Columnistas

Se seguirá cayendo Medellín
Autor: Carlos Cadena Gaitán
17 de Junio de 2014


Ya es claro que demolerán las restantes cuatro torres del Space. ¿Qué quedará allí? Ojalá logremos establecer un memorial a las víctimas...

Ya es claro que demolerán las restantes cuatro torres del Space. ¿Qué quedará allí? Ojalá logremos establecer un memorial a las víctimas; construir un parque verde donde podamos aprender sobre la irresponsable manera como hemos permitido que se desarrolle esta ciudad.


El estudio de la Universidad de los Andes fue enfático al respecto de la necesidad de demoler, y el seguimiento desde el Consejo Municipal de la Gestión de Riesgo de Medellín fue impecable. Esto trae un poco de tranquilidad para las familias afectadas, pero no empieza siquiera a solucionar el inmenso problema que todavía vive y engorda, bajo la superficie.


Por más increíble que parezca, la constructora CDO seguía intentando evitar la demolición e insistiendo en repotenciar ese edificio. Estamos hablando de un triste monumento a la voracidad de los constructores, cuya torre seis colapsó inesperadamente robándole la vida a doce personas, y cuya torre cinco tuvo que ser demolida a causa del alto riesgo de colapso que suponía. Aun así, la constructora insistía que las otras cuatro torres se podían “arreglar”, que la gente podía volver allí para continuar sus vidas, como si nada –nunca– hubiese pasado en esa adolorida ladera. Yo tan solo me pregunto: ¿aceptarían los poderosos Villegas vivir en un edificio repotenciado por CDO?


En ese mismo barrio, los edificios Asensi y Continental Towers continúan evacuados. Ambos presentan incumplimientos graves a la norma de sismo resistencia, pero CDO moviliza toda su maquinaria institucional para insistir en que pueden ser repotenciadas; que tranquilos, que no hay problema. De verdad, ¿quién aceptaría encaramarse en esas colmenas y dormir tranquilo con su familia?


La situación con los proyectos Calasanía 1 y Colores de Calasanía le rompe el corazón a esta ciudad. Fisuras evidentes en las paredes, balcones que se inundan. Los residentes se quejan desde hace varios años, pero nadie los escucha. Una valerosa madre se encadena en su propio apartamento, luego lo hace en la Alpujarra. De manera desesperada ruega para que los ayuden, antes de que sea demasiado tarde. ¡Inaudito!


Cuando se ordena la evacuación de Colores de Calasanía, la constructora envía a los propietarios a continuar sus vidas desde un hotel. Sin embargo, pronto les quitan el subsidio de alimentos. Un par de días después les cancelan los hoteles. Los propietarios, los humanos que comparten esta ciudad con nosotros, se ven obligados a vivir como nómadas urbanos. ¡No hay derecho!


Ahora suenan duro las alarmas sobre el caso de Acuarela del Norte en Copacabana. Los propietarios claman por ayuda, mientras cada vez se hace más claro que los todopoderosos constructores han infectado con su varita mágica, todo el territorio de esta metrópoli. El concejal Bernardo Alejandro Guerra le hace seguimiento detallado a la situación. Nos recuerda que los diseños de Jorge Aristizábal con CDO se presentan en otros diez proyectos de todos los estratos sociales, incluyendo 558 soluciones gratuitas de vivienda. ¿Qué hacemos?


Es evidente que urge la acción ciudadana positiva. Empujar una ciudad más humana no es solamente responsabilidad de los alcaldes de turno, y no se logra cerrando los ojos ante las tragedias de nuestros vecinos. En palabras de Jorge Pérez, Director de Planeación de Medellín: ¿cómo “construimos” de nuevo nuestro edificio como sociedad? Como ciudadanos también nos corresponde revisar, re-acordar, concertar códigos de conducta cívica que nos permitan pensar en nuestra comunidad, antes que –solamente– en nosotros mismos.


Se seguirá cayendo Medellín, a no ser que nosotros mismos aceptemos la responsabilidad de liderar la convivencia urbana. Seguirá colapsando Medellín, a menos que estemos dispuestos a monitorear e intervenir positivamente en la evolución de nuestra ciudad, nuestro hogar.