Editorial

Contra el microtráfico
18 de Junio de 2014


Este es otro acertado paso en el camino que habrá que recorrer para combatir un delito generador de muchos otros y al que le cabe inmensa responsabilidad en la victimización de personas sometidas por el comercio ilegal de drogas.

Mediante operativos coordinados y sucesivos, la Policía, los organismos de inteligencia, la Fiscalía y la Alcaldía de Medellín intervinieron dos de los mayores centros de microtráfico de la ciudad: el que se había asentado en inmediaciones de la Plaza de Cisneros, que venía creciendo desde hace varias décadas, y el ubicado en el Bazar de los Puentes desde comienzos de la década pasada. En principio, estas intervenciones dejan 65 capturas, el cierre de los locales donde se realizaban los ilícitos y la ocupación de zonas que habían sido tomadas por organizaciones criminales responsables de la mayor inseguridad en Medellín.


La acción adelantada hasta ahora tiene la virtud de haber sido ejecutada mediantes operativos coordinados entre autoridades con distintas responsabilidades que deben sentirse satisfechas de lo logrado sobre dos de las principales plazas de delincuencia en la ciudad y las que mayor impacto tienen sobre el centro. Como ya lo habíamos mencionado cuando se dieron las acciones en Barbacoas, este es otro acertado paso en el camino que habrá que recorrer para combatir un delito generador de muchos otros y al que le cabe inmensa responsabilidad en la victimización de personas sometidas por el comercio ilegal de drogas.


Los organismos de inteligencia y las autoridades de Policía han cumplido una labor importante en el seguimiento, la recolección de evidencias y las operaciones de control de lugares infestados por el comercio de drogas y afectados por comportamientos asociales y delitos conexos a ellos. Su labor, sin embargo, no termina con los allanamientos, decomisos y detenciones. Llegados a este punto, la Fiscalía tiene la responsabilidad de documentar sus causas contra las personas capturadas en este operativo y en los que deben realizarse en adelante contra las cabezas de los carteles locales que asolan la ciudad. Nada sería más frustrante para la sociedad y contraproducente para el propósito de combatir a estos criminales, que por fallas en el proceso de judicialización se incurriera en ausencia de condenas para las personas sobre las que existen evidencias y testimonios que los vinculan con estos delitos. Para todas las autoridades involucradas, el reto es desarrollar acciones constantes de vigilancia y control que garanticen que estos lugares sean recuperados para la ciudad y que prevengan los desplazamientos que intentarán los dueños de estos negocios, para evitar su reaparición en la ciudad.


Con estas intervenciones, las autoridades generan esperanza de recuperación de lugares de la ciudad que habían sido ocupados abusivamente por el delito. La Plaza de Cisneros, o Plaza de las Luces, como se le llama tras la intervención urbanística que intentó recuperarla, entre la Bibloteca EPM y la Secretaría de Educación, está llamada a ser centro cívico urbano, que deberá funcionar como seguro punto de encuentro de los ciudadanos y servir como verdadero centro para la vida pública local. Con su recuperación, el Plan de Ordenamiento Territorial, POT, deberá definir nuevos proyectos que revitalicen el lugar y su entorno.


La Administración Municipal ha decidido cerrar el Bazar de los Puentes, causa del fracaso del proyecto de recuperación del centro de la ciudad impulsado en 1999. Errores serios en su concepción urbanística lo convirtieron en obstáculo y fuente de deterioro de los barrios directamente impactados, Prado (residencial y de servicios) y Villanueva (comercial).  Sus graves fallas en el diseño generan unas condiciones ambientales que obligan ahora a tomar una medida que desde estas columnas recomendamos el 24 de junio de 2003, cuando “reclamamos soluciones de fondo a los problemas del Bazar de los Puentes, si las tienen para sus fallas constructivas, ambientales y económicas”. Durante diez años de inacción sufrieron los comerciantes que intentaban buenamente realizar actividades lícitas en ese centro comercial y los vecinos que recibieron los impactos de la delincuencia que se enseñoreó del lugar. 


Es nuestro deber seguir vigilantes los hechos y acciones que deben garantizar que este proceso se consolide como acción fundamental por la seguridad y la vida de los habitantes de Medellín. Lo haremos con la esperanza de que este paso permita que la ciudad avance con firmeza en el control de las bandas dedicadas a la producción, importación, distribución y venta de la droga a una ciudad que pasó de exportadora a consumidora de narcóticos.