Columnistas

La portada de Semana
Autor: Bernardo Trujillo Calle
12 de Julio de 2014


Durante los próximos cuatro años, el debate de la derecha y la izquierda se trasladará al Congreso y allí se materializará a través de las propuestas legislativas que se lleven y defiendan.

La portada de la Revista Semana -1.679- presenta al expresidente Álvaro Uribe como la principal figura de la derecha colombiana, por encima de Oscar Iván Zuluaga y Marta Lucía Ramírez. La Revista se pregunta si perdurará esta alianza de las fuerzas del conservatismo tradicional con la nueva que aporta el Centro Democrático, o más bien, su conductor único Álvaro Uribe, que parece estar muy a gusto en su papel de supremo jefe. Las citas políticas que el articulista hace de Álvaro Gómez son conocidas por las reiteradas apariciones cada vez que la decepción lo arrollaba en sus varios intentos por llegar a la presidencia.  Lo persiguió el karma de su ilustre padre Laureano Gómez, el “monstruo”,cuya presencia en la conflictiva vida del país, tanto en el Congreso, como en el periódico El Siglo, marcaron una huella profunda por su radical posición ideológica. Álvaro, su hijo mayor, le heredó el talante de polemista y perseverante predicador de las doctrinas conservadoras.


“Colombia es un país conservador que tiene la mala costumbre de votar liberal,”decía, y tal frase, no cierta históricamente, hizo carrera, lo mismo que la otra que más se recuerda: “En Colombia hay más conservatismo que partido conservador”. Por épocas, los partidos se han turnado en eso de las mayorías y minorías, según los gobiernos y gobernantes. Nadie discutiría hoy que la hegemonía conservadora que se extendió por 40 años a partir de Núñez y Caro, terminó extenuada en brazos de un movimiento republicano que le dio el triunfo al liberal Enrique Olaya Herrera, inicio de los prósperos 16 años de sucesivos gobiernos liberales. López Pumarejo, Eduardo Santos y el compartido cuatrienio de López Pumarejo y Alberto Lleras, transcurrieron en completa paz social, apenas aguijoneada por el levantisco carácter de Laureano y sus fieles adeptos, una especie de frac-masonería por la que se puso en boga lo que Augusto Ramírez Moreno llamó “la disciplina para perros”.


Yo celebro que las viejas y nuevas derechas adquieran una identidad de partido que las situé en el lugar que les corresponde del espectro político. Nada más letal para la democracia que un reguero de movimientos que dicen defender los mismos principios, cuando en su interior el único lazo de unión es el hambre de burocracia y eventualmente, un espíritu de venganza, que a fuerza de ocultarse, termina haciendo explosión. También la izquierda democrática, el liberalismo a la cabeza, tiene que buscar ese contacto y organizarse monolíticamente para enfrentar aquel desafío que se le propone. La definición que Carlos Lleras dejó para siempre escrita en palabras perdurables, nos ha trazado el camino: “El liberalismo es una coalición de partidos de izquierda”. Durante los próximos cuatro años, el debate de la derecha y la izquierda se trasladará al Congreso y allí se materializará a través de las propuestas legislativas que se lleven y defiendan. “Hechos, no palabras” será lo que defina el talante ideológico de cada quien.  Lo cual tampoco es un seguro que se compre en un mercado de simuladores como el que tenemos, que puede estarse preparando para representar una farsa, un papel de avanzada social del que carecen.


El Presidente Santos tiene en sus manos el mazo de la baraja y le corresponde repartir juego, práctica que tiene bien aprendida como jugador imperturbable de cartas según es fama. Su responsabilidad entonces es imponderable porque el gabinete ministerial y demás cargos de decisión los va a tener qué calibrar de tal forma que le permita cumplir un ambicioso programa de gobierno que rescate el contenido social-demócrata que es filosofía del liberalismo, su más firme acompañante .  La paz, la cercanía con el pueblo raso, devolverles la tierra a los campesinos, la salud, techo y trabajo bien remunerado, son compromisos ineludibles de un gobierno como el suyo y para el cual lo eligió una holgada mayoría de colombianos. Los 8 millones de electores no tienen un voto uribista. Nada le debe por tanto al Centro Democrático y su liberación de ese sambenito es total. Esa libertad le va a permitir gobernar con voluntad liberal. Es el momento histórico que no puede dejar pasar, señor Presidente.


______________


Señor Procurador: ¿ya puso a remojar sus barbas?