Columnistas

Amplio y limpio triunfo
Autor: Bernardo Trujillo Calle
21 de Junio de 2014


Acaba de pasar una de las campa馻s presidenciales m醩 agrias de cuantas hemos tenido. La decisi髇 de Santos de hacerse reelegir no tuvo la misma mansedumbre que la primera de 羖varo Uribe, pese a la fuerte oposici髇 desplegada por las fuerzas contrarias

Acaba de pasar una de las campañas presidenciales más agrias de cuantas hemos tenido. La decisión de Santos de hacerse reelegir no tuvo la misma mansedumbre que la primera de Álvaro Uribe, pese a la fuerte oposición desplegada por las fuerzas contrarias. Fueron entonces razones jurídicas y de conveniencia nacional las que prevalecieron durante todo el debate promovido principalmente por el liberalismo y la izquierda, y sólo cuando se empezó a hablar de la segunda reelección, los ánimos se alteraron con razón, mas sin llegar a los extremos vistos en este debate que culminó el domingo, por fin, con el amplio y transparente triunfo del Presidente. El hecho de que Juan Manuel Santos hubiera desplazado a Andrés Felipe Arias (Uribito) de las preferencias del expresidente Uribe para asumir la candidatura de la “U”, no amainó la energía de las fuerzas contrarias que perdieron, sin embargo, por un margen copioso.


Lo que siguió a partir de unos pocos meses del gobierno de Santos, fue la piedra de escándalo que desató la furia del expresidente. Los trinos y las pataletas se hacen sentir a cada minuto, sólo que ahora es fruto de la desilusión, más que de la rabia. Es humano, y más cuando es la primera vez en 12 años que el expresidente pierde unas elecciones. Pero el tiempo se encargará de devolverles a los perdedores la necesaria tranquilidad espiritual que tanto necesitan.


El reelegido Presidente es receptivo, tranquilón e inteligente y en sus manos corre la suerte del país que viene resentido y sumamente dividido como resultado del fracaso de Zuluaga. Hay heridas profundas que es necesario sanar a través de un diálogo sincero con el conservatismo de Marta Lucía Ramírez y con el Centro Democrático del expresidente Uribe.  Será tarea difícil, pero no imposible.  Alguien dijo hace tiempo que si las cosas son difíciles, se harán.  Pero si son imposibles, ya están hechas.  


Esto sin hablar de los partidos, movimientos políticos y organizaciones sociales que jamás habían coincidido en ese único propósito de defender unos mismos principios tutelares de la nación, tales como el respeto a la intimidad, las libertades públicas, la tranquilidad ciudadana. Fue concluyente en los resultados la participación de las minorías étnicas –indígenas, afro-descendientes- de los intelectuales, las juventudes, los artistas, que llenaron de entusiasmo el enrarecido ambiente que parecía iba a seguir enturbiando el certamen democrático.  Ocho millones de votantes por Santos le han dado una credencial indiscutible para continuar en el cargo en los términos que la Constitución lo consagra, porque el Presidente simboliza la unidad nacional y es el Jefe de Estado, Jefe de Gobierno y Suprema Autoridad Administrativa. Tiene el deber y la obligación de convocar a todos los colombianos a un gran intento por hacer que nadie se sienta excluido.


Y debe el gobierno, cuanto antes, dar claras muestras de su papel de máximo constructor de la otra paz, la paz interior entre los ocasionales adversarios políticos.  Nada de revanchismos, de extrañamientos vindicativos, de rescoldos sin apagar.  Ese mandato claro que se le dio a Juan Manuel Santos toca no sólo  con las grandes directrices del Estado, sino también con las pequeñas, esas que llegan hasta los más hondos sentimientos y derechos individuales de los colombianos.  Es el momento de reorganizar la casa para 47 millones de compatriotas. Seguir construyendo sobre lo construido y empezar desde la base allí donde no haya nada todavía. Los programas anunciados y las promesas hechas al calor de emociones, tienen que cumplirse a cabalidad. En orden de precedencia yo diría que la salud, la educación, el trabajo y la vivienda son insoslayables.  Y antes que todo y sobre todo, la paz.


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La recomposición del gabinete ministerial va a dar la clave del inmediato futuro.  La fila es larga, pero no obliga sino en lo que sea prudente y sabio.  El abigarrado mapa político no podrá ser satisfecho en su integridad, lo cual demanda pericia, talento, brújula, paciencia, sindéresis.  


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¿Será mucho pedir que este período lo pueda cumplir el Presidente sin el acoso implacable del CD?