Editorial

Empieza una nueva historia
29 de Junio de 2014


Sea cual sea el desenlace de este sueño, del que seguramente nadie en Colombia quiere despertar, hay que decir que ya se escribió una nueva historia del fútbol colombiano.

La selección Colombia de fútbol, que al llegar al partido de ayer contra Uruguay ya había cumplido su objetivo de clasificar a los octavos de final para igualar su mejor actuación en los mundiales de fútbol, ya superó sus propias expectativas y ahora se alista para escribir un capítulo inédito en la historia, como lo es jugar los cuartos de final y buscar meterse entre los cuatro mejores equipos del torneo, algo que superaría el más optimista de los pronósticos hechos antes de iniciar el campeonato.


Lo mejor es que este equipo de jóvenes valores, dirigidos por quien ha demostrado ser un maestro por su prudencia y por su capacidad de planificar y de interpretar los partidos como es José Néstor Pékerman, llegó a esta nueva instancia jugando un fútbol alegre, vistoso, potente y eficiente, algo que, seamos sinceros, no se le había visto nunca a un seleccionado colombiano de balompié.


A estas alturas es tentador revisar la historia y verificar a partir de los resultados y de los fríos números que estamos ante el mejor onceno colombiano de todos  los tiempos, no solo por haber avanzado dos rondas, sino porque ha marcado once goles, muchos más que todos los de las demás participaciones juntas; ha ganado todos los partidos que ha jugado, algo que evidentemente nunca antes había pasado y, como si fuera poco, tiene parcialmente al máximo goleador del torneo en James Rodríguez, quien se perfila desde ya como el mejor futbolista del campeonato, por encima de las estrellas como Messi, Ronaldo (quien ya no está en el Mundial), Neymar o Robben.


Hace un par de semanas, cuando esperábamos con ansiedad el debut ante Grecia, nos declarábamos moderadamente optimistas. Días después, cuando se selló el boleto a la segunda ronda, nos declaramos satisfechos por haber cumplido los primeros objetivos. Hoy nos declaramos, ante todo, gratamente sorprendidos, como lo debe estar la mayor parte del pueblo colombiano, por ese despliegue de técnica y de poder que ha demostrado nuestro equipo; nos declaramos agradecidos con la gestión del cuerpo técnico que, con su estilo –el cual a estar alturas ya nadie critica- ha revestido al equipo de una nueva personalidad, y nos declaramos expectantes por saber hasta dónde puede llegar este grupo de hombres. Sea cual sea el desenlace de este sueño, del que seguramente nadie en Colombia quiere despertar, hay que decir que ya se escribió una nueva historia del fútbol colombiano; que surgen nuevos ídolos para la juventud y que este Mundial ha marcado un antes y un después, como en su momento lo marcaron el 4-4 ante la Unión Soviética en Chile’62 o el 1-1 ante Alemania en Italia’90.


Qué oportuno es este triunfo en vísperas del aniversario número veinte de la muerte de Andrés Escobar Saldarriaga, asesinado el 2 de julio de 1994, días después de la eliminación de la selección Colombia en el Mundial de Estados Unidos’94, lo que se convirtió en el doloroso colofón al mayor de los fracasos de fútbol colombiano, porque en aquella ocasión el equipo nacional había sido investido de un favoritismo desmesurado que hizo más estrepitosa la caída. Y decimos que es oportuno porque nada mejor que sea el mismo fútbol el que le rinda un homenaje a su memoria y a su legado de caballerosidad y juego limpio. Si bien en los archivos históricos se reseña que la justicia resolvió el caso y condenó a los culpables, veinte años después aún queda esa incómoda sensación de que realmente no hubo justicia, no solo por el hecho de que el autor material de la muerte apenas pagara doce de los 43 años de cárcel a los que fue condenado, sino porque los determinadores del crimen saldaron su deuda con la justicia y con la sociedad con una pena por encubrimiento.


Los futbolistas que hoy nos representan eran apenas niños cuando ocurrió este fatídico episodio, pero todos saben perfectamente quién fue y qué representaba Andrés para la Selección y para su club, el Atlético Nacional. Por eso nos parece justo que la alegría que hoy nos embarga nos alcance también para mirar al cielo y recordar a un deportista que a pesar del paso del tiempo, sigue siendo un ejemplo a seguir.


Viene ahora Brasil, el dueño de la fiesta, el mítico pentacampeón mundial. Un equipo que a duras penas avanzó ante Chile y que ya mostró que tiene sus debilidades. Colombia está para jugarle sin complejos, pero dejamos en las manos del profesor Pékerman el planteamiento de ese juego. Nosotros aquí esperaremos con ansiedad que esta historia de ensueño no ponga todavía su punto final.