal “Oficina”, sin nombre territorial marcado.


La historia de Urabá es larga y ha sido objeto de numerosos estudios y escritos con orígenes en la Conquista. Acá no puedo resumirlos por espacio y por la complejidad del tema, pero basta con recordar que es un territorio con enormes ventajas geográficas, estratégicas, climáticas, sociales y económicas de todo tipo entrelazadas entre sí. No solo para Colombia sino para las Américas y para el mundo Urabá es un lugar clave en diversos sentidos.


Precisamente por esa riqueza múltiple Urabá ha sido apetecido por todo tipo de personas y grupos. Sin embargo, como tanto nos pasa en Colombia, el Estado siempre ha llegado de último, con medidas insuficientes y temporales. Eso ha permitido que las instituciones legales hayan estado ausentes. Últimamente, un grupo delincuencial le ha dado mal renombre nacional a Urabá y debemos contrarrestar eso, obviamente con la fuerza pública y los organismos judiciales competentes del Estado, pero también con campañas. La Gobernación de Antioquia lo está haciendo hoy en ambos aspectos.


Resaltar las bellezas, las riquezas, la historia y los personajes maravillosos en todas las áreas que hay y que han nacido en ambos territorios, entre otras acciones, es una labor que se debe seguir haciendo y con más ahínco. Salvo pequeñas excepciones como pasa en todo el mundo, envigadeños y urabaenses son gente emprendedora, cumplidora de la ley, inteligente, capaz y que se la juega por la convivencia y la paz. De ambos grupos de habitantes nos debemos sentir orgullosos en Antioquia y en Colombia.


Cada uno con sus potencialidades inmensas, y guardando las obvias diferencias, Envigado y Urabá deben ser símbolos de esta Antioquia y de esta Colombia que empiezan a nacer. ¡Vivan Urabá y Envigado!