Columnistas

El valor de luchar por la paz
Autor: Gabriel Zapata Correa
13 de Junio de 2014


No le pudo caer mejor a Colombia, en la coyuntura actual, los esfuerzos del Papa Francisco por el proceso de paz del Medio Oriente.

No le pudo caer mejor a Colombia, en la coyuntura actual, los esfuerzos del Papa Francisco por el proceso de paz del Medio Oriente. No solo por el hecho de sentar a manteles en la misma mesa al presidente israelí Shimon Peres y al líder palestino Mahmoud Abbas, sino por toda la simbología que rodeó este histórico acto, la siembra de una rama de olivo en los jardines del Vaticano, cuyo significado ha inundado desde el lunes todos los medios de comunicación del mundo. Un esfuerzo por ponerle fin a  la guerra entre dos pueblos, cuyos odios se remontan a decenas de años, no es perdido si existe la buena voluntad entre las partes.


El Papa Francisco, el máximo jefe de la Iglesia Católica, entiende su liderazgo y compromiso, reconocido y respetado por ambos líderes de Israel y de Palestina, quienes acudieron a la cita en el Vaticano a los ojos de todo el mundo, que ve con la natural expectativa la posibilidad de unos acuerdos que acaben con una guerra fratricida y sangrienta entre dos pueblos que vienen de una misma familia, pues son hijos del mismo padre.


Entiende el mundo entero que el papel del Papa Francisco no es fácil por el complicadísimo mapa geopolítico de la región, con intereses económicos, étnicos y políticos de países terceros que tienen otras ideologías y principios religiosos tan opuestos como radicales. Tal vez por estas razones el Papa Francisco pronunció esta frase que le ha dado la vuelta al mundo y que envuelve la importancia y el significado del reto que ha emprendido: - “La paz requiere de valor, mucho más que la guerra, para decir sí al diálogo y no a la violencia. Sí a las negociaciones y no a hostilidades”. Y la pronunció en presencia del presidente de Israel Shimon Peres, y el líder palestino Mahmoud Abbas, como para que no quedara la menor duda.


La paz en el Medio Oriente ha sido un desafío del mundo. Y en este propósito han fracasado varios líderes mundiales de las grandes potencias desde 1948 hasta hoy. Los dos países hermanos hijos de la misma familia se sientan a la mesa, se dan la mano pero no comparten el afecto sincero de buscar una paz sólida y verdadera para sus habitantes. Prefieren seguir sacrificándose en un derrame de sangre sin fin, que renunciar a una lucha sin cuartel, en la cual se ha demostrado que a través de esa guerra jamás habrá paz ni tranquilidad.


Todo este preámbulo, para ponerlos en el escenario del significado que tiene este intento del Papa Francisco, el líder más carismático de la Iglesia en los últimos tiempos, de buscar la paz. Una coyuntura que resalta el esfuerzo de Colombia, cuyo presidente Juan Manuel Santos, lidera desde hace dos años la búsqueda de unos acuerdos con las Farc, el grupo terrorista más antiguo del mundo, que nos permitan ponerle fin a una guerra que ya lleva 50 años.


No es una tarea de insulsos. La Constitución nos obliga a los colombianos a buscar la paz. Y la paz hay que hacerla con los enemigos, sentándose a la mesa y poniendo las cartas de lado y lado para barajar los acuerdos.


Es así como desde el 8 de octubre de 2012 en Oslo y el 19 de noviembre de ese mismo año en La Habana, Gobierno y Farc avanzan en  un diálogo basado en una agenda de cinco puntos: política de desarrollo agrario integral, participación política, fin del conflicto, solución al problema de las drogas ilícitas y reconocimiento a las víctimas.


El fin de semana pasado los colombianos recibimos la  buena noticia de que los negociadores en La Habana llegaron a un acuerdo sobre el quinto punto: reconocer a las víctimas, y la creación de una comisión de “esclarecimiento del conflicto”. El punto incluye además la necesidad de asumir la “responsabilidad” frente a estas víctimas. “No vamos a intercambiar impunidades”, señala el comunicado firmado por las partes. Por eso prevé la participación de las víctimas en el propio proceso para “presentar sus propuestas y expectativas sobre la construcción de la paz en los territorios y la satisfacción de los derechos de las víctimas a la verdad, a la justicia y a la reparación, incluyendo las garantías de no repetición”.


El camino de la paz no ha sido fácil, pero es evidente que hay que continuar en este difícil reto, en el cual está comprometido el presente y el futuro de Colombia. Como dice el Papa Francisco: - “La paz requiere de valor, mucho más que la guerra, para decir sí al diálogo y no a la violencia”.