Columnistas

Protectores agobiados
Autor: Anibal Vallejo Rendón
1 de Julio de 2014


Si las tasas de reproducción han bajado debido a las campañas de esterilización; si han aumentado las adopciones que distintos grupos hacen; si se llevan años sensibilizando a la comunidad para la tenencia responsable, ¿por qué no bajan las llamadas para que recojan los abandonados?

Las llamadas siguen llegando, los teléfonos no dejan de repicar. Que un vecino les dijo, que un amigo, que un conocido, que un veterinario, que un pariente, que en internet encontraron, en fin siempre habrá alguien que  tranquilice su conciencia, remitiéndole a La Protectora o a la señora que ya no puede más para que les reciban un perro o la camada de gaticos recién nacidos o recojan los que están abandonados por su sector. Los mensajes institucionales enviados a la comunidad como que no llegan a ese segmento poblacional.


El refugio municipal La Perla insiste en la realidad de la saturación a la que lo han llevado: 1.600 perros. No caben más, no se puede llegar al hacinamiento lo cual va en contra de los principios elementales del bienestar debido a esa población recluida. Hay que satisfacer sus necesidades de alimento, evitar el maltrato, el dolor, el estrés y el miedo. Se requiere tener unas instalaciones adecuadas, realizar procedimientos menores y mayores en el campo quirúrgico. Se necesitan espacios suficientes, más cuando se da el confinamiento para evitar el enfrentamiento por saturación. Si estas condiciones son adecuadamente atendidas habrá quien las señale como suntuarias. Si son deficitarias se acusara por incompetencia e irresponsabilidad.


¿Qué decir de los particulares? Quienes en condiciones siempre adversas reciben el castigo de la sociedad, por tenerlos, por no recibirlos. Por ser presionados en sus vidas al dejarles los animales en contra de su voluntad, o excediendo su sensibilidad desbordada que les hace romper con la realidad. ¿Cómo podrán sostener un número de animales para los que no tienen recursos  económicos, locativos, ambientales, de control sanitario, de aceptación de sus vecinos?


El teléfono no deja de repicar: de barrios de Medellín, de otros municipios como Bello, Itagüí, La Estrella. Cada día de un nuevo lugar, pero casi siempre por las mismas causas. La Protectora con el apoyo de la Secretaría de Gobierno Municipal inició en 1997 la campaña de esterilización masiva de caninos y felinos en la ciudad. Ahora en cumplimiento de fallo de tutela del año 2001 el municipio creó el Refugio La Perla adscrito a la Secretaría de Medio Ambiente la cual con la de Salud han asumido el programa de esterilización. Desde ese año La Protectora dio por terminado su programa de recepción de animales abandonados y continuó con el consultorio popular veterinario. Muchos creen que la entidad se acabó. Así como muchos, muchos más, siguen insistiendo para que les reciban animales, para eso se acuerdan de ella: “es que hace 12 años yo traía perros para dejar aquí”. Si las tasas de reproducción han bajado debido a las campañas de esterilización; si han aumentado las adopciones que distintos grupos hacen; si se llevan años sensibilizando a la comunidad para la tenencia responsable, ¿por qué no bajan las llamadas para que recojan  los abandonados?