Columnistas


La mitolog韆 del 閤ito
14 de Mayo de 2014


A la hora de pensar en el talento y en las distintas formas de incentivarlo se hace imposible no considerar los aspectos que pueden llegar a hacer m醩 dif韈il su desarrollo o incluso a inhibir su aparici髇.

lucianny.nanclares@gmail.com


Dentro de las múltiples causas que eventualmente pueden entorpecer el desarrollo de un joven con talentos excepcionales podemos encontrar la hostilidad del ambiente, la carencia de medios económicos o la indiferencia de los padres, docentes e instituciones educativas. Hoy nos centraremos en una en particular: la mitología del éxito.    


Por ella entendemos el acervo de ideales  con los cuales nuestra época etiqueta al talento y lo limita de manera a veces exclusiva a la rentabilidad que éste podría representar.  En otras palabras, todos los talentos deben estar supeditados a uno solo: el talento de conseguir dinero.  Entonces aprobamos y aplaudimos el potencial de los individuos solo si este potencial genera fama, poder, una casa lujosa, un auto envidiable, una pareja emocional que cumpla con los estándares que la sociedad reclama, una facilidad para pagar las cuentas.  Lo anterior, además de limitar el espectro de la emergencia del talento – pues sólo se consideraría como tal aquel que presentase de manera inmediata la acariciadora brisa del lucro –  tiende a dejar de lado manifestaciones exigentes del talento que requieren de años de esfuerzo, paciencia y cultivo para rendir sus frutos, finalmente sucedidos de inmenso placer, gozo y felicidad.


Limitar el talento a los beneficios inmediatos que éste podría ofrecer es no comprenderlo y, a veces, equivale a cerrarle las puertas en la nariz.  Pues el legado que durante siglos de trabajo ha construido la humanidad suele tener un valor muy alto pero un precio difícil de tasar.  Así mismo, dado que lo excepcional del talento radica más en la constancia y la dedicación que en chispas divinas de genialidad, no condicionar un desarrollo tranquilo y paciente para el mismo puede ser sinónimo de su desaparición.


Niños y jóvenes que crecen atizados por las mitologías del éxito pueden verse agobiados por la presión de familias, de docentes y de las sociedades que desprevenidamente vuelcan todas sus esperanzas económicas en el “talentoso”, ejerciendo de este modo un constreñimiento que en ocasiones puede generar hastío y cansancio en lo concerniente al talento.  Pues el desarrollo del mismo requiere tiempo, tranquilidad y, sobre todo, deseo; un deseo terco de crear y aprender que en ocasiones responde únicamente a la voluntad de su propio capricho, de su propio jugueteo en las llamas del ser. La mitología del éxito, enfrascada en el lucro, desvirtúa y degenera el que es quizá el sentido, la esencia de la pasión que un ser talentoso encuentra en su oficio: el gusto, el placer y la felicidad.