Columnistas

¿Votaremos otra vez por las “chuzadas” y contra la Paz?
Autor: Alejandro Garcia Gomez
14 de Junio de 2014


En estos días electorales he recordado unas palabras de Graham Green: “[El] nunca llegó a ser verdaderamente adulto y ésta es sin duda la causa de su adoración por [su amigo Harry] Lime”, (novela “El tercer hombre”).

En estos días electorales he recordado unas palabras de Graham Green: “[El] nunca llegó a ser verdaderamente adulto y ésta es sin duda la causa de su adoración por [su amigo Harry] Lime”, (novela “El tercer hombre”). El protagonista es un mediocre escritor de westerns quien anda tras las pistas de la muerte –para él asesinato- de su amigo de toda la vida desde la infancia; ambientada en Viena en la inmediata posguerra, ocupada por los triunfadores: rusos, ingleses, norteamericanos y franceses, donde cada cual trata de sobrevivir de la manera como puede y, cuando lo logra, sin delinquir.


Él, el escritor de westerns, puso en su amigo no sólo todo el cariño y la confianza sino que lo hizo depositario de su fervorosa adoración. Harry era todo lo que el mediocre no había podido ser. Harry tenía una personalidad al tiempo que perversa, arrolladora. El típico sujeto que se mueve en la vida en sociedad –exprimiéndola, no importa por encima de quién- y en la gran delincuencia; que sus actuaciones son a veces inmorales, y a veces amorales. Ejemplos muy cercanos hemos tenido acá en los últimos tiempos. 


¿Y por qué, se preguntarán mis lectores, estas reflexiones de mi consciente o de mi inconsciente en tiempos electorales? Antes, deseo referir una anécdota contada por una protagonista de apellido paisa –Carolina Restrepo- en el periódico digital de Pasto, Página10.com: “A punto de  ser linchada por una horda de seguidores de Zuluaga”. Refiere ella que a la llegada al aeropuerto Antonio Nariño, en su cierre de campaña, se atrevió a gritar al candidato de Uribe: “¡Títere! ¡Enemigo de la Paz!”. Se armó la gresca y la defendieron unos policías, o de lo contrario esta columna no recontaría el cuento.


En un proceso normal de elecciones, ni ella habría sentido el impulso de cometer su valentía o su imprudencia ni habría tenido adversarios dispuestos a “matar y comer del muerto”, ante su insulto femenino. Rechifla y agravios habrían sido el pago. Pero el país está cada vez más polarizado. Inicialmente, a sabiendas o no de lo que hacía, lo polarizó Uribe en sus ocho años de gobierno. O es posible que desde un poco antes. 


Ahora sí respondo la pregunta: parece que la mayoría de los seres humanos –o quizá todos- somos seres incompletos. Parece que jamás logramos nuestra independencia personal fruto de la madurez. Esa inmadurez nos hace dependientes. De otra manera –hablando sólo de política- no habría habido ni hitleres ni mussolinis ni stalins ni castros ni Chávez ni etcétera. La política sería lo que se dice que verdaderamente es y tendría su asiento en nuestra razón y sólo sus ramificaciones menores se asentarían en nuestros impulsos y sentimientos y no al contrario. Pero lo que hay es lo que hay. Y esto es lo que manipulan los caudillos de todo el mundo. ¿Siquiera algunas pocas veces para bien? Casi todos los mesías buscan el poder para su beneficio; la mayoría de seguidores, los siguen precisamente por eso, porque obtendrán lo que él o más que él. Quizá existen unos poquísimos líderes, la mayoría quizá mitos de nuestra creación (Jesús, Gandi, Francisco de Asís y otros más) que escapan de esta categoría. No de otra manera logro explicarme por qué –en estas polarizadas elecciones, cada vez más violentas- nos empeñamos en volver a traer la pasada tragedia de las chuzadas, la persecución a la justicia honesta, los falsos positivos, los saltos sobre las instituciones de la República, etc., pero sobre todo a la reelección perpetua, que se haría quizá por medio de un referendo o un plebiscito del controvertido personaje que polarizó al país. No de otra manera me explico por qué una parte de los colombianos permitimos que continúe este desangre que comenzó en el primer  gobierno de López Pumarejo (1934-38, porque las Farc nacieron casi veinte años después –en 1964-  del desangre comenzado ahí), al que esta dirigencia –rapaz, fetichista, rezandera y asesina- le forzó a cortar las reformas y él, López Pumarejo, se aculilló, y lo dejó ahí. Su segundo gobierno, un desastre.