Editorial

Una voz a escuchar
11 de Julio de 2014


El nombramiento de monse駉r Castro Quiroga al frente de la Conferencia Episcopal es un mensaje al Gobierno en el sentido de que la Iglesia Cat髄ica se pone a su disposici髇 para trabajar por la paz y la reconciliaci髇.

Monseñor Luis Augusto Castro Quiroga, actual arzobispo de Tunja, fue nombrado por la Asamblea Plenaria del Episcopado como nuevo presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, la máxima autoridad administrativa de la Iglesia Católica, de la cual hacen parte los obispos de todas las diócesis del país, con lo que esta institución envía un claro mensaje de que además de promover su misión evangelizadora, que es su deber natural, está seriamente comprometida con el desarrollo del actual proceso de paz con la guerrilla de las Farc, con un eventual diálogo con la insurgencia del Eln y con el desarrollo de la etapa del posconflicto que, a juicio del jerarca, ya ha comenzado.


La figura de monseñor Castro Quiroga ha estado ligada durante la última década al trabajo que la Iglesia ha adelantado en el país en busca de la reconciliación. Su paso por regiones duramente golpeadas por el conflicto, como Florencia (Caquetá) donde fue rector de la Universidad de la Amazonía entre 1973 y 1975, y el vicariato apostólico de San Vicente-Puerto Leguízamo entre 1986 y 1998, cuando la jurisdicción incluía gran parte del Caquetá y Putumayo, le ha permitido al prelado palpar el conflicto armado en sus raíces, trabajar con las familias de las víctimas y los victimarios, conocer de primera mano la incidencia del narcotráfico en la evolución de los grupos al margen de la ley y denunciar desde su apostolado en el Caguán las consecuencias de la ausencia del Estado en las regiones en las que el conflicto arreciaba. Con esa experiencia a cuestas, en su primer periodo como presidente de la Conferencia Episcopal, entre 2005 y 2008, hizo parte también de la Comisión de Conciliación Nacional, convocada en 1995 por el entonces presidente del episcopado, monseñor Pedro Rubiano, con el propósito de buscar soluciones políticas al conflicto armado y facilitar vínculos de encuentro del Gobierno Nacional con las guerrillas y los grupos de autodefensa.


El propio monseñor Castro Quiroga reconoció en su primer encuentro con los medios de comunicación, el pasado miércoles, que esta elección -que no esperaba por haber sido ya presidente de la Conferencia- tiene como fin el que la Iglesia siga trabajando por la paz y la reconciliación. La pregunta que cabe es si lo que busca la institución eclesial es una vinculación concreta en términos de participación  en las mesas de diálogo en el proceso ya avanzado con las Farc o en el eventual diálogo con el Eln, o si esa labor seguirá circunscrita al terreno pastoral, para lo cual, la  verdad sea dicha, cualquiera de los demás prelados tendría que estar preparado.


Es apenas natural que la Iglesia Católica se manifieste a favor del proceso de paz. Su discurso basado en el Evangelio ha propendido siempre por el diálogo y la reconciliación. Y la credibilidad que ha mantenido en la sociedad le ha permitido ser garante en varios intentos de negociación. Pero no parece coincidencia que este nombramiento se haya dado justo cuando la mesa de negociaciones de La Habana se prepara para abordar el tema de las víctimas, que se presume será el más difícil de los acordados en la agenda para el fin del conflicto, pues monseñor Castro Quiroga fue claro y directo al señalar que la reconciliación no puede disfrazar la impunidad, con lo que el jerarca pone los puntos claros sobre un tema especialmente sensible.


“No podemos quedarnos con una reconciliación barata, falsa o que sea un disfraz de la impunidad. La tarea que tiene el Gobierno en La Habana es muy complicada porque hasta ahora se ha avanzado en lo fácil”, afirmó el prelado según recoge en su edición de ayer el diario El Tiempo, dando a entender que lo grueso de la negociación es lo que falta y que será precisamente en ese punto sobre las víctimas donde se verá la verdadera voluntad de paz de la guerrilla. Es bastante claro que el discurso de la Iglesia es también a favor de las víctimas y de la sociedad que ha sufrido las consecuencias de la guerra, por lo que sería muy valioso que el Gobierno Nacional escuchara lo que tiene para decir.


Más allá del apoyo a los procesos de negociación, interpretamos el nombramiento de monseñor Castro Quiroga al frente de la Conferencia Episcopal como un mensaje al Gobierno en el sentido de que la Iglesia Católica se pone a su disposición para trabajar por la paz y la reconciliación, no solo en esta etapa de negociaciones sino, como lo dijo el mismo arzobispo de Tunja, en la etapa de posconflicto, de manera que “no queden resentimientos y rencor en los corazones, para no repetir la historia de otros países en donde se firmaron procesos de paz pero se siguieron odiando”.