Columnistas

Un poema y un proceso
Autor: Jorge Arango Mejía
8 de Junio de 2014


A mi juicio, el más exacto diagnóstico de las charlas habaneras oficialmente conocidas como “Proceso de Paz”, lo escribió “el Tuerto López”

A mi juicio, el más exacto diagnóstico de las charlas habaneras oficialmente conocidas como “Proceso de Paz”, lo escribió “el Tuerto López”, formidable poeta, satírico, humorista, y liberal en el más alto sentido de esta palabra, nacido en Cartagena en 1879 y muerto allí mismo, en 1950. Lo transcribo:


“FABULILLA


“¡Pax vobis!”


“¡Viva la paz, viva la paz!”


Así cantaba alegremente un colibrí


Sentimental, sencillo,


de flor en flor.


Y el pobre pajarillo


trinaba tan feliz,


sobre el anillo


feroz de una culebra mapaná.


Mientras que en un papayo,


reía gravemente un papagayo,


bisojo y medio cínico:


¡Cuá, cuá!


Advierto que ya lo publiqué, en esta misma columna, el domingo 29 de enero de este año. ¿Por qué lo repito? Porque si los versos son los mismos, diferentes son los hechos, tanto en la tertulia habanera como en el territorio colombiano.  Y más alarmantes. Veamos.


Primer hecho: El 4 de junio, en Cartagena, anunció el señor Santos que, apenas concluya la negociación con las Farc, suprimirá el servicio militar obligatorio. Noticia que escuché con el respeto que se debe a su investidura, y que ahora y aquí interpreto de conformidad con mis obligaciones como liberal y mi condición de hombre libre:


¿A quiénes beneficiaría la supresión del servicio militar obligatorio? Algún ingenuo o bobalicón, podría caer en la trampa y contestar como quiere el presidente: a todos, ricos, de clase media y pobres. Respuesta que se destruye por sí sola, por ser  mentira tonta, casi tanto como la pregunta que la induce. Veamos: 


Es verdad, como mostraba la propaganda de marras, que ninguna madre contestaría afirmativamente la pregunta que Santos hacía a una de ellas. ¡De milagro no le preguntó si quería que el muchacho muriera por la patria! (Si yo estuviera en su lugar, (¡Qué Dios jamás lo permita¡) echaría de la campaña al publicista que la diseñó…).


Por el contrario, es falso,  por regla general,  que los hijos de las señoras ricas- –como la del aviso- presten el servicio militar obligatorio en nuestras selvas, combatiendo a las Farc y al Eln Ese honor y ese sacrificio, están reservados a muchachos de clase media y baja, y a soldados profesionales, por un salario mínimo. La cantera de la cual se extraen, en su inmensa mayoría, es la población campesina.


¡Con publicistas así, para qué piratas informáticos! Expresión que usamos quienes, a diferencia del señor Santos, no dominamos el inglés y estamos “condenados” a valernos del diccionario para leer los boletines de su campaña. (“Diccionario panhispánico de dudas”, página 334). Allí aprendí que  la palabreja de moda, “espía informático”, se reemplaza en español por la castiza expresión que he usado.


Segundo hecho: la propuesta de Petro (el seudo mártir de las basuras), de incorporar millares de exguerrilleros de las Farc a la Policía Nacional. Propuesta que seguramente no habrá de encontrar objeción ninguna, en La Habana, donde se le harían ajustes, basados en el principio fundamental de la igualdad: incluir a los combatientes del Eln , y no hacer distinción entre bandoleros rasos y comandantes. ¿Qué tal el general Timochenko? ¿No es verdad que esta posibilidad causa pánico hasta como chiste?


Escribo sobre estos temas, basado únicamente en  la autoridad moral que me confiere haber prestado servicio militar, en el Batallón MAC. Autoridad fortalecida por el hecho de que dos de mis hijos, hayan cumplido el mismo deber, en el Batallón Cisneros, de Armenia, en 1981 y 1982, sucesivamente, cuando la Octava Brigada la comandaba un militar ejemplar: el General Hernando Díaz Sanmiguel, cuya amistad aún me enorgullece, como a todos aquellos que fueron sus demás amigos y sus compañeros de armas.


Tercer hecho: el avance inexorable del proceso de paz con los “caballeros” de esta misma organización criminal, secreto para todos los colombianos, menos para los validos del régimen, encabezados por Enrique, el hermano mayor,  quien lo comenzara...


¿Qué decir de las mentiras del proceso secreto de la Habana, que el propio Santos, acaso acosado por un miedo irracional, intenta en vano desmentir? Veamos una, para mí la más tonta:


Con arrogancia de vencedores, los terroristas  exigen  cambios  estructurales en las Fuerzas Armadas. ¿Cuándo vencieron? Nunca. Pues secuestrar niños, asesinar civiles indefensos, extorsionar, sí es conducta criminal, pero no es victoria militar sino cobardía, impropia hasta de delincuentes comunes.


En la mesa de negociaciones son, pues, vencidos, no vencedores. ¡Y sí están negociando el cambio de las Fuerzas Armadas! ¿Acaso la supresión del servicio militar para los hijos de los ricos, regalada por Santos a cambio de nada, no contradice la “doctrina de defensa”? Cómo se ve, despreciable, torpísima y ridícula mentira, que sólo un mentecato    se tragaría.


Cuarto hecho: que la Policía Nacional, o al menos algunos de sus miembros, están amenazando a las gentes para que voten por Zuluaga. Si así fuera, estarían cometiendo un delito contra el sufragio. Y las preguntas destruyen la patraña:


 


¿Conspiran contra el “comandante supremo de las fuerzas armadas de la República”? ¿Autorizados por el Ministro de Defensa y el Director General de la Policía? Si a estas dos preguntas la respuesta es  sí, ¿por qué no los separan del servicio público a todos? Y si actúan por iniciativa propia, ¿por qué no destituye el presidente, por ineptos, a los mismos Ministro y Director?