Palabra y obra

Lucía Estrada: “By ‘poetic space’, I understand the atmosphere that fosters my writing”
Lucía Estrada: “Entiendo por espacio poético la atmósfera que propicia mi escritura”
7 de Junio de 2014


A propósito de la reciente publicación de un libro con su poesía, la poeta y coordinadora cultural de la Casa de Otraparte, Lucía Estrada, estuvo conversando acerca de su obra.


Foto: Cortesía 

Lucia Estrada ha participado en diferentes festivales de poesía del mundo, en la imagen junto a varios poetas durante el Festival Internacional de Poesía de Medellín.

Óscar Jairo González Hernández


Profesor Facultad de Comunicación


Comunicación y Lenguajes Audiovisuales


Universidad de Medellín


Especial para EL MUNDO


¿En qué instante iluminador usted es consciente o no de que ha iniciado un destino hecho en la inclinación hacia la poesía? ¿Cómo es eso? 


“Yo no podría hablar de un momento en particular, pues siempre me han acompañado el asombro y la necesidad de acercarme a las cosas, a los seres y a mis propias circunstancias de otra manera mucho más íntima y penumbrosa de lo que nos permite lo cotidiano. La conciencia de que todo tiene un lugar dentro de nosotros, aparece con las primeras lecturas de los poetas Rimbaud y Baudelaire, pero ya era en mí una atmósfera, una respiración que abría posibilidades a mi universo de nombres y de símbolos. Conciencia que es aire, intuición, deseo. Conciencia que después de haber vivido se convierte en lenguaje”.


-En el momento en que las palabra poética comienza ha hacérsele visible, a sentirla, a hallarla, a poder nombrarla: ¿Cómo se dio ello, en que invocación? 


“Se escribe la primera vez bajo la luz ebria de querer decir y no saber cómo. Entonces uno teme a las palabras. Uno las ve acercarse y alejarse de nuestras posibilidades. Tan íntimamente ligadas a nuestro deseo y a la vez tan exigentes, tan despiadadas. Piden mantenerse. Mantener el misterio y el poder que las reviste. Nos obligan a levantarnos un poco más allá de nuestra altura, nos descubren la belleza de su silencio que también es el nuestro. Y después, cuando hemos vencido un poco el temor, sólo un poco, aparece el poema. Tal vez uno muy breve, porque sentimos la urgencia de nombrar, de señalar con el dedo. De reconocer y reconocernos. Pero este poema es un salto al vacío. De allí no se regresa jamás. Este poema es una palabra que llama otras palabras, otros saltos al vacío. Un espejo dentro de otro espejo”.


-Ya que en su poesía la relación dialéctica entre la presencia y la ausencia, de todo lo que ve y siente,  son hilos obsesivos: ¿Qué la ha llevado a mantener esa tensión poética? 


“La poesía invoca siempre esa relación, esa tensión de la que tú hablas, y es la que mantiene viva nuestra posibilidad de decir, de nombrar y ser nombrados. La palabra y su silencio, la luz de lo conocido y la penumbra de lo que aparece por primera vez ante nuestros ojos. Saber que mantenemos un diálogo secreto con el mundo, con cada tallo de hierba, con cada sombra, y saber también que somos, a través de la poesía, de sus vasos comunicantes, el puente entre lo visible y lo invisible del que hablaba Rilke, quesólo escribiendo podríamos acceder a esta conciencia de las cosas, del mundo, de nuestro tiempo”.


-Nombrar un libro siempre es una verdadera prueba con uno mismo, con lo que desea hacer, con un decir: ¿En qué momento halló la manera de nombrar sus libros, de nombrarse usted en ellos: Cuaderno del ángel y Cenizas de Pasolini? 


“No he sido muy buena con los títulos. Casi siempre llegan al final, cuando el libro se ha escrito casi desde la sombra, desde un no saber hacia dónde. Pero siempre ocurre también que su presencia se va configurando, y llega un momento en que aparece frente a nosotros con determinación, nombrándose y nombrándonos. Cuaderno del ángel es una invocación al momento en que leí Las Elegías del Duino de Rainer María Rilke, y después Los Cuadernos de Malte LauridsBrigge. Es un pequeño homenaje. No quiere decir que Cuaderno del ángel tenga el tono ni la búsqueda de los bellísimos poemas de Rilke, ojalá fuera así, pero se dejan acompañar por ellos. Rilke, su hermoso ritmo, su hallazgo iluminador, sus dos presencias (el ángel, la noción de ir apuntando sus preguntas, sus gritos, su asombro en un cuaderno que también puede ser la vida, la experiencia poética) son algo así como una atmósfera, una luz bajo la que fue posible la escritura de este libro. Cenizas de Pasolini es algo semejante. Tras leer Teorema (el guión cinematográfico de la película que lleva este mismo nombre y cuyo director es Pasolini) hace 17 años más o menos, quedé tentada para escribir un poema largo en varias partes donde aparecieran los elementos y los símbolos que más me habían perturbado en la lectura de Teorema. Pequeñas imágenes, un juego de luz y de sombra que guarda uno de los momentos de mayor intimidad que he logrado con una obra de arte”.


-También es para usted un momento esencial abordar el tema del amor y el erotismo: ¿Qué dimensión nueva, sensible y física les quieres provocar? 


