Columnistas

Una vergüenza nacional
Autor: Bernardo Trujillo Calle
28 de Junio de 2014


Cuando se pierde con razón justificada el respeto por una cualquiera de las Altas Cortes que son el sumun de la Justicia, es tanto como si los fundamentos sobre los cuales se ha levantado el edificio de la Nación se estuvieran hundiendo.

Cuando se pierde con razón justificada el respeto por una cualquiera de las Altas Cortes que son el sumun de la Justicia, es tanto como si los fundamentos sobre los cuales se ha levantado el edificio de la Nación se estuvieran hundiendo.  Los otros poderes –Ejecutivo y Legislativo- jamás han representado esa fortaleza moral sobre la cual descansa la seguridad de las personas.  Estas dos ramas del poder han sido proclives a desviarse de su función constitucional, por lo que en la balanza en la cual la sociedad pesa el valor de cada una, ocupan los últimos lugares.  Congreso y gobierno están permanentemente cuestionados por el mal ejercicio de sus deberes legales y los repetidos escándalos que generan, van creando una especie de callo en la conciencia colectiva, necesario para poderlos soportar.


Los abogados nos deberíamos pronunciar por ser los principales damnificados de lo que está sucediendo desde hace bastante tiempo en la Corte Constitucional con motivo de las mutuas recriminaciones que se están haciendo los magistrados Nilson Pinilla y Jorge Pretelt.  No recuerdo nada como estos bochornosos episodios que viene divulgando periódicamente la prensa.  Se supone que los magistrados de una Corte como la Constitucional, la máxima, deberían ser las figuras relevantes de la decencia en el sector público.  Siempre se ha dicho que cada juez lleva in-péctore la ilusión de culminar su carrera judicial en una de las magistraturas por la dignidad que entraña llegar a vestir la toga. Y no es que en la centenaria Institución la disparidad de criterios jurídicos entre magistrados sea extraña al momento de proferirse un fallo.  Por el contrario, el salvamento de voto es frecuente como sucede en todas las Cortes del Mundo.  Sentencias de mayoría y salvamentos de minoría se leen tanto en los casos de mayor como de menor importancia, sin que cause ruido.


Mas no es este el problema.  El problema está es en lo que se viene denunciando de tiempo atrás sobre el comportamiento individual de los dos magistrados que han tomado la ley como escudo y como lanza para defenderse y atacarse utilizando la majestad de la justicia como pretexto para ventilar sus odios: que hay en las decisiones judiciales de uno, favorecimiento a los amigos y familiares y así mismo.  Y en el otro, que hay intereses políticos de por medio, influencias de grupos económicos y otros no menos graves señalamientos.  Todo lo cual es grave en extremo y revela el bajo nivel moral a que está cayendo la fortaleza que per se ha tenido la Corte Constitucional.


Después de haber leído sendos reportajes concedidos a El Espectador (22,05) por Nilson Pinilla y Jorge Pretelt, se pregunta hasta dónde llegará el desorden y menosprecio por la dignidad del cargo y el respeto a la Corte. Ya habíamos preguntado en un comentario anterior sobre el silencio de los otros magistrados y si es que nada hay para hacer, algo que ponga fin a la camorra desvergonzada con el fin de que no se repita en el futuro.  Y la respuesta la acaba de dar el Consejo de Estado en el fallo que anula la elección de Francisco Ricaurte, el poderoso personaje que puso de moda la puerta giratoria para entrar y salir a discreción de una Corte a otra.  El caso es distinto, pero la solución podría ser igual de haber entereza entre sus compañeros de Corte.  La reforma a la justicia que se estudia, no puede pasar por alto una solución drástica y oportuna a este problema.


Después de haber leído los dos mencionados reportajes de El Espectador, me he puesto a pensar lo que respondería en el hipotético caso de ser preguntado acerca de a quien de los dos magistrados daría crédito y estoy seguro que mi respuesta rotunda:  a ninguno.  Es cierto sin embargo que Pretelt no es la primera vez que se halla envuelto en intrigas y habladurías y que su apellido recuerda con insistencia al ex ministro Sabas Pretelt de la Vega, el de la Yidis política.  ¿Serán parientes?


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¿Amainaron las tempestades en el C.D.? Eso esperamos.  Imposible que el rencor por la derrota continúe afectando la capacidad de entender el sentido de la democracia.  ¡Vamos muchachos!