Editorial


Reflexión electoral
10 de Junio de 2014


Como temimos, la decisión que el país tome este domingo estará definida por las posturas frente a las Farc, ni siquiera por el afán de alcanzar la verdadera paz

Rige desde el domingo una etapa de “reflexión electoral”, en la que los candidatos a la Presidencia, las firmas encuestadoras y los medios masivos de comunicación, no pueden realizar actividades masivas en recintos abiertos o divulgar públicamente resultados de sondeos de opinión o encuestas. La regla permite los debates en medios de comunicación o recintos cerrados, la publicación de entrevistas o la realización de análisis a las opciones electorales y la exposición de sus escogencias, por parte de los columnistas de opinión. 


Aunque parezcan paradójicas, estas medidas buscan promover el voto de opinión, resultante del estudio y análisis ajenos de personalidades y propuestas, ajenos a la parafernalia de las manifestaciones en plaza pública o de las influencias de los resultados de encuestas. Ha comenzado, pues, la semana definitiva para la reflexión y el análisis sobre las alternativas posibles para los ciudadanos colombianos, que son votar por alguno de los dos candidatos, hacerlo en blanco, o abstenerse.


En algunos procesos electorales anteriores, estos días de silencio han estado precedidos por “bombas” de alguna de las partes, que pretenderían modificar la voluntad de los ciudadanos, y que pudieran tener impacto sobre quienes son ajenos a militancias partidistas y distantes de las corrientes de opinión dominantes, o sea los verdaderos votantes de opinión. En esta ocasión, la primera sorpresa mediática llegó por cuenta del anuncio de la metodología con la que la mesa de conversaciones de La Habana plantea abordar el debate sobre reconocimiento y reparación de las víctimas del conflicto armado. Contrasta el despliegue que recibió la definición del método con el hermetismo que ha rodeado las conversaciones y los detalles de los acuerdos suscritos en la Mesa. No hay que descartar, así sean indeseables, que en una campaña tan agresiva como la que está terminando se presenten otras declaraciones o noticias tendientes a mover a algunos de esos ciudadanos que podrían definir la inclinación de la balanza. 


Desde noviembre del año pasado clamamos por la suspensión de la mesa de negociación como condición previa al inicio de la campaña electoral. La falta de un claro mandato popular al doctor Santos para realizar esta negociación, que implicaba el derecho sobreviniente de los ciudadanos a concederle su aceptación en las elecciones que transcurren; el riesgo de que la elección se convirtiera en un pre-referendo sobre la negociación, y el de que el ganador eventual quedase atado a las actuaciones de las Farc en ese proceso, motivaron un llamado desoído por el candidato-presidente y sus asesores en la mesa, los doctores De la Calle y Jaramillo. Como temimos, la decisión que el país tome este domingo estará definida por las posturas frente a las Farc, ni siquiera por el afán de alcanzar la verdadera paz que existirá cuando los colombianos, como ciudadanos participantes, disfrutemos, y construyamos, una verdadera apertura democrática, de equidad y de posibilidades de goce pleno de nuestros derechos. 


Cuando está a punto de concluir el proceso electoral, los ciudadanos independientes aspiran a conocer de los candidatos, el marco ético, el contexto político y las decisiones que van a tomar en materia tributaria, jurídica y de gestión. El realismo en las respuestas, el conocimiento de lo posible y la honradez intelectual de los candidatos puede impactar a votantes que tienen clara su participación, porque es su mínima responsabilidad con la democracia, pero aún no determinan si votarán en blanco o por Santos o por Zuluaga. Las entrevistas, los debates y la intensa agenda mediática se orienta a impactar a los más difíciles de los votantes.


Dadas las últimas encuestas y las condiciones previas a la elección, en particular la confusión ciudadana, el Día del Padre y el Mundial de Fútbol, existe la amarga posibilidad de que se mantenga o crezca la abstención que ya se manifestó en la primera vuelta. También es bastante posible que crezca el voto en blanco de ciudadanos que protestan por el tono ético y las trampas del final de la campaña. Esos votantes en blanco, los abstencionistas y quienes voten al candidato que no sea elegido, serán sin duda, una inmensa mayoría que marcará para el presidente electo, la necesidad imperiosa de asumir una actitud concertadora que sepa ganarse la legitimidad que solo da el respaldo popular mayoritario.