“Me parece curioso que lo digas, porque no han sido temas esenciales para mí. En algunos poemas de Las Hijas del Espino se aborda uno que otro pliegue, pero nada más. Y son ellas, las voces que pueblan ese libro, quienes trajeron la necesidad de hacerlo, y por ende, las palabras para nombrar esos instantes. Tanto el amor como el erotismo son para mí territorios bastante transitados y por ello mismo temibles, altamente peligrosos. En algún momento, cuando sienta esa pulsión, quisiera escribir algo con la misma sensualidad de Anaïs Nin, de Djuna Barnes, con el carácter explosivo de Henry Miller, o la tibieza convulsa de Duras o Yourcenar. Tibieza que tiembla y grita y muerde. Sería interesante, pero por ahora estoy en este asunto de las palabras y el sol de su origen, y no sé cómo ni cuándo pueda salir del camino”.


-El libro inicial muestra un comienzo, que es necesario continuar, al que es necesario deberse: ¿Considera que ha iniciado un camino, el cuál no podrá nunca más abandonar inexorablemente? 


“Creo que hablaba un poco de eso anteriormente. Cuando escribimos, casi siempre nos acompañan algunos tópicos, símbolos, presencias que nunca nos abandonarán, así nuestras búsquedas vayan de un lado a otro, así tomemos varios caminos en poco tiempo, así nuestra estrella señale varios reinos... Una imagen, una manera de mirar, un gesto... En mi caso, como en el caso de muchos otros poetas, estaría la noche. ¿Cómo negarla? Ella es el símbolo del camino mismo, de la búsqueda, del inicio y la culminación de todo cuanto soy, de cuanto me construyo”.


-¿Cómo se relaciona usted con el sueño, lo maravilloso y la naturaleza? ¿Qué poder de imantación poseen para usted y como las lleva a su poesía? 


“Hay un carácter iniciático en la poesía, y es por ello que se nos da naturalmente una relación misteriosa con lo maravilloso, con esa conciencia otra del mundo que nos rodea. El sueño, la naturaleza en su estado salvaje, la ensoñación de la que hablaba Bachelard, y esos raros momentos de exaltación poética, de exaltación mística de los que gozaron tantos artistas y visionarios, son la prueba de esta correspondencia. No es gratuito que nos emocionemos frente a una obra del Bosco, o leyendo uno de los bellos poemas en prosa de Baudelaire o Aloysius Bertrand... Y es que esas epifanías también están en nosotros, tal vez no con la misma claridad con la que ellos las experimentaron, tal vez no con la misma intensidad, pero es porque existen en ti y en mí que las reconocemos, que las hacemos nuestras. Así mismo, estarán presentes en nuestra escritura. Son los vasos comunicantes de los que nos hablaba Breton. Siempre estaremos inmersos en lo que sucede, veámoslo o no, es real. El espejo y el otro lado del espejo. Ahí están. Y desde esa intuición escribo”.


-¿Procede por evocación o por invocación para hacer eclosionar el sentido de lo que hace, de darle sentido a lo que mira y la hace mirar?


“Por evocación y por invocación. Y lo dices bien, porque son estas, sin duda, la dinámica amorosa de la poesía. Habitar la memoria y el misterio que conllevan las palabras, las cosas, nuestra comunióncon ellas. A esa memoria y a ese misterio apelamos cuando nos urge la necesidad de comprender y de nombrar ciertas experiencias, cuando lo invisible viene a nosotros para que le demos una forma, una voz, un tiempo. Es una tarea difícil. Evocamos para hacer más nuestra la experiencia del mundo. Invocamos para que ese mundo por fin se nos revele, para que cada elemento diga su nombre y acepte”. 


-La mirada que exhaustiva que hace usted sobre el espacio poético, las cosas que hay en ese espacio y el vacío que propicia el espacio: ¿Qué buscan? 


“Entiendo por espacio poético la atmósfera que propicia mi escritura. En este caso, cada uno de sus elementos se abre a mi exploración, me permiten entrever sus formas, su manera de relacionarse con la luz del lenguaje, con el misterio que cada una de ellos alimenta. El vacío es como el silencio que los hace posibles, que les permite desplegar su existencia, su influencia sin que nada obstaculice su labor”.



La poesía y el poeta

-¿Considera que la poesía y el poeta tienen una misión y un papel que desempeñar frente al mundo, la sociedad de hoy? ¿Utopía? 


“Creo que el poeta es plenamente un hombre de su tiempo, y en esta medida debe asumirlo con una conciencia amplia, capaz de transformarse. Una conciencia que esté del lado de la verdad y la belleza, de la dignidad, de la libertad. No considero relevante si el poeta decide alistarse bajo un partido político o si por el contrario decide ser ‘el hombre de la buhardilla’. Su rebelión consiste en derribar los muros que le impiden ver, comprender, ampliar su horizonte”.




Las metódicas de su escritura

- ¿Cómo y cuáles son sus metódicas para escribir? ¿Qué necesita para llevar a cabo esta tarea? ¿Puede hablarnos un poco de su orden y de su técnica poética?


“Escribo cada vez que puedo. Cada vez que lo siento necesario en mí. Cada vez que algo me inquieta o me pregunta. Cada vez que rompe el asombro o el mar en calma de una experiencia cualquiera que haya vivido profundamente. No necesito casi nada, sólo el deseo de escribir. Siempre llevo mi libreta de apuntes a la mano. Siempre escribo rápido, como para no perder ninguna palabra, siempre siguiendo el ritmo de una respiración silenciosa, del miedo de no saber si llegaré hasta el final del poema o si se cortará en el aire y quedará en nada, palabras de humo y ceniza, palabras que son apenas un vidrio roto en el que se refleja el sol”.