Columnistas


Orientación profesional universitaria
Autor: Danny García Callejas
14 de Mayo de 2014


Una adecuada orientación profesional puede hacer la diferencia en la vida de una persona.

danny.garcia@udea.edu.co


Cuando niño, pensaba que me dedicaría al mundo de la pornografía. Sin embargo, tenía dos muy pequeños problemas. Sí, lo confieso: era malo para la actuación y poseía pésima memoria. También tenía un problema de dotación: mis orejas eran demasiado pequeñas y mi nariz muy redonda —entre otros—


También pensé en convertirme en monja. En este caso descubrí que es una labor exclusiva para quienes les quedé bien el velo. En mi caso se me ve terrible. Lo mismo con el sacerdocio: por mi estatura siempre quedaría por debajo del altar. Con la música, peor aún: seguro me describirían como el tipo con voz de grillo.


Afortunadamente, en mi época había pocos programas. La geografía apenas se estaba convirtiendo en moda, luego del descubrimiento de América. Pero fue la economía la que me sedujo y la estudié por la misma razón que expresaba Joan Robinson: “para evitar ser engañada por economistas”. Y es verdad, porque ahora desconfío de todos los economistas y sus recomendaciones, en especial las mías.


La ventaja es que con la poca oferta de programas siempre pensé en estudiar economía o arquitectura —sin duda ambas muy relacionadas—. A la final, mis garabatos me convencieron que debía aprender economía —por lo menos hasta ahora no he quebrado ningún banco, aunque vivo con saldo en rojo—.


En 2014, escoger un programa es más difícil y complejo. De poder pagar los estudios universitarios, elegir entre programas como Relaciones Internacionales, Ekística, Estudios y Gestión Cultural o Finanzas es todo un reto. Primero, un bachiller ignora qué hace un internacionalista o un profesional en ekística. Segundo, quizás todo lo que parezca relacionado con dinero será privilegiado pues “mijo, tiene que escoger una carrera que dé plata”.


Al final del día, todos queremos salvar el mundo, tener poder o mucho dinero por lo que medicina, administración de empresas o derecho parecen ser las mejores candidatas. El problema radica en que los más jóvenes, en ocasiones, desconocen a lo que se enfrentan. Allí es donde las universidades y tecnológicos deben trabajar junto con los colegios para difundir la oferta de educación superior.


Bachilleres bien informados sobre los programas disponibles en las instituciones de educación superior podrán tomar mejores decisiones. Reconociendo su vocación o habilidades, los graduados identificarían los programas en los que asegurarían mayor éxito como estudiantes y profesionales reduciendo la deserción temprana y tardía en el nivel terciario de educación, como lo sugieren diversos estudios sobre el tema.


Luego, una reforma a la educación superior debe contemplar la coordinación y articulación entre las instituciones universitarias y las de educación media. Llevar la oferta de educación superior a los colegios es una forma de brindar oportunidades y facilitar el buen juicio. Así haremos soñar a los estudiantes con ingresar a una institución de educación superior y reduciremos la deserción gracias a la orientación profesional universitaria.


* Profesor, Departamento de Economía Universidad de Antioquia