Columnistas

Pékerman Krimen
Autor: Rubén Darío Barrientos
10 de Julio de 2014


No todos están enterados de que el segundo apellido del técnico de Colombia, es Krimen. Sí, así es. Este hijo de inmigrantes judíos, está a menos de dos meses de cumplir 65 años de edad. Para el próximo mundial de Rusia arribaría con casi 69 años, una edad avanzada pero no absurda.

rdbarrientos@une.net.co


No todos están enterados de que el segundo apellido del técnico de Colombia, es Krimen. Sí, así es. Este hijo de inmigrantes judíos, está a menos de dos meses de cumplir 65 años de edad. Para el próximo mundial de Rusia arribaría con casi 69 años, una edad avanzada pero no absurda. Sorprende su carácter imperturbable y, más aún, su forma de actuar que es la de un argentino no agrandado. También llama la atención, que no sea parlanchín ni retórico. Tal vez se explica lo anterior, por su cuna humilde.


Sus orígenes del fútbol, como infante jugador de la barriada, estuvieron enmarcados por un enorme esfuerzo: cuando entrenaba (a la orilla del río Paraná) llegaba a su casa con las zapatillas llenas de arena y luego se iba a hacer mandados. En las vacaciones vendía helados con su hermano, precisamente a los pasajeros que desembarcaban del tren y ayudaba, en la medida de sus posibilidades, en una pizzería familiar. Mezcla de disciplina, sacrificio y ganas de surgir. No conoció de la pereza. 


Aquí estuvo en Medellín, jugando para el DIM, entre 1975 y mitad de 1977. Yo lo vi actuar. Hizo 15 goles en 101 partidos. No era un descreste y su perfil era el de un volante mixto con buena distancia. Recuerdo que en un clásico le hizo dos goles a Nacional. Un día se lesionó de su rodilla izquierda (ligamentos) y no pudieron recuperarlo, razón por la cual a sus 28 años colgó los guayos. Una despedida muy tempranera, es la verdad. Entre otras cosas, una hija (Vanessa), nació en esta ciudad.


A su regreso a Argentina, luchó por organizar su rodilla sin ningún éxito. Consciente de su retiro obligado del fútbol, pintó un Renault-12 de su hermano y empezó a manejarlo como taxi. Así se paseó por las calles –en plena dictadura argentina– lo cual hizo hasta 1981, cuando lo llamaron para que formara parte de un proyecto deportivo con divisiones juveniles de Argentino Júniors. Y se empezó a cuajar un técnico de campanillas, con bajo perfil, sencillo, planificador y laborioso.


Reitero, que me ha impactado que Pékerman sea un “che” poco expresivo. Estamos acostumbrados a ver argentinos –estén donde estén– con buen parlamento y sin grado de humildad. En una crónica del 19 de junio de este año, Luis Fernando Afanador en la revista Diners, dijo del entrenador que “tiene la serenidad perturbadora de los tímidos”. Es calibrador para hablar y no ofende. Esta es otra virtud que posee. Tampoco casa peleas con nadie y en la cancha es caballeroso.


Cuando llegó a Colombia, desechó ofertas de tres selecciones: Australia, Japón y Chile. Tenía imán por este país y sabía que aquí triunfaría. Su contrato fue generoso en términos económicos: US$2,8 millones anuales para su grupo de trabajo y US$1,8 millones como bonificación por clasificar. Se desconoce el monto del “bono” que recibirá por llegar hasta cuartos. Fue el octavo técnico mejor pagado de los 32 que estuvieron en el mundial.


Ahora se dice que lo quieren de equipos asiáticos. Se asegura que no renovará con Colombia, por tres razones: a) ofertas atractivas de afuera, b) elevará en demasía sus pretensiones económicas y c) no permitirá que se limite su cuerpo técnico. El gran dilema será si se logra la “reelección” o no. Nos convenció Pékerman y, por ello, he querido hacer un bosquejo rápido de su vida. Le respetamos y anhelamos que siga. Él le debe a Colombia y Colombia le debe a él. Hay reciprocidad. Ojalá nos guíe como timonel para la Copa América y para las eliminatorias 2018. Un señor técnico, sin duda.