Columnistas

El carrusel de la justicia
Autor: Iv醤 Guzm醤 L髉ez
1 de Julio de 2014


Dicen los aplicados al estudio de dirigir las naciones, que una naci髇 sin justicia es una naci髇 sin futuro. En Proverbios 14-34 y 14-35, se lee: 揕a justicia engrandece a la naci髇, pero el pecado es afrenta para los pueblos.

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No me queda claro, si las razones por las cuáles la Sala Plena  y una Sala de conjueces del Consejo de Estado anularon las elecciones de los magistrados Francisco Ricaurte y Alberto Rojas en el Consejo Superior de la Judicatura y la Corte Constitucional, respectivamente, se deban a las denuncias que en el noticiero CMI hiciera el magistrado Nilson Pinilla, o al papel de la prensa que denuncia y forma opinión (¿que habría sido de este país en el pasado cercano, en el lejano y en el remoto, sin la poca prensa que denuncia, en contraposición a la prensa cargaladrillo?), o a la vergüenza, responsabilidad y respeto constitucional que debe tener la justicia por su tarea fundamental y por los colombianos, sin distinción alguna.


No creo que se deba a la tercera; creo que la primera destapó la olla, y la segunda levantó el maloliente manto que cobija, hace rato, a la justicia colombiana. Si este fallo pone punto final a la “puerta giratoria” en las altas cortes, cuyo lema es: “yo te elijo, tu me eliges”, ningún magistrado podría pasar de una corte a otra, con la facilidad conque se cambia de cama; si acaba con la aspiración de exmagistrados a cargos como el de procurador, contralor, registrador o fiscal (porque, en la práctica, son elegidos por sus antecesores); si se evita que a la contraloría general, o a la fiscalía, por ejemplo, lleguen antiguos magistrados elegidos por sus antiguos compañeros (seguramente, no como un acto de confianza y valoración, sino como una jugada de calculadora y de intereses ocultos), bienvenido sea ese fallo, pues estaría evitando la hecatombe que hoy tenemos en la justicia; cerraría la puerta a una justicia inficionada, sin ninguna fuerza ética, para aplicar justicia.


Dicen los aplicados al estudio de dirigir las naciones, que una nación sin justicia es una nación sin futuro. En Proverbios 14-34 y 14-35, se lee: “La justicia engrandece a la nación, pero el pecado es afrenta para los pueblos. El favor del rey es para el siervo que obra sabiamente, mas su enojo es contra el que obra vergonzosamente”. En Colombia estamos hastiados de encontrar una justicia en contravía de Proverbios: Una justicia que avergüenza a Colombia, donde el delito (el pecado) no es afrenta para el pueblo; estamos hartos de una justicia donde el favor del juez es para quien obra torcidamente, y su enojo para quien obra con rectitud.


Como se concluyó en el foro sobre la Justicia, de la revista Semana, el 3 de mayo de 2014: “Con más de 2 millones de procesos represados, jueces que tienen hasta 1.000 sin sentenciar y una favorabilidad entre la ciudadanía inferior al 30 por ciento (Gallup 2013), la necesidad de una reforma estructural al sistema judicial es evidente”.


A ello, súmele el papel nefasto de jueces que ordenan “cambios de reclusión” a peligrosos delincuentes, argumentando “derechos humanos” del penado; excarcelaciones de tenebroso delincuentes, alegando “procedimientos irregulares en su detención” y toda suerte de artimañas para favorecer a reconocidos delincuentes. 


Puntada final: es aterrador el estado del Centro de Medellín. Es triste ver el deterioro de Junín, entre La playa y Ayacucho, convertido en parqueadero público y venta de toda porquería imaginable. ¿Dónde está la mano de la Alcaldía? Qué hace el gerente del Centro y las autoridades con chaleco de la alcaldía? ¿Por qué Bogotá (sin alcalde), fue capaz de convertir a la carrera Séptima en un delicioso paseo peatonal hasta el Capitolio Nacional? Y como si fuera poco, ¡están derrumbando las pirámides de la oriental!, ¡la octava maravilla del mundo! ¡La obra arquitectónica más importante del gobernador  Fajardo! ¡No hay derecho!