Columnistas

¿Por qué usar bien el idioma?
Autor: Juan David Villa
27 de Junio de 2014


En 1997 se realizó en Zacatecas la primera edición (no una versión, eso es otra cosa) del Congreso Internacional de la Lengua Española.

En 1997 se realizó en Zacatecas la primera edición (no una versión, eso es otra cosa) del Congreso Internacional de la Lengua Española. Zacatecas está en México y, según cuenta el escritor español Álex Grijelmo, un hotelero de nombre Carlos y de apellido Salmón, tuvo que pagar 900 pesos mexicanos porque “escribió restaurant sobre la puerta de su restaurante”. En dicho congreso, el 8 de abril de aquel año, Gabriel García Márquez confesó que comprendió el poder de la palabra cuando un sacerdote lo salvó de ser atropellado por una bicicleta: 


“A mis 12 años de edad estuve a punto de ser atropellado por una bicicleta. Un señor cura que pasaba me salvó con un grito: ‘¡Cuidado!’. El ciclista cayó a tierra. El señor cura, sin detenerse, me dijo: ‘¿Ya vio lo que es el poder de la palabra?’”. 


Fue en este congreso en el que el maestro García Márquez pasó papeles de jubilación para la ortografía y de libertad para el idioma. Menciono esta anécdota para proponer dos respuestas a la pregunta del título: la primera es que, como creían el maestro García Márquez y el señor cura, la palabra tiene poder, mucho poder, tanto que de ellas, dijo Foucault, está hecho el universo (“El universo puede compararse con un hombre que habla”). 


Segunda, creo que cuidar el idioma es una obligación ética de todos como parte de una sociedad porque nos pertenece (el idioma) y maltratarlo es como tirarle piedras a una catedral. 


Un periodista, por su parte y como dice Fernando Lázaro Carreter (filólogo, exdirector de la Real Academia de la Lengua Española), tiene por herramienta principal el idioma,  el español en este caso, así que tiene en sus hombros la responsabilidad de cuidar un patrimonio vivo de su sociedad, más que cualquier otro hablante. 


Preguntas


María Luisa Isidro: ¿Cómo se dice, “los miles de personas” o (como insisten en decir hoy en la tele) “las miles de personas”? 


Se dice “los miles de personas” porque “miles” es masculino. Lo que pasa es que, y no quiero justificar a nadie, la trampa la pone la condición femenina de “personas”, pero el artículo, digamos, “se relaciona directamente” con “miles”.


Yolima Pérez: Un amigo me dice lo siguiente: “Los nombres jamás se traducen, se llama Winterfell aquí, en USA, en China y en la luna, traducir nombres es un horror gramatical”, ¿es cierto?


Se pueden traducir, sí. Es más, los nombres de los reyes y los papas, entre otros, se deben traducir. Muchos nombres tienen equivalencias en otros idiomas. Yo me llamo Juan aquí y en Afganistán también, es así, aunque en francés sea el mismo Jean o en italiano Giovanni. Pero el papa polaco, que se llamaba Giovanni Paolo, fue Juan Pablo para nosotros.