Columnistas

¿Dónde están mis chiros?
Autor: Mariluz Uribe
11 de Mayo de 2014


Fui modelo por años y luego escogida entre las Diez Damas elegantes, así que me voy a permitir hablar de chiros.

Fui modelo por años y  luego escogida entre las Diez Damas elegantes, así que  me voy a permitir hablar de chiros. Estamos en época de  simplificación. La fuga de un trozo más de la vestimenta no es sino un paso más. Me refiero a la parte de arriba del bikini.**  ¡Y si anunciar es vender, cómo harán las mujeres musulmanas!


Retornemos  los tiempos en que existían pocas cosas porque no se habían inventado muchas. Una piel si hacía frío y de resto collares y pintura, porque joyas y maquillaje ***  nacieron primero que la ropa y por supuesto primero que la vergüenza, el pudor y tal.


Cuando el vestido quedó completamente creado, los trajes fueron largos y tuvieron mangas, cuello, boleros, galones, piedrecillas, bordados, entredoses, pliegues, recogidos, y mucha tela, lo que hizo la fortuna de los comerciantes, después de haber dado origen a las fábricas. Crinolinas, ligueros y fajas y corsés, que lograban que las damas se desvanecieran cuando les era necesario, para que alguien tuviera que correr con  “las sales”. Sutil manera de llamar la atención y de que la desabotonaran a una... 


No se usaban calzones porque la ropa llegaba al suelo,  la salud era mejor por  la ventilación. Cuando llegó la falda corta hubo que cubrir el vecindario. Los calzones, dicen que las monjas no los usaron, porque al mandar sus hábitos para que fueran aprobados por el Santo Padre, les daba pena mandar algo que se ponía en lugar pecaminoso, entonces como dicha prenda no había sido “aprobada”,  no se podía usar. En el colegio siempre quisimos empujar una monja escaleras abajo.


Se llevaban medias y botas que necesitaron  calzador y abotonador. Las medias que ocultaban la carne se hicieron transparentes y la bota quedó reducida a una suela con punta y tacón. El aristocrático guante abotonado se detuvo en la muñeca. Una vez le cortaron los dedos imitando a los motociclistas de Los Ángeles. Finalmente desapareció


Los sombreros tenían cintas velos, flores, alas, copa. Las manos pulseras, guantes y anillos en todos los dedos. Las uñas brilladas con polissoir. Las cabezas llevaban pelo largo como hoy, con rulos, moños, postizos, lazos y hebillas. Estos peinados producían desmayos, como dice la frase del dramaturgo colombiano Vargas Tejada: “¡Quítame la peineta Mariquita que me empiezan a dar las convulsiones!”


Luego el pelo perdió su categoría de atractivo para enredar a los hombres, y para contradecir al filósofo criticón, apareció la nuca pelada mientras las ideas empezaron a crecer desmesuradamente: Schopenhauer había dicho que la mujer era un animal de ideas cortas y cabellos largos. 


En los Años Veinte las que en la Bella Época de 1898, no mostraban el tobillo, se empeñaron en descubrir la rodilla. Había que montar en tren, ómnibus, coche automotor: Roadster  descubierto atrás.


Pero todo esto pasó a la categoría de recuerdo, entre otras porque no había fortuna que resistiera la compra  de esos atuendos y las hábiles costureritas que se ocupaban de tanto firulete, pasaron a mover manijas en las fábricas. Revolución industrial, las mujeres como los hombres, de overol a lo chino maoista. ¿Cuál fue  la razón? Yo diría que  la superpoblación que se iguala por lo más fácil. Y si la cosa sigue como va, pronto todos vestiremos únicamente nuestra propia piel. ¡Mejor! Tan elegantes eran Adán y Eva que se sedujeron mutuamente aunque dizque resultó Pecado Mortal.


**Bikini la isla del Pacífico donde se hicieron experimentos nucleares y quedó totalmente arrasada, sobrevivió el árbol Ginkgo Biloba. ¡Siempre algún árbol! 


*** Palabra nacida en la Guerra. Maquis significa maleza, arbusto, en francés, y detrás de los “maquis” se escondían los soldados por eso quedaban “maquillés”, ocultados!


*Psicóloga PUJ y Filóloga U de A