Columnistas

Sin tiempo para crecer
20 de Junio de 2014


Mi fortuna tiene que ver con haber nacido en un país, España, donde el trabajo infantil es un problema anecdótico y dentro de una familia que, aunque no sin esfuerzo y gracias también a la ayuda de becas, pudieron permitirme que siguiera estudiando hasta obtener el título de Doctor en Economía.

Daniel Alonso Soto.


El 12 de junio se celebró el Día Mundial contra el Trabajo Infantil, el cual se centra este año en el papel de la protección social para mantener a los niños alejados del trabajo infantil o retirarlos del mismo. Esto me ha hecho recordar lo afortunado que soy de haber tenido tiempo para crecer y completar mis estudios sin otra preocupación más que centrarme en aprender, jugar y pensar en lo que quería convertirme cuando fuese mayor. Sin duda, de no haber sido así, no hubiera podido llegar a la posición de privilegio en la que me encuentro, la cual ha hecho posible que escriba estas líneas.


Mi fortuna tiene que ver con haber nacido en un país, España, donde el trabajo infantil es un problema anecdótico y dentro de una familia que, aunque no sin esfuerzo y gracias también a la ayuda de becas, pudieron permitirme que siguiera estudiando hasta obtener el título de Doctor en Economía.


Sin embargo, no todos los chicos, ni siquiera en mi país y menos aún en otras regiones del mundo, como en América Latina y el Caribe (ALC), tienen la misma suerte. Las encuestas de hogares nos dicen que en ALC:


En promedio, 5,7% de los niños entre 10 y 14 años trabajan, y, entre ellos, 31% no asiste a la escuela.


En los jóvenes, de entre 15 y 17 años, en promedio, el  porcentaje que trabaja sube al 18,7% y más del 50% ya salió de la escuela.


Existen diferencias entre países, por nivel de ingreso de los hogares y entre zonas urbanas y rurales. Los porcentajes son mayores en países como Bolivia, Paraguay y Honduras, donde el trabajo infantil (de 10 a 14 años) puede alcanzar el 40% entre los grupos de menor ingreso y en las zonas rurales.


Hay que tener en cuenta, además, que estas cifras no capturan el trabajo doméstico que realizan, sobre todo, las niñas o aquellos trabajos vinculados con actividades ilícitas.


¿Cuáles son las causas y consecuencias del trabajo infantil?


Aunque hay varios motivos, la pobreza es sin duda la causa principal del trabajo infantil. ¿Y cómo se interrelaciona pobreza, educación y trabajo infantil? Mediante el llamado “ciclo de la pobreza”. Esto significa que los niños pobres suelen tener menos recursos para pagar la escuela, comprar libros de texto o ropa, pagar los costos de transporte y tener una nutrición y salud adecuadas.


Así, para contribuir con la economía del hogar y ayudar a mantener a sus hermanos, un importante número de chicos empieza a trabajar antes de los 15 años. Muchos de ellos compaginan escuela y trabajo, pero otros no son capaces de hacerlo y desertan. Además, es común que tarde o temprano pierdan el empleo, quedando fuera del sistema y con pocas posibilidades de reincorporarse. Como estos niños no adquieren las habilidades necesarias para insertarse en el mercado laboral, contribuyen a perpetuar la situación en su futura familia, manteniendo el ciclo y repitiendo la historia de sus padres; y así sucesivamente…


Como sabemos, gracias a la reciente publicación del BID, Desconectados, aunque existe una desconexión entre las habilidades demandadas por el mercado y las adquiridas por los jóvenes, también se confirma que no solo los salarios son más altos a mayor nivel educativo, sino que la estabilidad laboral es mayor, y la probabilidad de estar desempleado es menor. Además, en un mundo cada vez más globalizado y donde 2 de cada 3 trabajos en el año 2020 requerirán educación postsecundaria, el salir de la escuela de forma temprana tendrá unas consecuencias cada vez mayores y más graves en el futuro.


¿Qué se puede hacer y cómo contribuimos desde el BID?


Desde hace varios años, algunos países implementan Programas de Transferencias Monetarias Condicionadas (Pmtc) para luchar contra el trabajo infantil. De hecho, estudios recientes de 2009 y 2012 demuestran que han ayudado a reducirlo en diversos países, entre ellos Chile, Colombia, Ecuador, Honduras, Jamaica, México y Nicaragua. Pero, ¿qué pasa con los chicos que ya han salido de la escuela? Para facilitar su retorno a la escuela y que puedan finalizar sus estudios, juegan un papel fundamental las Modalidades Flexibles de Educación, las cuales se están extendiendo por varios países, facilitando compaginar trabajo y escuela.


Aunque la situación es mejor que una década atrás, sabemos que aún queda mucho por hacer. Tanto los gobiernos como instituciones como el BID están trabajando en este sentido, apoyando la implementación de Pmtc en diversos países y fomentando la expansión del uso de Modalidades Flexibles. Desde la División de Educación, nos esforzamos cada día para que en el futuro todos los niños disfruten de las mismas oportunidades que yo tuve y puedan dedicar su niñez a crecer y convertirse en ciudadanos mejor educados y más productivos.


* Daniel Alonso Soto en consultor de la División de Educación del BID.


Esta columna fue originalmente publicada en el Blog La Educación de Calidad es posible del Banco Interamericano de Desarrollo (BID)