Columnistas


¿Qué ensucia esta campaña?
Autor: Hernán Mira
14 de Mayo de 2014


“El simple político del poder, que también entre nosotros es objeto de un fervoroso culto, puede actuar quizás enérgicamente, pero de hecho actúa en el vacío y sin sentido alguno”. Max Weber.

Esta es una campaña electoral sucia; estas aguas trajeron esos lodos, como se dice. Porque en el país donde la corrupción es ama y señora de la vida política, de lo público y también de lo privado, muy poco se podía esperar que un debate electoral como ahora fuera limpio, decente y honesto. El revanchismo, la venganza, el agravio, dominan el escenario de las dos campañas que ahora dominan en las encuestas. Y las propuestas de cambio, de dignificar la política, de trabajar por la equidad o de lucha contra la corrupción, no aparecen en medio de los insultos de los dos contrincantes punteros.


Lo que ensucia esta campaña es, sin duda alguna, la falta de ética política muy evidente en estos dos púgiles. Maquiavelo, que en El Príncipe postula la separación de lo político de lo moral, es amo y señor de estas campañas. Su consejo diciendo que lo político no debe guiarse por criterios morales o religiosos que moderen su comportamiento y limiten sus objetivos y estrategias para conseguir el poder, lo siguen sin reserva en esta contienda. La ética en la política, dice en El Príncipe, se justifica solo cuándo se desarrolla aparte de la moral personal; la ética solo es válida para lo privado y carece de sentido en las grandes decisiones de los poderosos. Esto si que lo vivimos acá a diario, no solo en este debate sino en los recientes desastres de constructoras y firmas inversionistas financieras.


En la clase política manda la parada eso de “yo me ciño a la ley” que es como una forma de no “enredarse” o comprometerse en serio con la ética, ni la política, ni la civil, ni la pública. Ya el candidato Zuluaga ha dicho “mi ética es la ley” lo que muestra una subordinación de la ética a la ley, cuando es lo contrario. Y su gran mentor y mecenas, Uribe, va más allá cuando dice que su ética es él, cuando es un compromiso honesto con los otros y uno mismo. Mientras la candidata Ramírez propone que se vuelva a enseñar la urbanidad de Carreño, como si solo con las buenas maneras se pudiera tratar el gran vacío ético que tenemos. Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa. 


Nada de pensar en el “Estado ético” de Aranguren que inscrito en las estructuras jurídicas y administrativas, es un Estado que no es simplemente de derecho, como el liberal, sino de justicia que se rija por los Derechos Humanos, sociales, económicos y culturales. La democracia real, dice, es bien distinta a la que muestran los políticos profesionales, se entiende más que nada como moral, como cambio cultural, como actitud, como una forma de vida, algo así como una nueva moral cívica. En la guerra lo primero que se asesina es la verdad y en esta guerra sucia, una vez más, se asesina la ética.


CODA. Esta es la campaña del gran circo para que nos olvidemos del pan que es una obligación primaria de cualquier gobernante. "Nulla política sine ethica"