Columnistas

La muerte de la imagen
Autor: Dario Ruiz Gómez
14 de Julio de 2014


El Orwell de “1984” con su descripción de una sociedad manipulada por el absolutismo del Gran Hermano cobra actualidad cuando en las mismas democracias la t.v. se ha ido convirtiendo en el medio a través del cual el poder quiere imponer no la verdad sino lo que considera su verdad.

¿Cuántas patadas le dieron a James Rodríguez? ¿Por qué pitó el penalti el árbitro español y no le sacó tarjeta a Julio César si era el último hombre? La evidente separación entre la realidad de los hechos y aquello que el poder niega está demostrando con este ejemplo vulgar, además, que la Fifa quiso y quiere demostrar a millones de telespectadores que están ciegos ya que una cosa es lo que los ojos de cada telespectador constatan y otra la verdad que una organización poderosa establece. El Orwell de “1984” con su descripción de una sociedad manipulada por el absolutismo del Gran Hermano cobra actualidad cuando en las mismas democracias la t.v. se ha ido convirtiendo en el medio a través del cual el poder quiere imponer no la verdad sino lo que considera su verdad.


Lo que hizo a continuación la Fifa fue restregarnos su poder al, ofensiva e impúdicamente, saludar “el gran trabajo del árbitro español”.  Pero si la imagen llegó a crear una gramática propia, si “una imagen vale más que cien palabras” ¿porqué esta ofensiva manera de ofender al ciudadano desacreditando su capacidad de llegar a conclusiones propias? El régimen nazi fue diabólicamente eficaz para lograr que la pantalla mostrara lo que le interesaba al poder y no lo que la realidad enfocada mostraba, las técnicas de montaje demostraron las posibilidades de manipulación de la imagen visual para desacreditar la mirada del testigo y crear la confusión general. Lo que se ha llamado “la muerte de la imagen” no es otra cosa que la desacreditación de las posibilidades visuales de crear una reflexión sobre lo que se ha visto, de hacer pensar a la imagen.


Lo que debemos considerar ante este caso es algo que Bauman ha analizado certeramente o sea la extraterritorialidad de capitales que a ninguna justicia deben responder. ¿No recordamos la manera en que la Fifa se dejó manipular de la dictadura militar argentina quedándose callada ante la oprobiosa goleada a Perú mediante la cual se permitió la clasificación argentina? ¿No recuerdan ustedes que en ese mundial las cámaras de t.v. estaban colocadas a gran altura para que no se enfocaran las tribunas donde las gentes protestaban contra el terror militar? Desde luego, entonces, que, si hay una ética de la imagen debe haber una ética de la transmisión de los eventos ya que existe de por medio la manipulación del material pues sólo constatamos la belleza arquitectónica de los estadios –utilizados algunos para tres partidos solamente- pero nada llegamos a saber de las protestas ciudadanas en las calles. 


Quien está en el estadio, levanta una voz de protesta que nadie escucha porque ningún medio la transmite y en cambio los televidentes son manipulados  mediante la adulteración descarada de las imágenes. Termina el partido y al telespectador lo único que le interesa no es la ética sino que el espectáculo continúe. Esta es la verdad hay que admitirlo. Si no hubiera la certeza de que a continuación están programadas la Eurocopa y la Copa América, este telespectador podría estallar de pánico ante el insospechado vacío que se abriría  ante su vida. Ya no es el espacio escenográfico del estadio sino una escenología que se prolonga ad infinitum por plazas, calles, fábricas, oficinas, dominadas por la voz en off del Gran Hermano.


Es el contraste, señala Sartoris, entre el homo sapiens que nace y busca el conocimiento, una lógica a los hechos y el homo insipiens que es “necio y simétricamente ignorante”, el primero necesita del lenguaje para comunicarse, el segundo urge de la pantalla para enmudecer. De lo lúdico se ha pasado abiertamente a la entretención manipulada. Pero donde haya una canchita, el fútbol continúa.