Editorial

El riesgo de privatizar Isagén
29 de Mayo de 2014


Si las proyecciones del Gobierno Nacional se cumplen e Isagén es vendida a un inversionista privado, el país asistiría a una transformación profunda, e inquietante, del sistema.

Cuando conoció, a través de medios de comunicación y no de notificación jurídica, que el superintendente de Industria y Comercio ad-hoc había ratificado los condicionamientos a la Empresa de Energía de Bogotá para participar en la compra de Isagén, su presidente, la doctora Sandra Stella Fonseca, acusó al Gobierno Nacional de actuar contra las empresas públicas para favorecer a los proponentes extranjeros, la estadounidense Duke Energy, la estatal China Haudian Corporation, la francesa Generco, y la española Gas Natural, socia de Unión Fenosa en la cuestionada Electricaribe, y operadora de proyectos de gas. 


Dado que no hay un pronunciamiento oficial en torno a la propuesta del consorcio de EPM y la brasilera Cemig, queda la esperanza de que puedan participar por las acciones del Gobierno y luego realizar la OPA que los haría dueños de Isagén. Sin embargo, y teniendo en cuenta la denuncia de la doctora Fonseca, es necesario dotar a EPM de capacidad de vender, en caso de no poder comprar, para proteger su inversión y no quedar sometida a la condición de socio minoritario con un privado como mayoritario.


Colombia es una potencia en generación eléctrica. Los tradicionales recursos, agua, gas, carbón, han sido utilizados para forjar un sector fuerte, y las empresas han comenzado a explorar nuevas fuentes, demostrando el potencial del sector para atender las necesidades del país y convertirse en uno de los ejes del sistema interconectado del continente. Ese desarrollo ha sido posible por las riquezas naturales pero también por el equilibrio entre los inversionistas, creado por la Ley 143 de 1994. En efecto, las empresas generadoras públicas o mixtas con mayoría pública, como EPM, Emcali o Isagén; las privadas nacionales, como Celsia, y las extranjeras, como Emgesa o Gas Natural, han logrado mantener niveles crecientes de generación, en sistema de pesos y contrapesos que se extraña en la distribución en la Costa Atlántica, principalmente, aquejada por el abuso del monopolio distribuidor en manos de Electricaribe. 


Si las proyecciones del Gobierno Nacional se cumplen e Isagén es vendida a un inversionista privado, el país asistiría a una transformación profunda, e inquietante, del sistema. El primer y más notorio cambio se vería en el sometimiento del sistema a los criterios de rentabilidad y eficacia, legítimos para el sector privado, pero dudosos para un servicio público, en el que es preciso tender puentes entre la eficiencia y el bien común. Aunque algunos voceros insisten en que los órganos reguladores, en especial superintendencias y comisiones especializadas, tienen capacidad para controlar a los actores del mercado, o que el Estado invertiría donde fuese necesario compensar la ausencia del sector privado, la realidad contraría los auspiciosos anuncios.


En el contexto actual y cuando han transcurrido veinte años de aprobación de las leyes que transformaron el sector eléctrico y ante el afán de venta de Isagén, conviene revisar cómo se han comportado algunos de los agentes del sector.


Las empresas Emgesa, primero española ahora italiana, y AES Chivor, estadounidense, ingresaron al mercado colombiano en 1997. La primera como socia de la Empresa de Energía Eléctrica de Bogotá, propietaria de El Guavio, Betania, Paraíso y otras hidroeléctricas menores. Con la compra de Termocartagena obtuvo dos de las principales generadoras térmicas. Solo en 2010, inició obras en su primer proyecto de generación en el país, la central hidroeléctrica de El Quimbo, en el departamento del Tolima. No se ha comportado distinto la empresa AES Chivor, propietaria desde 1996 de la hidroeléctrica de Chivor, que le fue vendida por ISA, y que apenas avanza en la construcción de su primer proyecto. Qué contraste el que muestran las inversiones de estas compañías con las realizadas desde 1997 por EPM o Isagén. En los últimos trece años, EPM ha desarrollado la Térmica La Sierra, el parque eólico Jepirachí, y las centrales Porce II y Porce III además de cinco de mediana generación, y es socia del Idea en la construcción de Hidroituango. Isagén ha construido a Termocentro, y las hidroeléctricas La Miel I, Amoyá e Hidrosogamoso, que avanza en su etapa final. 


En tiempos regulares, son normales las diferencias entre generadores. Ante el riesgo del fenómeno de El Niño, las inversiones hechas, o dejadas de hacer, definirán la cantidad y el precio de energía disponible. Entonces, serán evidentes las disparidades entre empresas obligadas a entregar ganancias económicas y las que tienen lo social como prioridad. EPM ya anunció que de cumplirse el augurio climático, no modificará sus tarifas, noticia que demuestra las bondades del equilibrio empresarial, hoy en riesgo.