Columnistas

Ultraje a la inteligencia
Autor: Rodrigo Pareja
27 de Mayo de 2014


De acuerdo con las más recientes estadísticas del Ministerio de Educación, en Colombia hay 2’700.000 analfabetas funcionales, lo que representa aproximadamente un poco más del 5 % de la población.

De acuerdo con las más recientes estadísticas del Ministerio de Educación,  en Colombia hay 2’700.000  analfabetas funcionales, lo que representa aproximadamente un poco más del  5 % de la población.


La inmensa mayoría de esas personas que nunca han estudiado o si acaso cursaron el primero o segundo grado de instrucción, están inmersas en los estratos más bajos los de la población urbana, en el campesinado y en los conglomerados indígenas.


No obstante puede afirmarse sin temor a equivocaciones, que el más iletrado de esa inmensa cantidad de colombianos que no han tenido jamás una oportunidad, sabe distinguir entre el día y la noche, el blanco y el negro o el frío y el calor.


Por eso resulta más insólita todavía la posición asumida por algún sector de la política colombiana, cuyos principales  personeros pretenden meterle el dedo en la boca a la sociedad, so pretexto de defender lo indefensable ante las abrumadoras evidencias que los comprometen y enredan, postura que no es más que un ultraje a la inteligencia de los colombianos.


Negar a pie juntillas esa relación que después se demostraría  era merecedora de mucho más que una “visita a saludar”; insistir en la negativa y después admitirla poniendo como escudo su “buena fe”, no sólo fue una torpeza sino la demostración de que desde algunos sectores a los colombianos se les considera una caterva de discapacitados mentales.


Querer convertir una comprometedora charla de más de veinte minutos con un sujeto ahora sub júdice por sus delincuenciales actividades, en una visita para un saludito nada más, es creer que los colombianos son imbéciles de solemnidad, aunque de pronto muchos de los seguidores del personaje sí lo sean.


Pretender enseguida que el comprometedor video que los muestra en un intercambio de opiniones sobre serios asuntos es un montaje, es volver a tener a los ciudadanos de este país como los más estúpidos e ignorantes del planeta.


¿Fue que acaso lo sentaron al lado de su pirata informático y él voluntariamente aceptó? Y accedió a decir lo que dijo, a preguntar lo que preguntó y a oir lo que oyó?  ¿Sería acaso su propio “asesor espiritual”,  presente en el episodio, quien lo indujo a posar y a hablar como lo hizo con el ahora sindicado de tantos delitos?


Es verdad que en el país hay 2.700.000 analfabetas, pero si se acepta en el peor de los escenarios que estos creen cuanta fantasía les cuentan, quedan todavía  otros cuarenta y dos millones de compatriotas  capaces de discernir, comparar y saber dónde está la verdad.


Ni qué decir del principal personero y promotor de esta guerra sucia en que se convirtió la actual campaña electoral, quien en su enfermizo y desaforado afán por regresar al poder, así sea en cuerpo ajeno, da la sensación de no tener hígados ni importarle que por el despeñadero se precipiten Sansón y todos los filisteos.


Jurar en falso para atribuir la autoría de un atentado contra Vargas Lleras a un ministro suyo inexistente;  asegurar el ingreso de dinero malo a una campaña y abstenerse de entregar las pruebas alegando una supuesta falta de garantías en la Fiscalía, son apenas dos de los vergonzosos episodios por él protagonizados.


Convertir después esas hipotéticas evidencias en meras informaciones, secundado por un penalista que fue el único de los 45 millones de colombianos que no escuchó en labios de su cliente la palabra pruebas, fue otra bofetada a la inteligencia de sus compatriotas.


Mantener el cañazo hasta lo último para favorecer  una candidatura, no corresponde a quien por su dignidad, debería tener otro comportamiento.


Para no ahondar en otras insensateces, hay que consignar que al personaje no le cuadra, con estas estrambóticas actuaciones, comenzar a minar la solidez del pedestal  que ya la historia le tiene reservado.