Columnistas

¿Y dónde está el Estado?
Autor: Iván Guzmán López
27 de Mayo de 2014


Si glosamos las últimas tragedias en Colombia y Medellín, nos damos cuenta de que la presencia del Estado, en el papel, es muy efectiva después de la tragedia, para recoger los muertos, prometer investigaciones exhaustivas...

Si glosamos las últimas tragedias en Colombia y Medellín, nos damos cuenta de que la presencia del Estado, en el papel, es muy efectiva después de la tragedia, para recoger los muertos, prometer investigaciones exhaustivas y jurar  a la comunidad castigo para los culpables. Pasados pocos días, aún sin enterrar a los muertos,  el Estado no vuelve a aparecer, se desvanecen las investigaciones efectivas y los culpables están libres, en paz, exigiendo y hasta demandando al Estado. 


Después de la tragedia de los niños de Fundación, ciudad mítica del Magdalena, por hacer parte del eje bananero, Aracataca-Ciénaga-Fundación, epicentro de la histórica Masacre de las Bananeras, descrita por Gabito, en Cien Años de Soledad (“Cuando José Arcadio Segundo despertó…, se dio cuenta de que iba en un tren interminable y silencioso, y de que tenía el cabello apelmazado por la sangre seca y le dolían todos los huesos. Sintió un sueño insoportable. Dispuesto a dormir muchas horas, a salvo del terror y del horror, se acomodó del lado que menos le dolía, y sólo entonces descubrió que estaba acostado sobre los muertos. (…) Debían de haber pasado varias horas después de la masacre, porque los cadáveres tenían la misma temperatura del yeso en otoño... veía los muertos hombres, los muertos mujeres, los muertos niños, que iban a ser arrojados al mar como el banano de rechazo”), llegó el Estado en todas sus manifestaciones, formas y figuras, pero pronto dirán que en Fundación no ha pasado nada. Como en Macondo: “Seguro que fue un sueño”, insistían los oficiales. “En Macondo no ha pasado nada, ni está pasando ni pasará nunca. Este es un pueblo feliz”. Después de la tragedia, en la cual murieron 32 niños (y creo que esto ¡sólo pasa en Colombia!), llegó toda clase de lamentos, atenciones y ofrecimientos: “Procuraduría y Fiscalía solicitó al Icbf la conformación de equipos de especialistas psicosociales que atiendan con la debida oportunidad las necesidades (sic) de quienes perdieron a sus seres queridos”; “se brindará  un apoyo económico con recursos del Fosyga, que tiene por objeto cubrir los gastos de traslados, de atención integral en salud, funerarios y de indemnización por la muerte de los niños”. “La atención según el ministro de Salud y Protección Social, Alejandro Gaviria, será médico-quirúrgica, que incluye cuidado inicial de urgencia y solicitud de urgencias; hospitalización; suministro de material médico-quirúrgico, osteosíntesis, órtesis y prótesis; suministro de medicamentos; tratamientos y procedimientos quirúrgicos; servicios de diagnóstico y rehabilitación”. Los gastos que superen el valor destinado por el Fosyga serán asumidos por la respectiva entidad promotora de salud EPS (qué tal esta perla), a la que esté afiliado el menor o por la gobernación del Magdalena”. Al Ministro se le olvidó el ¡servicio de resurrección! para los 32 niños. 


Además de esas coberturas “el gobierno anunció una indemnización por muerte para cada una de las víctimas, que deberá ser reclamado por sus familiares… y que equivale a 12.3 millones de pesos. También hay una indemnización por gastos funerarios hasta por 3 millones  de pesos  y…bla…bla…blá… 


Igual que pasó en Medellín, con la tragedia Space, donde el Estado, en cabeza de Claudia Restrepo, corrió para que los medios los mostraran como héroes en la defensa de los afectados. Entre tanto, los culpables se burlan, hablan de “repotenciar”  y condicionan al gobierno local. En el caso de los niños de Fundación, no pasará nada. Juan Gutiérrez Ospino, el pobre conductor empírico que trabajaba sin licencia, y que “ese mismo día, teniendo 180 pasajeros a bordo hizo 3 viajes”, en un bus que no podía estar rodando, seguramente por la fuerza de su pobreza, será condenado a la máxima pena. Los de Space, por la fuerza de su riqueza, seguramente no serán condenados… En ambos casos, la Secretaría de tránsito y transporte de Fundación, que no ejerció ningún control, como ocurre en Medellín con el transporte pirata e informal, seguirá inmaculada, engordando burocracia, y en Medellín se seguirán entregando licencias y los curadores seguirán en su juego.   


Este es el drama de Colombia, un país que no previene, que no regula, sin justicia y que goza recogiendo a sus muertos. En poco tiempo, todo será olvidado. Y aunque el Papa Francisco, según el telegrama de Pietro Parolin, secretario de Estado  vaticano, “quedó hondamente apenado”, todo será olvidado. “Seguro que fue un sueño”, dirán. “En Macondo no ha pasado nada, ni está pasando, ni pasará nunca. Este es un pueblo feliz”.