Editorial

Son terroristas
12 de Mayo de 2014


No corresponde, pues, a la Unión Europea, declarar o no terroristas a las Farc, quienes consiguen o no recibir tal calificativo son quienes con sus actuaciones criminales siguen demostrando que lo merecen.

En los 18 días transcurridos entre el domingo 22 de abril y el jueves 8 de mayo, tres misiones médicas de Antioquia han tenido que enfrentar agresiones graves. Estas acciones, oportunamente informadas por la Gobernación del departamento, son calificadas en el mundo como graves violaciones al Derecho Internacional Humanitario y ocurren cuando las guerras se degradan. 


El domingo 29 de abril, guerrilleros de las Farc detuvieron una ambulancia que transportaba a un campesino herido en Ituango hacia Medellín y asesinaron al paciente. La acción, esta vez contra una mujer, se repitió el jueves pasado en el recorrido del corregimiento Puerto López a la cabecera municipal de El Bagre, región con fuerte presencia de las Farc, a veces en alianza con las bacrim. Desde el 22 de abril, las Farc impidieron el trabajo de médicos y enfermeras destinados al corregimiento Puerto Claver, hecho que se informa fue superado.


Mediante la Resolución 4481 del 28 de diciembre de 2001, el Ministerio de Salud reglamentó las condiciones para que un organismo o un acto de atención en salud sean reconocidos y respetados como “Misión Médica” y cobijados por los Convenios de Ginebra sobre Derecho Internacional Humanitario, y las convenciones de Naciones Unidas sobre misiones humanitarias. Esto significa que todo ataque a quienes porten los emblemas de “Misión Médica” habiendo cumplido las exigencias del Ministerio, es un hecho terrorista violatorio de convenios internacionales sobre el derecho de guerra. En los casos de los ataques a ambulancias en Antioquia, existe el agravante de dos homicidios de personas civiles, herido uno, enferma otra, o sea de “homicidio en persona protegida”, que es serio agravante para considerar los hechos como acciones terroristas.


A poco de cometer estos delitos, las Farc se dirigieron a la Unión Europea -no especificaron si a la Comisión o si al Parlamento- reclamando su “contribución a la paz” de Colombia mediante la exclusión de ese grupo de la “lista de organizaciones terroristas”. Lo piden, dicen en comunicado en su sitio web, porque pretenden “contar a esos pueblos la verdad incómoda que el régimen pretende ocultar” y para que se les permita “la apertura de una oficina de representación político-diplomática que funcione con todas las garantías pertinentes”. Para entender, lo que la guerrilla le está pidiendo hoy a las 28 democracias de la Unión Europea es que las empiecen a tratar como un organismo beligerante y legítimo en su combate al Estado y al pueblo colombiano, un estatus equiparable al que recibe Al Fatah, grupo que perdió su condición de terrorista cuando renunció a la violencia, recibió la administración de los territorios palestinos y comenzó a buscar una solución pacífica al conflicto con el Estado de Israel. 


A diferencia de los palestinos, las Farc aspiran a recibir tratamiento privilegiado como organización beligerante pero obtenerlo gratuitamente, pues poco o nada han demostrado su voluntad de paz y afán de reconciliarse con la mayoría del pueblo colombiano a la que han afectado con su guerra de medio siglo. Justifican su pretensión porque aducen haber gozado de esa condición en los años 90 y haberla perdido tras la unión del mundo occidental contra el terrorismo y en virtud de la acción diplomática del Gobierno del presidente Uribe, que informó a los países amigos de Colombia sobre el carácter terrorista de las Farc y consiguió que los estados democráticos les levantaran los privilegios de que gozaban hasta el 2001. Además de la condición de beligerante, la guerrilla busca que se levante el bloqueo económico a sus jugosas cuentas en la banca europea; que se elimine el control a sus operaciones comerciales (con drogas y armas), y sobre todo, seguir conquistando incautos a través de “colectas” organizadas por revolucionarios de salón que resuelven sus culpas financiando guerras de ultramar en las que nada pierden, por supuesto. 


El carácter terrorista de las Farc está dado por sus actos, significa, entonces, que es ontológico y lo será mientras ese grupo ilegal persista en atacar al pueblo colombiano o los residentes en el país con acciones fuera de combate y violatorias de los derechos humanos. No corresponde, pues, a la Unión Europea, declarar o no terroristas a las Farc, quienes consiguen o no recibir tal calificativo son quienes con sus actuaciones criminales siguen demostrando que lo merecen. ¿O aceptaría la UE que el mundo se lo levantara a Eta si estuviese cometiendo esos hechos?