Editorial

Servicios p鷅licos caros
9 de Junio de 2014


El lugar que EPM se ha forjado le impone responsabilidades con sus clientes y con un pa韘 beneficiario de su capacidad de planeaci髇 y gesti髇 en energ韆.

El anuncio hecho por Empresas Públicas de Medellín sobre su decisión de aumentar en 2 por ciento el costo de energía para viviendas y empresas pequeñas y medianas, ha abierto algunas discusiones sobre la oportunidad, el riesgo social y económico y la responsabilidad de una decisión tomada ante la muy alta probabilidad de que a partir del segundo semestre y por tiempo indeterminado, el país esté sometido a los rigores del Fenómeno de El Niño. La medida, y el debate que pueda generar, seguro dejarán saldos pedagógicos para autoridades, la Empresa y los usuarios.


Nuestro título recoge una discusión que ha presidido la historia de la prestación de los servicios públicos domiciliarios desde la gestión del ingeniero Óscar Baquero, primer gerente de EPM y autor del concepto según el cual “servicios públicos caros son los que no se prestan”. Esa filosofía está reflejada en las leyes que prohíben a las empresas del sector subsidiar el valor de los servicios públicos -lo hace el Gobierno con criterios técnicos- u operar a pérdida y que, por supuesto, las salvó del populismo. Atender a esta premisa ha convertido a EPM en la mayor generadora de energía eléctrica en Colombia, con el 21,1 % de la producción hidroeléctrica y térmica, y en la principal distribuidora y comercializadora de energía eléctrica para el mercado regulado. 


El lugar que EPM se ha forjado le impone responsabilidades con sus clientes y con un país beneficiario de su capacidad de planeación y gestión en energía. Significa que, ante la anunciada disminución de las lluvias, o sea de la reducción del agua embalsada en sus presas, debe adoptar medidas suficientes que permitan evitarle al país volver a ser sometido a un costoso racionamiento de energía eléctrica. El último, con graves impactos para la economía, ocurrió entre los años 1992 y 1993. Esta premisa explica, pues, que mientras el Ministerio de Minas y Energía ordenó suspender la venta de gas natural a Venezuela, EPM decidió aumentar la generación a través de sus térmicas, incurriendo en gastos superiores a los que obtiene cuando genera con las hidroeléctricas. Por sano mandato de ley, la empresa no puede cargar estos costos superiores a sus estados financieros o solo a unos usuarios, está obligada a trasladarlos a quienes reciben energía con esta nueva generación.


Estudios realizados por el Ministerio de Minas y la Fundación Ecim revelan que la energía en Colombia es más barata que en Brasil y Chile pero un poco más cara que la de Perú. Otros más críticos, realizados por Fedesarrollo y divulgados por la Andi en el primer semestre del año pasado, critican su costo mayor al de algunos estados de la Unión Americana. Algunos observadores radicales atribuyen esos costos “al neoliberalismo” y entregan publicitados y recortados, análisis según los cuales Colombia podría tener precios más competitivos por kilovatio generado. ¿Por qué estos observadores callan verdades inocultables sobre los conflictos sociales que retrasaron la operación de las centrales Amoyá y el Quimbo -aún en construcción- e impidieron la construcción de Porce IV?, si estas centrales hubieran entrado cumpliendo cronogramas, el país tendría hoy menos riesgos de racionamiento por El Niño, también menor necesidad de ampliar la costosa generación térmica.


La Superintendencia de Servicios Públicos, que ha cumplido 17 meses sin producir informes comparativos del sector, informó en su estudio de enero de 2013 que la energía de EPM está entre las siete con menor costo entre las que se comercializan en el país. Esta condición explica que goce de un margen que le permite aumentar los costos del servicio sin que ello signifique que llegará a los costos de otras comercializadoras, que, además, no alcanzan las coberturas ni la calidad de EPM. 


Existen explicaciones estructurales para la coyuntura, es cierto. Ellas no pueden excusar, sin embargo a EPM en su responsabilidad, parcialmente cumplida, de usar al máximo su publicidad y espacios en medios de comunicación para hacer pedagogía sobre el costo del recurso hídrico en la energía eléctrica y el agua potable, buscando racionalización del gasto. Esta coyuntura difícil puede abrir puertas para educar en el uso consciente del agua y  para crear condiciones y exigencias para construcciones y desarrollos eficientes en el uso de energía y agua, de modo que el país garantice su desarrollo por el pleno disfrute de sus recursos, no por su descuido, abuso o malgasto.