Columnistas

Por aquí y por allá
Autor: Pedro Juan González Carvajal
10 de Junio de 2014


En nuestro país del Sagrado Corazón, todo es posible: personajes ilustres mienten, difaman, siembran la cizaña y luego, muy orondos, ante una masa de áulicos, reversan, se contradicen y no pasa nada, a excepción de mancillar el buen nombre de las personas y crear un ambiente enrarecido y atizado por la incertidumbre.

En nuestro país del Sagrado Corazón, todo es posible: personajes ilustres mienten, difaman, siembran la cizaña y luego, muy orondos, ante una masa de áulicos, reversan, se contradicen  y  no pasa nada, a excepción de mancillar el buen nombre de las personas y crear un ambiente enrarecido y  atizado por la incertidumbre. Como diría Voltaire, “Calumniad, calumniad, que de la  calumnia algo queda”.


En días pasados fue declarada exequible por la Corte Constitucional la Ley Estatutaria de la Salud, lo cual quiere decir que la salud ya no solamente será un servicio prestado por el Estado, sino que es un derecho fundamental de los colombianos. Teniendo en cuenta lo anterior y reconociendo que en Colombia nos encanta que cualquier situación esté amparada por marcos legales y jurídicos, aun cuando en la realidad no se concreticen sus realizaciones, sería entonces pertinente sacar adelante una ley estatutaria para la educación, ahora que el actual gobierno anuncia que realizará otro intento y presentará un nuevo proyecto de reforma a la educación.


Avizorando el ocaso de su mandato, el presidente Obama, con varios asuntos prometidos incumplidos y otros a medio camino, anuncia que los Estados Unidos fortalecerán su política exterior más en el manejo diplomático, que en las acciones belicistas. 


¿Por qué será que los mandatarios y el resto de funcionarios anuncian lo que sería adecuado y correcto en la realidad, y no lo políticamente correcto cuando ya van de salida?


Un país sumido en la incultura política, asumirá el reto de escoger al próximo presidente en medio de dos grandes distractores: El primero, el extraordinario triunfo de Nairo Quintana en el Giro de Italia y la excelente actuación de los otros ciclistas colombianos, que todavía hoy celebramos, y segundo, que la víspera de las elecciones en segunda vuelta, jugará su primer partido la Selección Colombia en el Mundial de fútbol. 


Es posible que si gana Colombia, la euforia relegue a un definitivo segundo plano el proceso electoral y la gente en medio de su celebración, no vote. La otra posibilidad, es que la Selección Colombia pierda, lo cual será entendido como una tragedia nacional, y por consiguiente, la gente no tendrá el mínimo interés por asistir a las urnas. Si de pronto el resultado es un empate, se quedará ante la coyuntura de “no sabe no responde”, y se votará en blanco. Es muy posible que  la medida más pertinente para motivar a los potenciales votantes,  sea haber aplazado una semana la celebración del Día del Padre. ¡Ahí está la virgen!


Finalmente, lo que vamos a hacer con el ejercicio democrático de las próximas elecciones, es elegir entre más de lo mismo.


Ojalá por el bien de Colombia y de los colombianos, esta jornada transcurra en calma  y sea cual fuere el resultado, el ganador sea superior a sus actuaciones  en esta campaña, acciones, que sin excepción, dejan mucho que desear. ¡Amanecerá y veremos!  


Recordemos a Saramago cuando dice: “Ni las victorias ni las derrotas son definitivas. Eso les da una esperanza a los derrotados y debería darles una lección de humildad a los victoriosos”.


De igual manera no olvidemos a Platón, ni a Facundo Cabral, cuando expresan: “El precio de desentenderse de la política es el ser gobernado por los peores hombres”. “Le tengo mucho miedo a los pendejos, porque son muchos y pueden elegir un presidente”.