Columnistas

Necesitamos ministro
Autor: Alvaro T. L髉ez
8 de Julio de 2014


Va siendo hora de encaminar a nuestros j髒enes y, porque no, a los adultos de este pa韘 por el camino de los valores que realmente nos interesan para el logro del prop髎ito de ser un colectivo en el que derecho a la vida, pero la vida digna, sea el m醩 notorio de los hechos.

alvarolopez53@hotmail.com


Si algo ha quedado claro en los procesos sociales de Colombia, es que sucumbimos ante la oleada de vulgaridad que dejó el ascenso económico de los bajos fondos. Usando un falso nacionalismo, las acciones de tráfico y contrabando se han lucrado de manera escandalosa, ante la mirada permisiva de las autoridades. Va siendo hora de encaminar a nuestros jóvenes y, porque no, a los adultos de este país por el camino de los valores que realmente nos interesan  para el logro del propósito de ser  un colectivo en el que derecho a la vida, pero la vida digna, sea el más notorio de los hechos. 


Nos venimos quejando los colombianos, desde hace mucho tiempo, desde las épocas anteriores al Frente Nacional, para poner topes temporales, de la mala calidad de nuestra educación, y de lo maleducados que somos. Pero no hacemos nada para enderezar el camino que, debe ser pensado como una política de Estado para el cambio y el desarrollo. Ahora que el señor Presidente debe hacer algunos ajustes en su gabinete, debería pensar en la designación de un ministro de educación al que le quepa en la cabeza el país, sus debilidades y fortaleza, sus sueños y necesidades, sus vocaciones y capacidades, pues, la verdad sea dicha, en los últimos años no se ha acertado en tal materia. La cartera de educación requiere de algo más que relaciones comerciales, algo más que haber sido víctima de la violencia, algo más que ser una señora con talante de dama voluntaria.


En los planes de desarrollo de un país, tiene que estar la concepción de una universidad pertinente, sin importar quienes sean los dueños de las instituciones. No puede ser la educación superior el roto por donde se pierden ingentes recursos, ni el santuario de violentos y vividores que esquilman el erario sin compasión ni misión. Es importante encontrar un personaje respetable y respetado, capaz de sintonizar el interés general con los planes de educación que, desde la soberbia academia, se trazan sin conocimiento real del mundo; con la paciencia y la inteligencia suficientes para enderezar el pensamiento de nuestros maestros, ubicados en el pasado, y actualizarle el valor de sus derechos, de reconocerles sus méritos; alguien que cale la mente de nuestros muchachos, enseñándoles el camino para superar sus necesidades.


 No son necesarios los palacetes con monumentales vidrieras, ni llenar la ciudad de escuelas de música. Para ser la ciudad, el departamento o el país más educados, se necesita un cambio más de fondo que cosmético, pues a las bellísimas y costosísimas escuelas hay que meterles jóvenes con futuro y maestros idóneos para ayudarlos a construir ese futuro. Si aspiramos a que todos los muchachos sean músicos, no habrá quien les arregle el clarinete. En fin, que hay que comenzar a educar a nuestra dirigencia para que entienda que un cargo público puede ser un trampolín, si se trabaja con denuedo en la labor asignada. Hay que rebajarle a la soberbia, a la vulgaridad, a la tendencia a la intrascendencia. Hay que construir Patria.