Columnistas


Francamente
Autor: Henry Horacio Chaves P.
15 de Mayo de 2014


Esta noche en la librería Panamericana de El Poblado, se hará la presentación del más reciente libro de Jorge Franco: El mundo de afuera.

Habíamos sabido de su existencia por la proclamación del premio de novela Alfaguara 2014, que le anunció ni más ni menos que Laura Retrepo, quien con Delirio, hace 10 años, había sido la primera colombiana en recibir ese premio. Ella, como presidenta del jurado, descubrió tras el seudónimo Antonio Bejamín, una pluma seria, con oficio y con asuntos por contar. Franco, es el tercer colombiano en recibir ese premio, después de Laura y de Juan Gabriel Vásquez por El ruido de las cosas al caer. 


Jorge Franco ganó un importante reconocimiento con las versiones cinematográficas de dos de sus éxitos literarios: Rosario Tijeras y Paraíso Travel. Sin embargo su obra es más amplia y muy honesta. En Melodrama, por ejemplo, probó que es capaz de describir, construir personajes y echar mano del humor negro con seriedad y aplomo. Pero sobre todo, ratificó su capacidad de cronista de una época sin hacer concesiones y sin abandonar la condición de novelista.


El mundo de afuera, que se representará hoy en una librería, es una novela que él reconoce inspirada en uno de los primeros secuestros publicitados en el país, el de Don Diego Echavarría Misas. Pero entiendo que más que esa crónica, es el relato de quien vivió cerca a su casa-castillo en las décadas de los 60 y 70 del siglo XX y espió a Isolda, su hija, quien vivía un poco secuestrada en el lugar, para mantener su pureza. Una historia que siempre ha conmovido y que tiene todo que ver con nuestro entorno, pero que el propio autor advierte nutrida con elementos fantasiosos, propios de la literatura que pertenece al mundo de la ficción, que no al rigor periodístico. 


El jurado que le otorgó el premio Alfaguara destacó que “se trata de una historia de amor nada convencional, sorprendente, que surge a partir de una impostura y del poder y las posibilidades del azar”. Una historia que el escritor ubica en El Castillo que habitó Isolda, el mismo que hoy es un museo, en el que además se hacen celebraciones como bodas, se han hecho videos musicales, programas de televisión y toda suerte de espectáculos. Un lugar que se le antojaba, por todo eso y más, como el apropiado para la presentación de la novela galardonada en la que el jurado también reconoció “su capacidad para construir nuevas existencias”.


Sin embargo, hace dos días, la junta del Museo le comunicó a Jorge Franco su decisión de cancelar la presentación del libro. Un mensaje que él y muchos leímos como una censura, anacrónica como toda censura, y vergonzante porque ni siquiera se argumenta como tal. Francamente es muy triste que en épocas como ésta los espacios “culturales” estén manejados con criterios tan estrechos. Preocupa el miedo a la literatura, a la palabra, a la otra mirada. Es una lástima que desde El Castillo se siga mirando con tanto desconcierto, ese mundo que está afuera, sin entender seguramente, que los fantasmas inevitablemente nos habitan siempre desde adentro.