Columnistas

Gracias, muchas gracias muchachos
Autor: Gabriel Zapata Correa
27 de Junio de 2014


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Tal vez puedo afirmar, sin lugar a equivocarme, que los momentos más eufóricos que ha vivido colectivamente el país, en toda su historia, han sido por cuenta de la Selección Colombia de Fútbol, y de un puñado de muchachos atrevidos, irreverentes, osados, quienes se han decidido a desafiar el destino y a tallar en letras de molde el nombre de nuestro país. Solo la irreverencia para inventar en la cancha y el atrevimiento para ser osados, no importa el sacrificio, nos pueden llevar de la mano por la senda del triunfo.


Estas características de nuestra Selección, hasta hoy victorioso y clasificado a octavos de final del Mundial de Brasil, no son un invento del técnico José Pékerman. La historia es generosa y rica en otros capítulos que nos llenaron de orgullo y de satisfacción, en la dorada época de los técnicos Francisco “Pacho” Maturana y de Hernán Darío “Bolillo” Gómez, quienes fueron los primeros en demostrarles a nuestros jugadores que tienen jerarquía para enfrentársele a cualquier equipo del mundo en igualdad en condiciones. Así lo vivimos en las etapas previas y en los mundiales de Italia y de Estados Unidos.


Esos muchachos abrieron el camino y eso que la mayoría de ellos no jugaba en el exterior, lo cual era mucho más complicado para un técnico de hoy en día, pues el roce de talla internacional es indispensable para unas competencias del alto rendimiento, como un mundial de fútbol, por ejemplo. En mi concepto, aunque no soy un experto en fútbol, ese fue uno de los grandes méritos de los técnicos de ese momento, por el trabajo sicológico que tuvieron que hacer con los jugadores para que no se sintieran en nivel de inferioridad con sus rivales de otros países, muchos de ellos verdaderas potencias mundiales del fútbol.


Después de esos dos mundiales nuestros jugadores ya estuvieron en la mira de empresarios y de equipos que valoraban sus condiciones. Hoy en día las circunstancias son completamente diferentes. Todos los jugadores de la Selección Colombia, que nos tiene al borde de la locura en este Mundial de Brasil, juegan en prestigiosos equipos en el exterior y en ligas de gran categoría internacional como las de España, Italia, Francia, Inglaterra, Alemania, varios más respetables equipos de Brasil, Argentina y Uruguay y otros en el muy respetado campeonato del fútbol mexicano.


Es cierto que la época de Pékerman ha marcado un hito en la historia de la Selección, por la forma como nos clasificó al Mundial de Brasil y por la confianza y el espíritu de lucha que le ha infundido a todos y cada uno de los jugadores. El caso del partido contra Japón es demasiado particular, pues realizó ocho cambios en la nómina y la Selección Colombia no se resintió en su nivel de juego y mucho menos se sintió inferior ante un rival bastante competitivo. No solo el resultado, sino el nivel de competencia de los jugadores, demostraron que esta Selección ha logrado un nivel de juego excepcional, pero mucho más porque refleja que dentro y fuera de la cancha más que un equipo, es una familia que trabaja y lucha unida.


En este marco de ideas, vale la pena resaltar varias enseñanzas de carácter humano que reflejan estos muchachos, y cuya aplicación los tiene en la cúspide de la gloria.


En primer lugar, la humildad. Después del 4 a 1 sobre Japón, lo primero que dijeron es que falta mucho camino por recorrer y que no tienen por qué anticipar victoria ante los próximos rivales.


En segundo lugar, el sacrificio y el trabajo. Un excelente ejemplo para nuestros jóvenes de hoy, quienes deben aprender que para triunfar en la vida hay que trabajar, sacrificarse, fabricar el presente para recoger en el futuro. Que nada en la vida se gana fácil.


En tercer lugar, la unión y el afecto en familiar para afrontar en grupo las adversidades y llevar con cariño los sacrificios que conducen al triunfo. Ese afecto y ese calor humano se ven, se respiran y se viven en el grupo de jugadores.


Nos llena de satisfacción esta Selección Colombia y nos sentimos orgullosos de este puñado de muchachos. Nos caen como un bálsamo en la difícil coyuntura del país, para bajarle el pulso al tenso clima político, salpicado de ofensas, odios y venganzas. Una selección ejemplo de unión, afecto, convivencia, sacrificio, trabajo y resultados. Lo demás vendrá por añadidura.