Columnistas

Un pacto ético para La Paz
Autor: José Hilario López A.
22 de Mayo de 2014


Cuando con nuestro voto estamos próximos a decidir este domingo sobre el apoyo que requiere nuestro presidente y su equipo negociador en La Habana.

Cuando con nuestro voto estamos próximos a decidir este domingo sobre el apoyo que requiere nuestro presidente y su equipo negociador en La Habana,  para avanzar hacia un feliz término  las negociaciones de paz con  las Farc, es oportuno referirnos  al documento “Pacto Ético por un País en Paz”  que promueve El Colectivo de Pensamiento y Acción de Mujeres, Paz y Seguridad.


El documento https://secure.avaaz.org/es/petition/Construir_acuerdos_eticos_que_nos_permitan_ganar_la_paz/?pv=6)  empieza por celebrar y reconocer que la negociación del conflicto que desgarra nuestro país, es uno de los caminos para lograr una paz transformadora, sostenible y duradera. A continuación señala y enumera los demás caminos y cambios en nuestro ser nacional que estas valerosas mujeres, que representan justamente a quienes más han sufrido esta nuestra ya sexagenaria guerra, consideran que es necesario construir para lograr una paz duradera, con equidad e inclusión social, y que de manera breve y muy apretada resumo a continuación:


Reconocer la humanidad y el derecho a la vida de todas las personas que habitan este nuestro país.


Reconocer, respectar y valorar las diferencias: nadie tiene la verdad absoluta ni en política, ni en nada, agregaría yo, de lo conforma nuestra humana y frágil opinión. 


Identificar y cuestionar los intereses, imaginarios y mitos que mantienen la violencia.


Defender políticas de seguridad centradas en los seres humanos y basadas en el respeto integral y efectivo de todos sus derechos.


Promover el respeto y realización efectiva de los derechos humanos y la justicia económica, con equidad, por parte del Estado, las empresas y la sociedad en su conjunto.


Desterrar las prácticas oportunistas, corruptas, manipuladoras y criminales presentes en todos los sectores del país.


Reconocer y superar el dolor causado por todas las violencias que nos desgarran.


Promover diálogos activos (y constructivos), cuidando a las personas que piensan de manera diferente.


Promover y exigir formas éticas no violentas de ejercer la política, dando valor a lo público como patrimonio colectivo.


Toda una pedagogía para el trabajo en el posconflicto que espera a toda la sociedad colombiana, pero que desde ya, de manera decidida, debemos iniciar y mantener en el tiempo como práctica de una cultura nacional para una paz duradera.