Columnistas

El lugar de la escucha
25 de Junio de 2014


“No servir para nada” es la frase que desde hace mucho tiempo acompaña a Juana, una joven de 15 años que cuenta con un diagnóstico de discapacidad cognitiva.

Robinson Arroyave Hincapie


arroyo277@yahoo.es


“No servir para nada” es la frase que desde hace mucho tiempo acompaña a Juana, una joven de 15 años que cuenta con un diagnóstico de discapacidad cognitiva. Dicha frase, ¿la señala desde siempre? No se sabe exactamente. De lo que se inicia a tener conocimiento es que esta frase vuelve a Juana cada vez más pequeña socialmente, pues la frase crece como si la tapara a ella y le impidiera alcanzar lo que siempre ha deseado: ir sola donde su abuela, tener novio, ir a hacer los mandados de su casa, escoger su propia ropa, tomar algunas decisiones, cosas de niña y cosas de mujer.


“No servir para nada” fue la frase que comandó la vida de Juana hasta el momento en que ella decidió nombrarla. Sería el día en que Juana se encontró dicha frase en su cabeza y, no sin sorpresa, decidió darle un lugar en sus palabras como algo nuevo, o mejor dicho, como un viejo conocido que siempre había habitado allí dentro sin que nunca lo hubiese sospechado. Porque aquello que guía nuestras vidas se encuentra comúnmente alejado de nuestras palabras u oculto en ellas, sólo hasta el momento en que son nombradas o, mejor aún, hasta que uno se detiene en lo dicho como un acto de valor.


Para Juana esta frase sólo cobraría la lógica del valor con el tiempo. Más bien, para ella sólo fue una sorpresa desde la cual decidiría hacer un acto de valor: escucharse diciendo “no sirvo para nada”;  era para ella reconocerse  en algo nuevo por fuera de lo que siempre había sido; encontrarse inmersa toda su vida en las palabras de los demás; saber que los demás siempre han dicho para ella lo que debería ser: amable, generosa, civilizada cuando se enojaba, discapacitada, no servir para nada; ser aquello que los otros determinaban para ella.  


Escucharse era percibido por Juana como la posibilidad de salir de las palabras de los demás y transitar en sus propias palabras, de donde surgían las preguntas que daban lugar a una nueva existencia: “¿por qué no sirvo para nada?, ¿de dónde proviene la lógica de no servir para nada?, ¿no servir para qué?”. Escucharse comenzó a ser un nuevo lugar para ocupar, una nueva forma de ser, una nueva forma de ubicarse ante las cosas que la rodeaban, una referencia a los peligros por los que nunca se había preguntado, quizás porque antes no sabía que algo tenia para cuidar, ¿acaso una cuerpo que moldear? ¿o una forma que adoptar ante los demás y ante sus cosas? Juana debería ahora encargarse de su cuerpo y saber que  tenía uno, sin estar completamente preparada; “claro que uno nunca está preparado para ello totalmente”, se diría más adelante; saber que se tiene un cuerpo puede ser suficiente para poder hacer algo con él. 


Solo una pregunta ocupa ahora la cabeza de Juana desde hace algún tiempo: ¿por qué  sólo hasta este momento de su vida podía sentirse escuchada?