Columnistas

Más allá de los acuerdos de La Habana
Autor: José Hilario López A.
7 de Mayo de 2014


Más allá de las negociaciones de paz que el Gobierno Nacional y las Farc están adelantando en La Habana, una vez alcanzados los acuerdos básicos para cesar la guerra se iniciará el difícil proceso de reconciliación...

Más allá de las negociaciones de paz que el Gobierno Nacional y las Farc están adelantando en La Habana, una vez alcanzados los acuerdos básicos para cesar la guerra se iniciará el difícil  proceso de reconciliación no sólo entre las fuerzas beligerantes, sino y sobre todo de la sociedad colombiana herida por una confrontación que ya va pasa del medio siglo.  Este proceso, denominado el posconflicto, exige desde ya desarrollar una pedagogía que oriente a las partes y a todoslos colombianos en la búsqueda de una sociedad madura donde se pueda convivir  y resolver los conflictos, sin necesidad de tener que acudir a las vías violentas.


Entre las iniciativas que varias organizaciones sociales y académicas están trabajando para prepararnos para el posconflicto, quiero destacar el proyecto de investigación de la Universidad de Antioquia denominado “El mal moral y el perdón como una posible respuesta ética ante el daño”. Se trata comolo define la directora del proyecto, Profesora Liliana Molina, de una exploración multidisciplinaria desde los campos de la filosofía, el derecho, la antropología, la historia, la sociología y la psicología, entre otros, para entregar a la comunidad un instrumento que pueda aportar guías al arduo trabajo que se le espera al país, y del cual no tenemos experiencias propias.  Durante el primer semestre del año en curso, El Instituto de Filosofía de  la U. deA. ha estado presentando y discutiendo con otros estudiosos y público en general los avances de las investigaciones hacia este gran propósito, ensu Aula Abierta institucionalizada desde hace 13 años en la Biblioteca Pública Piloto. 


Tal como lo señala Instituto de Filosofía en la presentación de los alcances de su propuesta, es posible y necesaria una ética del perdón que en esencia se considera la base de la reconciliación de los colombianos todos, víctimas y victimarios, para reencontramos en una sociedad tolerante y equitativa.  Para ello no sólo es necesaria una completa catarsis de nuestra tragedia nacional, que nunca ha hecho la sociedad colombiana. La actual violencia, según estudiosos de nuestra historia, tales como el sociólogo francés Daniel Pecau, esla misma confrontación de intolerancias de los años cincuenta del siglo pasado, agravada en los ochenta por el narcotráfico, viejo conflicto que El Frente Nacional  pretendió cancelar con el pacto bipartidista, sin profundizar sobre sus causas y consecuencias.


Este columnista recuerda el renacer de los odios partidistasante la catástrofe del Terremoto de Armenia hace 15 años, que llevó a enfrentar de nuevo pueblos liberales y conservadores de esa zona del Eje Cafetero, con participación de personas que en su mayoría no habían nacido cuando empezó el Frente Nacional.  Esto mismo, pero magnificado, podrá perpetuarse en nuestra memoria colectiva sino ejercitamos una terapia adecuada para el posconflicto.


Aunque se acepta que el perdón es el requisito fundamental de la reconciliación, es absolutamente necesario ir más allá, si queremos que nuestros hijos puedan gozar una Colombia en paz.  Para un creyente cristiano, como lo es la mayor parte de nuestro pueblo, el perdón le genera alivio sicológico y fe en que su Dios también le perdonarásus culpas, pero tenemos que ir más allá de esta respetable e íntima actitud hacia  la construcción de una sociedad justa y equitativa, que es la única posibilidad de tener un país tolerante, donde todos podamos aprovechar este rico e inmenso país que  podríamos aprovechar con bienestar material y paz para todos. 


Es que el perdón y la reconciliación en una ética laica sólo es factible si hay esperanzas de una vida dignacon todas las posibilidades de progreso material y espiritual, tanto para víctimas como para victimarios, situaciones ambas, unos más y otros menos, que todos hemos sufrido. No propiamente la pobreza es el factor que más exacerba el conflicto social: es la inequidad o sea las grandes diferencias de ingresos y oportunidades,en un país como el nuestro donde la riqueza siempre ha sido desigual, lo que  se ve agravado por un sistema tributario que permite que los más ricos, en su mayoría rentistas y dueños de capital, paguen muy pocos impuestos, como ya lo hemos mostrado en columnas anteriores.