Columnistas

La paz sitiada
Autor: Henry Horacio Chaves P.
10 de Julio de 2014


Poco parece haber sido el efecto real, cotidiano, del encuentro del Papa Francisco con Simón Peres, el presidente de Israel y el líder palestino Mahmud Abbas que contó además como testigo con el patriarca de la Iglesia Ortodoxa, Bartolomé I.

@HenryHoracio


Poco parece haber sido el efecto real, cotidiano, del encuentro del Papa Francisco con Simón Peres, el presidente de Israel y el líder palestino Mahmud Abbas que contó además como testigo con el patriarca de la Iglesia Ortodoxa, Bartolomé I. Esa reunión nos llenó de esperanza a algunos sobre una época en la que se podrían establecer maneras distintas de relacionarse entre quienes no solo comparten parte de la geografía sino el origen de la religión que los ha enfrentado por siglos.


Poco duró el encanto. Ni la oración conjunta, ni el abrazo de los líderes, ni el sentido común fueron suficientes para hacerles ver a los extremistas que la tierra prometida debe sembrarse de vida y no de sacrificio. Tres jóvenes judíos fueron secuestrados en Cisjordania y luego aparecieron muertos. Ese fue el nuevo florero para otra escalada que va en ataques y respuestas de lado y lado.  Misiles van y cohetes vienen, con saldo parcial de por lo menos 18 personas muertas y varias heridas, como producto de los ataques desde Gaza y la Operación Límite Protector con la que el ejército israelí prometió defender a los ciudadanos del sur de su país.


Hablamos de una noticia que suena repetida y con imágenes muy parecidas a las que hemos visto antes, a pesar de los recientes intentos de paz. Una proceso que no comparte el grupo extremista Hamas, autor de los ataques y que ahora jura venganza por la muerte de siete de sus integrantes en medio del fuego cruzado. Sin embargo, la tensión es creciente y necesitará más que oraciones para calmar los ánimos.


El presidente israelí, Simón Peres, reiteró su voluntad de paz con los palestinos, pero dijo que por desgracia ellos están divididos en dos bandos: Hamas y Fatah. Lo que no dijo, es que entre los suyos también hay quienes prefieren el ruido de los morteros a las expresiones de tolerancia política y religiosa. Unos y otros contribuyen a sitiar una paz esquiva. Acercamientos y propósitos que corren alto riesgo por el abuso de las creencias religiosas con fines políticos, pero también porque aunque aquí y allá nos neguemos a creer, la máquina de la guerra produce muchosdividendos económicos para unos pocos, mientras la paz puede representar un crecimiento importante para la mayoría. 


Esos pocos que se lucran mucho con la guerra son los que han impedido que Hamas reconozca al estado israelí, como reclama la comunidad internacional. Impiden también que entre los judíos haya consenso en el respeto por las demás religiones y por el territorio que ha abonado la sangre de judíos y palestinos. Y aunque no se parezca en nada el conflicto nuestro al de ellos, también aquí y en otras geografías los beneficiarios de la guerra perpetua fruncen el ceño con los acercamientos y las posibilidades de paz, buscan excusas y fabrican razones para reiniciar hogueras y encender polvorines, porque a ellos no les conviene el cese de los conflictos.


Tendrá la humanidad que vencer una distancia más larga que los 70 kilómetros de Tel Aviv a Gaza para cerrarles el paso a los guerreristas y fomentar una ética universal más tolerante y más proclive al respeto. Francisco puso ya una base importante, la comunidad internacional no puede dejar apagar esa llama.