Columnistas

Farc y Eln, ¿y ahora su compromiso?
Autor: Alejandro Garcia Gomez
21 de Junio de 2014


Ganó el mal menor y fui parte activa del “triunfo”. Como decía una inteligente amiga al final de esta sucia campaña, igual a todas en cinismo y descaro; diferente en métodos, técnicas y tecnologías: “Definitivamente, Alejo, la política colombiana anda al revés.

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Ganó el mal menor y fui parte activa del “triunfo”. Como decía una inteligente amiga al final de esta sucia campaña, igual a todas en cinismo y descaro; diferente en métodos, técnicas y tecnologías: “Definitivamente, Alejo, la política colombiana anda al revés. A mí me resulta incomprensible y carente de toda lógica. Me parece que lo que hay que decirle al futuro presidente es que no cuenta con el apoyo de la gente”.  Yo voté por un proceso de paz y no por Santos. Voté contra una guerra que lleva 78 años, mal contados, si el inicio lo tomamos en 1936, con la expedición de la Ley 200 de aquel año o Ley de tierras, por la confrontación inmediata que provocó en las élites colombianas de entonces; por los primeros asesinatos. Llegó la Guerra Fría y la lucha entre potencias  transformó nuestro conflicto. Convirtió a nuestro país en parte del mismo y en el más violento en América Latina. La mesa estaba servida: las profundas inequidades de siempre y las inhumanas iniquidades a las que nos fue acostumbrando la larga masacre llamada Violencia, recrudecida en la dictadura. Los gobiernos del Frente Nacional dieron patente de corso a las veladas alianzas de los estamentos del Estado con los paramilitares de ese tiempo (iniciada antes con los “Pájaros”) por imposición directa del Pentágono en obediencia al informe secreto del general Yarborough, director del centro de investigaciones del Centro de Guerra Especial, Fort Bragg, Carolina del Norte, en 1962. Entonces una parte de las guerrillas liberales se transformaron. Un sector –el de los “Liberales Comunes”- se transformó en Farc un poco antes de 1964, pero realizaron su primer congreso, oficialmente, en julio de aquel año. 


No niego que a muchos nos costó este voto: apoyar a un sector de la derecha oligárquica contra el otro. Alguien votó con la nariz tapada. Ellos triunfaron y se derrotaron con nuestra ayuda, cierto. Entre ellos, las contradicciones –que también se dan y a dentelladas- son por la tajada mayor. Pero lo hicimos con la Fe puesta en una Esperanza que queremos construir, nosotros, nadie más, sólo los colombianos. Esperanza de acabar no sólo con los dioses de la guerra, sino también con las injusticias pero sin merma del don más preciado del ser humano -la Libertad- y sin disparar una sola bala más. 


Pero ahora también les toca a las Farc y al Eln dar muestras de grandeza. No es volando torres y dejando sin energía a cientos de miles de familias de compatriotas como llegaremos al entendimiento; ni volando oleoductos ni reclutando menores ni secuestrando todavía ni poniendo bombas en los mercados de las poblaciones ni negociando con narcotraficantes, como se darán esas muestras en pro de la confianza que les hemos depositado más de la mitad de los colombianos. Esas no son acciones de guerra. Son actos que sólo buscan el terror, pero también el odio de todos. Como las matronas romanas, deberán no sólo ser dignos sino también parecerlo. El sector de extrema derecha despojado del triunfo buscará atribuir a ellos cualquier atentado. 


Y no será fácil culminar el proceso. Esta guerra tiene enemigos porque aquí no sólo han perdido los fabricantes de armas, sino también los vendedores y los banqueros que las financian. Los traficantes que lavan dinero narco comprando y vendiendo armamento. Y  logística: alquilando, comprando y vendiendo: carros, desplazamientos, uniformes, alimentos, tecnología especializada. Técnicos y tecnólogos especialistas (empresas de “especialistas” p. ej. “piratas informáticos”). Vendedores de esparcimiento: cadenas prostitución, de sitios de “descanso”, etc. Los que reciben las coimas. Y un largo etcétera. De los neoterratenientes y los tradicionales, aquellos que con excusa formaron ejércitos particulares para despojar y aumentar sus riquezas. Es más: el final del proceso de “desguerra” no será el hallazgo de la Paz. Está mucho más allá: con la Justicia Social.


Nota.- Concurso Cuento: eltunelmonteria@yahoo.com y jlgarces2@yahoo.es