Columnistas

En honor a Andrés Escobar
Autor: Lázaro Tobón Vallejo
3 de Julio de 2014


Rodríguez, Cuadrado, Gutiérrez, Martínez, Guarín, Yepes, Armero, Quintero, Ospina, Zúñiga, en fin, todos y cada uno de los jugadores titulares, así como los suplentes, aunado a ellos el equipo humano que está detrás de la mancha amarilla...

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Rodríguez, Cuadrado, Gutiérrez, Martínez, Guarín, Yepes, Armero, Quintero, Ospina, Zúñiga, en fin, todos y cada uno de los jugadores titulares, así como los suplentes, aunado a ellos el equipo humano que está detrás de la mancha amarilla  en el campo de juego y fuera de él, hacen posible que los colombianos, tengamos el corazón y el alma henchidos de orgullo y expelamos por cada uno de nuestros poros el placer de sentir a nuestra selección avante en cada uno de los enfrentamientos en este Mundial.


No me tocó vibrar con el 4 a 4 de Colombia contra la antigua Unión Soviética, ni el único gol olímpico realizado en un mundial, marcado por el barranquillero Marcos Coll, pero sí el apasionante empate de Colombia ante Alemania 1 x 1, con el gol “ordeñado” convertido por Fredy Rincón, y esa década de oro de los años 90 del balompié colombiano, en los que estuvimos presentes en los tres eventos orbitales del balompié, Italia 90, Estados Unidos 94 y Francia 98, llevados de la mano, de esa “rosca paisa”, período en el que, en vez de aglutinada alrededor del equipo, la nación estaba dividida debido a los comentarios que varios personajes del país detrás del micrófono hacían contra los directores técnicos, Maturana y Hernán Darío Gómez.


Hoy, la situación es diferente; la fiebre amarilla es la comidilla de legos, aficionados y no aficionados al fútbol, la mayoría de compatriotas abrazamos desde la distancia los triunfos de la selección. Haber llegado a estas instancias, estar entre los mejores 8 equipos del mundo, pareciese que fuese un sueño del que no quisiéramos despertar.


Pero, todo tiene una mancha negra, no hago referencia al presente de la selección, en el que reina la armonía y el sentido de equipo, sino de hace 20 años, en la noche del 2 de julio de 1994, cuando en Medellín el poder de las armas reinaba en la calle, fue asesinado Andrés Escobar Saldarriaga  al salir de una discoteca del sector de las Palmas, su vida y su juego caballeroso y elegante fue erradicado de las fas de la tierra. 


Esta participación de Colombia en Brasil 2004, y en especial el juego frente al equipo local debe ser un homenaje para Andrés Escobar, ojalá el equipo saliese a la cancha con algo alusivo a Andrés y el acto se cerrase con el triunfo frente al equipo local, pero si no se da, todo es parte de tranquilidad por los frutos alcanzados. El solo hecho de habernos sacado durante estas semanas de la realidad cotidiana de nuestro país, es un paliativo y tranquilizante que nos debe alimentar para que todos nos unamos en torno a los propósitos de sacar al país avante, sin ser borregos que vamos al matadero, pero si con una mirada racional del devenir. 


De Pékerman y sus muchachos es mucho lo que los colombianos debemos aprender para engrandecer este país. Gracias mancha amarilla.