Columnistas

Una paradoja entre dos mares
Autor: Pedro Juan Gonz醠ez Carvajal
20 de Mayo de 2014


El t韙ulo de esta columna sirve para describir a nuestra querida Colombia, tan bien situada, tan rica, tan exuberante, pero tan mal administrada, tan mal querida y tan mal potenciada desde sus inicios como rep鷅lica independiente.

El título de esta columna sirve para describir a nuestra querida Colombia, tan bien situada, tan rica, tan exuberante, pero tan  mal administrada, tan mal querida y tan mal potenciada desde sus inicios como república independiente.


Ante la inusitada divulgación y preocupación (?) por los resultados de las pruebas Pisa, de nuevo, estamos vendiendo el sofá. Ahora parece que la culpa de todo lo tienen los maestros y los profesores y que están fuera de cualquier juicio de responsabilidad, las familias, el Gobierno, las instituciones educativas, las comisiones de sabios  (que ni son sabios y mucho menos pedagogos), las políticas educativas, los recursos asignados, el manejo de la educación pública y el manejo de la educación privada, entre otros tantos.


Presenta el Gobierno  el nuevo Sistema Nacional de Formación de Educadores, lo cual es pertinente y trata de resolver inocultables debilidades en este proceso, pero  expresa el gobierno que la formación de maestros no puede hacerse empleando la modalidad a distancia, si no solamente la modalidad presencial, pues esto dificulta su preparación en temas de prácticas y manejos de grupo. ¡Qué estupidez! ¡Qué manera tan torpe de ser anacrónico e ir en contravía de las tendencias mundiales!


Que el Gobierno entonces muestre cómo y con cuáles resultados  ha logrado preparar, hasta la fecha,  a los maestros en los distintos departamentos del país, tan variados y tan distantes, y  cómo lo seguirá haciendo a partir de semejante e inapropiada reflexión.


Pasando a otro asunto, el tema de la negociación del Gobierno con  los campesinos bajo la amenaza de un continuado paro agrario, solo se resolverá de una vez y por todas cuando Colombia tome la decisión, a través del Estado y no de los gobiernos de turno, de considerar la soberanía alimentaria como un asunto de seguridad nacional, un asunto estratégico y como uno de los principales objetivos nacionales. Ministros de innegables vinculaciones a nivel sub sectorial pero de gran desconocimiento a nivel integral, no son los llamados a solucionar, ni a liderar, ni mucho menos a encontrar, la solución a la actividad fundamental de la vida rural colombiana.


Desde que hace algunos años la FAO nos dejó de considerar como potencial despensa alimentaria del planeta. El grito se ha debido poner en el cielo, pero en mi amada Colombia, eso no sucede, pues la clase dirigente no ve más allá de sus narices y de sus intereses particulares, y al resto de la población la carcome la indolencia.


¿Qué hacer con la minería? ¿Qué hacer con el impacto ambiental de la minería?


No es hablando de locomotoras, o de submarinos o de aviones que la vamos a poder explotar racionalmente.


A través del mundo se muestran experiencias exitosas de países que han sabido explotar y aprovechar sus recursos mineros, haciendo contratos previsores y defensores de los intereses nacionales, así como se encuentran evidencias de países devastados por la incapacidad o complicidad de los gobiernos de turno al firmar convenios de explotación leoninos que en nada benefician al país, y sí, y mucho, a las empresas explotadoras, nacionales o internacionales y a los corruptos y vende patrias de turno.


Recordemos a Winston Churchill cuando dice: “Para mí, una nación que trate de lograr más prosperidad a base de impuestos es como un hombre metido en un cubo y tratando de elevarse tirando del asa”.