Columnistas

Adios Europa
Autor: Carlos Cadena Gaitán
30 de Junio de 2014


Después de cinco años de estudios doctorales en Europa, hoy cierro un valioso capítulo en el viejo continente. He aquí algunas de las lecciones que he sido afortunado de recibir.

@cadenagaitan


Después de cinco años de estudios doctorales en Europa, hoy cierro un valioso capítulo en el viejo continente. He aquí algunas de las lecciones que he sido afortunado de recibir.


Los gobiernos contemporáneos sí pueden ser mucho más humanos. Los ciudadanos –responsablemente organizados– tenemos suficiente poder como para exigir sistemas de gobierno que realmente representen nuestros valores; sistemas que se apoyen sobre ideas y no únicamente sobre personalidades carismáticas. Una política pública bien diseñada puede ofrecer grandes externalidades positivas para la sociedad, sobre todo cuando éstas se diseñan con la equidad como eje transversal; es decir, priorizando la equidad inter e intrageneracional.


Las ciudades contemporáneas sí pueden ser mucho más humanas. A través del diseño y la planificación sostenible, podemos crear, re-crear y soñar nuestras urbes para que sirvan única y exclusivamente a los seres vivos. Es posible vivir sin permanecer permanentemente rodeados por rejas y alambrado; es posible que los parques sean mucho más valorados que los centros comerciales; es posible que los sistemas de transporte promuevan el acceso a oportunidades de trabajo, prioricen la equidad, y protejan nuestros recursos naturales. Es una realidad que en Ámsterdam, los políticos y gerentes lleguen al trabajo en bicicleta (porque es la mejor opción), y que en París se pueda conseguir fácil y conveniente productos alimenticios regionales; siempre frescos y exclusivos para cada temporada climática. Es también una realidad que la gran mayoría de los locales respeten, admiren, y protejan esto.


Las sociedades contemporáneas sí pueden ser mucho más humanas. Cada actividad, cada decisión que tomamos hace parte del mismo sistema holístico; por lo tanto, no puede ser considerada como desconectada de las dinámicas que genera. Creer que se puede actuar de manera desconectada al delicado balance global, se ejemplifica en los altos niveles de especialización logrados en muchas industrias, que aunque permiten un rápido crecimiento económico, no responden por las externalidades negativas que generan. Consumir más de lo que nuestra madre tierra nos puede dar –en un planeta finito– no tiene ningún sentido. Debe ser la calidad de vida grupal, no el nivel de consumo individual, lo que defina nuestra felicidad en sociedad.


Los seres humanos contemporáneos deberíamos tener acceso a muchas más herramientas de transformación, desde muy jóvenes y hasta el final de nuestras vidas. Deberíamos tener acceso a diversas técnicas de yoga y meditación para contribuir a nuestra paz interior. Deberíamos tener acceso a educación de alta calidad, que estimule nuestra creatividad y nos empodere a evolucionar lo que nos hace felices. Deberíamos obligarnos a viajar, por nuestra ciudad, por nuestra región, por el mundo. Viajar es fatal para nuestros prejuicios, y termina por abrir cualquier mente cerrada.


La Colombia del 2014 tiene todo para ser un país mucho más humano, sostenible, y en paz. Como es fácil criticar, muchas veces caemos en la trampa de hacer sólo eso. Como es fácil caer en la trampa de la envidia, del odio, muchas veces nos permitimos dar ese paso. Sin embargo, es claro que también podemos obligarnos a ser más creativos ante los obstáculos, y a cambiar la crítica por acción positiva. Ante las circunstancias, necesitamos compatriotas que acepten invertir un poco de su tiempo en encontrar esa técnica que les permita avanzar su paz interior; precisamos de compatriotas que acepten besar a su ciudad a su barrio o vereda, sin recibir nada a cambio; nos urge aceptar que la revolución nuestra no se dará con más sangre, sino con un cambio de paradigma sobre lo que significa el bien colectivo.


 Desde Colombia, viviré siempre agradecido con Holanda y Francia. Su gente, su difícil clima, y los sueños que allí diseñé me ofrecieron una oportunidad para seguir evolucionando, que no tiene precio.


–Dank je wel! Merci!