Editorial


Ciclismo color de rosa
2 de Junio de 2014


El pasaporte biológico que le puso freno al dopaje en el ciclismo, les ha permitido a los colombianos mostrar su verdadero nivel en las carreteras de Europa.

Al cruzar la meta en Trieste, tras los últimos 169 kilómetros del Giro de Italia, el ciclista boyacense Nairo Alexánder Quintana hizo ayer realidad el sueño de la conquista de Europa que los dirigentes del ciclismo nacional se habían propuesto conseguir a comienzos de la década de los 80 y que tras las rutilantes apariciones de pedalistas como “Lucho” Herrera y Fabio Parra, había entrado en un letargo que por mucho tiempo hizo pensar a los aficionados que la idea, calificada en su momento de irracional, había sido definitivamente un fracaso.


 


Tres décadas después, con una generación que no había nacido cuando Patrocinio Jiménez y Martín Ramírez mostraron en carreteras francesas que los colombianos podían enfrentar de igual a igual a los ciclistas europeos, que solo sabían de oídas que Luis Herrera había ganado una grande, como lo fue la Vuelta a España de 1987, siendo aquella la mayor proeza hasta ahora del deporte de las bielas, la bandera de Colombia se volvió a izar en lo más alto del podio de una de las más importantes carreras del calendario mundial, con el añadido del segundo lugar en la general del antioqueño Rigoberto Urán, el título de los novatos para el propio Quintana y el título de la montaña para el antioqueño Julián David Arredondo.


 


El adormecimiento en que entró el ciclismo profesional colombiano en Europa en la década de 1990, cuando no se cumplió la meta trazada por la Federación Colombiana de Ciclismo de ganar un Tour, como lo planteó en su momento el directivo Miguel Ángel Bermúdez, no tuvo como único origen la falta de resultados que desanimó a los patrocinadores, sino la evolución que el deporte experimentó en el Viejo Continente y que dejó al margen de toda posibilidad de triunfo a los reconocidos “escarabajos”. El motor de tal evolución fue el desarrollo de sustancias estimulantes que llevaron a los europeos a un nivel de competencia casi sobrehumano y que, para bien del ciclismo en particular y del deporte en general, se fue desmoronando, llevándose en su caída los nombres de varios de los mayores ídolos de esta disciplina.


 


El pasaporte biológico que le puso freno al dopaje en el ciclismo, les ha permitido a los colombianos mostrar su verdadero nivel en las carreteras de Europa, el mismo que nunca perdieron, pues durante estos años en Colombia los clubes, las ligas y la Federación siguieron trabajando con dedicación y prueba de ello fueron las etapas que con cierta frecuencia ganaron los nuestros en las grandes carreras, entre otros Santiago Botero, Mauricio Soler y Félix Cárdenas. La cantera natural de ciclistas que es Colombia, específicamente los departamentos de Antioquia y Boyacá, siguió ofreciendo cada vez mejores corredores a los grandes equipos europeos, con el añadido de que los campeones de hoy fueron mejor alimentados y mejor formados que quienes nos ilusionaron incluso desde la década de los 70, cuando Martín Emilio “Cochise” Rodríguez ganó dos etapas del Giro de Italia.


 


El dominio abrumador de Colombia en el Giro 2014 nos llena de orgullo y de satisfacción, no solo porque con él se evidencia que los buenos resultados de esta generación de ciclistas, que se iniciaron con la medalla de plata de Urán en los Olímpicos de Londres, no son fruto de la casualidad, sino porque vuelven a poner al ciclismo como el deporte nacional. Y aquí en EL MUNDO, la alegría es aún mayor pues la afición por esta disciplina nos llevó a escoger este deporte como nuestro vehículo de interacción social mediante el Clásico Nacional Infantil, semillero reconocido por entrenadores y deportistas en cuya próxima versión veremos a miles de niños y jóvenes entusiasmados por ser como Nairo o como “Rigo” o como Julián, espejos que vale la pena ponerle a nuestra niñez.


 


También los jóvenes y los adultos, como se vio ayer en el Día de la Bicicleta celebrado en Medellín, tienen en los nuevos campeones una motivación para volver a tomar la “cicla” y salir a disfrutar de la inigualable sensación de libertad que genera. En la Colombia rural, de donde han salido la mayoría de los campeones, es a veces el único medio que tienen para llegar a su escuela o lugar de trabajo, mientras en las zonas urbanas gana terreno como modo de transporte sostenible. Para unos y otros, la bicicleta no solo acorta distancias sino que moldea un estilo de vida saludable que merece toda la promoción.


 


Hoy en Colombia el rosa es el color de moda, el ciclismo, a pesar de la proximidad del Mundial de Fútbol, es el deporte más popular, y los pedalistas están en boca de muchos como los hombres que el país necesita para conseguir una sociedad mejor. Nos unimos con alborozo a la fiesta nacional que constituye el título de Nairo Quintana, la destacada actuación de Rigoberto Urán, Julián Arredondo, Sebastián Henao, Fabio Duarte y toda la cohorte de “escarabajos” en Italia, y los animamos a seguir escribiendo páginas de gloria para el deporte nacional. Estamos seguros de que la espera, esta vez, no será tan larga.