Columnistas

縐n imperio, una luci閞naga?
Autor: Carlos Alberto Gomez Fajardo
17 de Junio de 2014


Quiz醩 se requiere del paso de los a駉s y de la experiencia para que el esp韗itu del observador se afine hasta llegar a percibir lo inmensamente bello contenido en obras breves.

Quizás se requiere del paso de los años y de la experiencia para que el espíritu del observador se afine hasta llegar a percibir lo inmensamente bello contenido en obras breves.  Aquel “hay un instante del  crepúsculo / en que las cosas brillan más / fugaz momento palpitante / de una morosa intensidad…” del maestro Guillermo Valencia, la dulzura de los “intermezzos” musicales de Luis A. Calvo, la inspiración ágil y burlesca del tuerto López que le da un sabor especial a aleros, ventanas y viejas calles del tesoro amurallado de nuestra Cartagena. La literatura, la música y las artes plásticas de Colombia nos regalan con generosidad esas obras maestras, producto del genio de los verdaderos poetas y creadores. En la pintura, basta con la contemplación de los estudios y dibujos a lápiz de Francisco A Cano con los cuales anota sus ideas e impresiones para posteriores obras de gran formato.


Repasando la poesía del argentino Jorge Luis Borges se topa el lector con la contundencia y brevedad de los “Haikú”.  Uno de ellos dice: ¿Es un imperio / esa luz que se apaga / o una luciérnaga?


Tres versos; cinco sílabas, después siete y luego otras cinco sílabas finales. Con tan breve discurso queda patente la expresión de una paradoja que evoca sorprendente contrastes; ambos pueden ser sólo una luz que se apaga: el imperio y la luciérnaga. Muchos de nosotros alguna vez cazamos luciérnagas en una noche de verano, armados de un frasco en el que lográbamos encerrar la momentánea y diminuta maravilla de aquellos insectos que imaginamos a la vez como singulares plantas de energía eléctrica. Al cabo de un rato ese juego de la infancia era remplazado por otro, pero la maravilla contenida y admirada entonces  sigue estando presente y viva en la memoria del adulto. Tal vez quisiéramos reír y repetir ésas aventuras.


Por otra parte, los imperios también se extinguen. Son un diminuto lugar en la colosal magnitud del planeta y en la fantasmal dimensión histórica del universo conocido. Guerras, culturas, tragedias, actos heroicos y sanguinarios enfrentamientos de generaciones de hombres, son convertidos en el breve poema de Borges en un instante tan efímero como el de la vida lumínica de los insectos. El arte de suscitar la sorpresa y resumir la vida y la muerte, la historia de la humanidad, sus opresiones y liberaciones, momentos de felicidad y quizá más largos y arduos de penurias; todo se reduce también a pasajeros brillos, a luces que se extinguen.


El poema invita a la admiración. La profundidad de la reflexión del creador  genera un hecho estético que resuena en el alma del lector. Todos -cada uno a su modo- estamos en medio del hecho estético. Nos ayuda cultivar el espíritu para poder al menos asombrarnos ante lo insólito que interrumpe la rutina que a veces se impone, deshumanizante y monótona. La genialidad está siempre al alcance, de modo gratuito en las páginas de los queridos libros de la biblioteca o entre los milagrosos impulsos que nos traen los archivos virtuales a la velocidad de la luz… Los imperios y las luciérnagas brillan y perecen, en instantes.