Columnistas

Lo bueno y lo malo de Brasil 2014
Autor: Rafael Bravo
20 de Junio de 2014


El chaleco que sirve de salvavidas para los organizadores y el gobierno brasileño son los más de 600.000 visitantes que ya han hecho su arribo al país. Serán cerca de 3.000 millones de dólares que moverán la economía como nunca antes se había visto.

Brasil concentra las miradas en medio de un mar de protestas de aquellos que no solo se oponen al Mundial sino que no ven réditos en su celebración. Vaya paradoja. Una inversión gigantesca que se ve corta por la improvisación y las acusaciones de corrupción. La extravagancia que se despliega en algunos estadios mientras abundan los cinturones de miseria alrededor de los escenarios deportivos. Una muestra de ello es la construcción del Corinthians que provocó una revalorización de las propiedades ocasionando un aumento de los alquileres del 165% en los últimos seis años  expulsando a muchos pobladores. 


El chaleco que sirve de salvavidas para los organizadores y el gobierno brasileño son los más de 600.000 visitantes que ya han hecho su arribo al país. Serán cerca de 3.000 millones de dólares que moverán la economía como nunca antes se había visto. El cálculo es cada turista deje un promedio de 2.500 dólares durante su permanencia. La industria hotelera y gastronómica vive su gran momento. Los precios sufrirán un aumento inevitable por la mayor demanda. 


Los anfitriones de la Copa del Mundo compran los derechos de ser sede procurando equilibrar los costos con unas ganancias acordes con la inversión. Pasado el evento queda la infraestructura reflejada en estadios, vías de acceso, hotelería y telecomunicaciones. Asimismo, la llegada de capitales extranjeros es el resultado de ver a Brasil como una marca atractiva para las multinacionales por el tamaño de su mercado y potencial. Una feliz coincidencia es la realización de los Juegos Olímpicos del 2016 en Rio de Janeiro que podría convertirse en otra oportunidad para mostrar los avances y desarrollo de la sexta economía del planeta.


La otra cara de la pujanza y el progreso son los millones de excluidos para quienes el Mundial solo les significa inflación y represión de la fuerza pública. No importa que haya habido enormes logros y disminución de la pobreza durante el mandato de Lula. La presidenta Rousseff corre el peligro de convertirse injustamente en el chivo expiatorio de los problemas actuales. El programa bandera ‘’Cero Hambre’’ que ya cumplió con su meta, el bajo crecimiento económico y la imposibilidad para muchos de subir de escaño comienzan a pasarle la cuenta de cobro a la mandataria. Y ¿qué tal si Brasil no llega lejos en la Copa?


Las huelgas y manifestaciones previas al inicio del Mundial han obligado a la presidente a ceder atendiendo las demandas salariales de varios sectores vinculados al transporte público. Las protestas no son  nuevas. Ya el año anterior hubo graves enfrentamientos que dejaron cientos de heridos y cuantiosos daños. No hay razón valedera para justificar la violencia. Para algunos analistas sin embargo el hecho de manifestarse en contra de las diferencias entre poderosos y quienes nada tienen y poco arriesgan es una demostración de madurez de sus ciudadanos y una toma de conciencia de quienes desean ser partícipes del crecimiento de cara a un futuro menos injusto.


Finalmente, para los admiradores del futbol de Brasil sería una tragedia nacional que ese anhelo de ver a la verde-amarela fuera del evento. El balompié es parte del ADN brasileño y la forma de reivindicación de miles de jóvenes provenientes de las ‘’favelas’’. Que no sean ellos las víctimas de la violencia que se apodera de este Mundial.