Columnistas

Misi髇 y poder de la palabra
25 de Junio de 2014


La palabra es el n鷆leo fundamental de la expresi髇. Desde siempre se nos ha dicho que el hombre es un animal racional. Si el ser humano razona, es capaz de amar, de re韗 y de hablar.

Lugore55@gmail.com


La palabra es el núcleo fundamental de la expresión. Desde siempre se nos ha dicho que el hombre es un animal racional. Si el ser humano razona, es capaz de amar, de reír y de hablar. El amor, la risa y la palabra nos separan del animal y hacen que los seres humanos seamos un grupo aparte en el universo y en el desenvolvimiento de la historia.


La palabra, tan indispensable en la comunicación, no tiene cabida sino en la frase, y en la frase no la tienen los múltiples significados (polisemia) de la palabra, sino uno solo, en el momento preciso; la palabra tiene valor a causa de la acepción (o significado) recibida del contexto hablado o escrito en el que ella se encuentra. 


Una acepción, determinada por nuestro pensamiento o por nuestros sentimientos o conocimientos, ayuda a conformar  la frase dirigida exclusivamente a quien nos escucha o nos lee. Por eso somos responsables de nuestras palabras, porque dan cuenta de nuestra nobleza interior o de la mezquindad de nuestra vida espiritual, social, cultural y afectiva. Somos en nuestro interior tal  como van apareciendo nuestras palabras.


La palabra es un puente entre nuestra  íntima realidad y la realidad del otro; entre el YO hacia el TÚ, para llegar a un NOSOTROS; pero ocurre casi siempre que nuestras deslealtades, nuestros prejuicios, torcidas intenciones y odios incondicionales borran el NOSOTROS, desconocen el TÚ, o sea, a los otros y sólo quedan las palabras narcisistas alabando el YO.


La efectividad de la palabra depende del “almacenamiento” interior de cada individuo. Un almacenamiento que está constituido por lo psicológico, lo afectivo, lo ético, lo cultural, lo espiritual y lo intelectual. A mayor almacenamiento, mayor necesidad de la palabra y, por consiguiente, mayor responsabilidad en el empleo de ella. A un mayor almacenamiento interior, corresponden más amabilidad en las palabras, mayor equilibrio en el tono con que se pronuncian, mayor facilidad y respeto en el acercamiento a los demás, cualesquiera ellos sean. A un pobre almacenamiento interior corresponden mayor rudeza y altanería en la palabra, mayor provocación, mayores rivalidades, más inflexibilidad, mayor ordinariez, más egolatría, menos comunicación amable y bondadosa, menos respeto por las opiniones de los demás.


Es bueno preguntarnos en esta hora de ahora, y siempre: ¿Cuánto respeto tenemos por la palabra hablada y escrita? ¿Cuánto hemos estudiado su funcionalidad y manejo en relación con nuestros ámbitos: familiar, afectivo, académico, laboral, cultural, político? ¿Hemos pensado seriamente en las secuelas positivas o perversas que nuestras palabras han dejado en quienes nos escuchan o nos leen?   


La profundidad y trascendencia de lo que hablamos y escribimos resultan de lo que, sirviéndonos de las palabras como vehículo, hagamos sentir o pensar a quienes leen o escuchan. 


Es bueno recordar que hay palabras vacías de significación. Un discurso o un escrito, en el que predominen las palabras vacías, produce una impresión de ordinariez intelectual, de indigencia mental, de superficialidad. Particularmente, en el lenguaje oral, ya hace muchos años, el diccionario de la RAE aprobó el adjetivo “cantinflesco” para referirse a todo lo que hablamos falto de sentido, de coherencia, de mensaje, de compromiso, de seriedad, de coordinación, a semejanza de aquel célebre actor de cine mexicano conocido con el sobrenombre de “Cantinflas”. Y si a ello se suma la mala y distorsionada fonética: articulación, pronunciación, entonación, pausas, falsetes, ritmo, tonos de voz, la expresión resulta del todo inoperante.


El manejo de cada palabra en la comunicación no es tarea fácil. Recordemos que son pocas las palabras que tienen un sentido claro y un solo significado (monosemia). Cuanto más se estudian las sutiles diferencias y matices en el significado de las palabras, más conciencia tiene uno de la responsabilidad al utilizarlas como instrumentos para razonar y para transmitir ideas, sentimientos y, sobre todo, para convencer.


La historia de gobernantes y gobernados, en todos los tiempos pasados y presentes,  ha mejorado o empeorado no solo según los comportamientos, los intereses creados, las filosofías, el grado de dignidad, de compromiso y de ética de gobernantes y gobernados, sino también, mediante el lenguaje que cada uno va utilizando en cada momento, en cada minuto, según sus propios intereses.


¿Ejemplos? Muchos. En esta hora de ahora de Colombia, hemos sufrido todos los tropiezos, todas la dudas, los sinsabores, los atropellos, las injurias, las ordinarieces, vulgaridades y mala educación, la deshonestidad, los falsos testimonios, las promesas desvergonzadas; todo ello con el lenguaje como  vehículo conductor más adecuado, y envalentonados por muchos representantes del periodismo hablado, escrito y televisado.


¡Qué vergüenza y qué deterioro y qué desfachatez! 


Todos ellos, y, de sobra, sabemos quiénes, han envilecido el idioma, lo han convertido en trampolín de vituperios, de mentiras infamantes, de deshonestidades, de informaciones tendenciosas y nocivas, etc. etc. 


Como maestra del idioma, protesto contra todos los abusadores de la palabra en todos los estamentos: políticos, gubernamentales, periodísticos, sociales. Han olvidado el principio de que la palabra VIVIFICA O ASESINA.


Hay en todos nosotros un anhelo infinito, cuyo nombre es PAZ; anhelo y palabra  que en el presente colombiano se convirtieron en el mojón  de lo que ha sido esta campaña electoral; es la palabra bandera de estas justas insoportables; PAZ, una bandera hecha ya un jirón; una palabra que antaño fue sagrada y que nació para nombrar el don glorioso que el ser humano debía defender para que existiera siempre en nuestra vida y en nuestra convivencia; pero, hoy, en Colombia, en esta rebatiña, la muy amada significación de dicha palabra, ha sido convertida en señuelo para distraer conciencias.


*Dice el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE):


“Manosear: Tentar o tocar repetidamente algo, a veces ajándolo o desluciéndolo….”.


Creo que no siempre se aja y desluce con las manos (manosear); también, y más frecuentemente, con las palabras.


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