Editorial

El papa Francisco en Tierra Santa
27 de Mayo de 2014


Desde el pontificado de Pablo VI, los papas han visitado a Tierra Santa en una labor pastoral centrada en el di醠ogo ecum閚ico con cristianos ortodoxos y orientales, con jud韔s y musulmanes.

Desde el pontificado de Pablo VI, los papas han visitado a Tierra Santa en una labor pastoral centrada en el diálogo ecuménico con cristianos ortodoxos y orientales, con judíos y musulmanes. Que lo mantuviera, como lo hicieron Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI, era lo que se esperaba de la visita del Papa a Jordania, Palestina e Israel, que culminó ayer. Francisco, sin embargo, le imprimió sello propio al invitar a los presidentes Peres y Abbas a que oren con él por un acuerdo de paz de hebreos y palestinos, fundado en “la justicia, el reconocimiento de los derechos de cada persona y la seguridad mutua”.


Al nacer en lo religioso y espiritual, esta posibilidad puede llegar a adquirir gran valor simbólico, que respondería a características de pueblos milenarios apegados a sus tradiciones y que daría novedad a un proceso de búsqueda de mecanismos que permitan la coexistencia pacífica que pervive allí, pendiente de un hilo, temerosa de un mal momento, que pudiera ser el último. La expectativa toma fuerza por la aceptación de los gobernantes, a pesar de sus diferentes capacidades políticas, pues Abbas actúa como plenipotenciario de Al Fatah, mientras que el poder de Peres es casi simbólico, ya que en Israel el presidente es figura subordinada al primer ministro, dignidad que ostenta la centro-derecha, reacia a dar mayores concesiones a los palestinos.


El encuentro, que Su Santidad ha propuesto que se cumpla en el mes de junio, tendría como gran valor el de romper el hielo que se formó entre las partes a partir de la última semana de abril, cuando fracasó el proceso de acercamientos que durante nueve meses había guiado el secretario de Estado de la Unión Americana, John Kerry. La imposibilidad de que ese intento hubiese llegado siquiera a un mínimo acuerdo condujo a la desesperada declaración de un vocero oficial a The New York Times, diario al que le reconoció la impotencia de los mediadores “porque todo lo que demanda una parte, la otra está dispuesta a rechazarla de inmediato”, así ambos insistan en su interés por llegar a acuerdos.


¿Va a lograr el Papa lo que no pudieron los líderes mundiales que participan en el Cuarteto por el Oriente Medio (ONU, Unión Europea, Estados Unidos y Rusia) y no pudo Estados Unidos? En su intento, Francisco propone un nuevo punto de encuentro, y por supuesto de debate, distinto del práctico de la definición de territorios, repartición de recursos y reconocimiento de responsabilidades. El enfoque religioso ha sido poco explorado hasta ahora, a pesar de que tiene clara influencia en la división de los pueblos. Para facilitar un encuentro, el pontífice traza la cancha de conversación reclamando “que nadie instrumentalice el nombre de Dios para la violencia”.


Los gestos quedan para la memoria. En Jordania, acompañado por el rey Abdalá II, visitó un campo de refugiados cristianos, ante los que reconoció el papel del régimen para ofrecer su territorio como hogar temporal para quienes huyen de las violencias en Israel, Palestina y Siria. Después, en Belén, no tuvo límites para reconocer la existencia del Estado Palestino y para demostrar solidaridad orando ante el muro levantado por Israel para separar los territorios. Y al finalizar su viaje, tendió una mano al pueblo judío, haciendo un fuerte y explícito rechazo al Holocausto al reclamar a Dios que nos salve “de esta monstruosidad” y llamando al fin del terrorismo, rechazado fuertemente por los hebreos, del que dijo “es malo en su origen y sus resultados”. Antes había orado ante el Muro de las Lamentaciones junto a sus amigos de Buenos Aires, el rabino Abraham Skorda, y el mufí Omar Abboud.


Desde la instauración de la ONU, la ciudad de Ginebra, Suiza, había reemplazado a El Vaticano como punto de encuentro para el diálogo diplomático en un entorno neutral. Vaticanólogos reconocidos atribuyen al papa Francisco un interés por devolverle al pontificado el carácter de gran mediador de los conflictos entre los pueblos y a Su Santidad el lugar de “hombre bueno y figura de autoridad que el mundo busca”, como lo describió el profesor Philip Jenkins, de la Universidad de Baylor, a The New York Times. El papado apenas inicia su segundo año, tiempo escaso para definir si Francisco es el hombre que llenará el vacío de un liderazgo confiable tan necesario en el convulsionado presente.