Columnistas

Tras rumbo y destino
Autor: Manuel Manrique Castro
7 de Mayo de 2014


En un medio dominado por gurús masculinos dedicados a predicar sobre los más diversos temas, la presencia de una investigadora chilena, concentrada en el estudio de la pareja, el universo adolescente y otras dimensiones del alma humana...

En un medio dominado por gurús masculinos dedicados a predicar sobre los más diversos temas, la presencia de una investigadora chilena, concentrada en el estudio de la pareja,   el universo adolescente y otras dimensiones del alma humana, trae aire fresco y sugerentes ideas sobre asuntos que nos conciernen a todos.  Pilar Sordo cautiva auditorios y despierta consciencias interesadas en comprender facetas esenciales de nuestro desempeño cotidiano y al hacerlo con sencillez y humor, innova en la forma de comunicar resultados de sesudos estudios promovidos por instituciones como el Banco Interamericano de Desarrollo. 


Dice, por ejemplo, refiriéndose a muchos de los adultos de hoy, que hacen parte de una generación que les tuvo miedo a sus padres y ahora les tiene miedo a sus hijos.  Si lo primero es ya experiencia familiar sucedida, lo segundo está en plena ebullición  ocasionando efectos que repercutirán  de muy diversas maneras en el futuro de quienes dependen de ellos.  Igualmente que “Nos hemos concentrado tanto en la excelencia académica que se nos olvidó la excelencia del alma”  y que preocupados por la calidad de la educación se nos fueron las luces y perdimos de vista la calidad humana.  


Los padres de hoy están desorientados, carecen de las certezas con que las generaciones anteriores educaban a sus hijos y se relacionan con los suyos, por el contrario,  empeñados en satisfacer sus deseos, temerosos de no merecer su aprobación constante,  sin comprender a cabalidad el papel que les corresponde ni la contaminada atmósfera relacional en que les está tocando vivir a los jóvenes.  


Ninguna etapa anterior puso en el camino de quienes están creciendo, tantos estímulos y razones para exigir y desafiar la debilitada autoridad adulta que a la búsqueda de congraciarse con ellos, ha puesto de lado su obligación de establecer límites, construir diálogo, orientar con acierto y promover valores.  Afectada como está, opta en cambio por atender sus exigencias aun dañando la economía familiar.  Sucumbe ante la tecnología y tolera la ruptura de saludables prácticas familiares capaces de favorecer el intercambio y la aproximación entre sus integrantes. Hacerles la vida fácil y resolverles los problemas se convierte en tarea paterna prioritaria. Contribuye a este escenario el que ambos padres trabajen largas horas, una significativa proporción de las familias sea de jefatura femenina o los divorcios se multipliquen.  


La dificultad de comunicación, motivo de agobio generalizado de papás y mamás,  es un hecho porque no fue construida desde los inicios y mal puede ocurrir como un acto de magia precisamente en momentos en que el adolescente toma distancia buscando forjar su identidad.  


El mercado bombardea, el consumismo no da tregua y es un verdugo frente al cual los adolescentes de origen  pobre o rico sucumben. Los íconos juveniles moldean, la tecnología cautiva, la escuela aburre, la emulación somete sin piedad y los vínculos familiares pierden terreno frente a la incesante parafernalia tecnológica que contribuye a suplir la calidez de la conexión directa por los espejismos de la  virtualidad. 


El expediente fácil de los adultos  suele ser responsabilizar a sus hijos de la frivolidad y facilismo con que asumen la vida cuando buena parte de lo que ocurre proviene de su actitud complaciente y descomprometida.  


Son tiempos difíciles sin plazo definido. Por el contrario, las dificultades que vienen  serán mayores.  Toca aquí volver a la búsqueda de la excelencia del alma de que habla Pilar Sordo porque con diálogo fluido, cercanía afectiva, límites definidos,  acompañamiento en la exploración y búsqueda de los talentos y la identidad positiva de los hijos,  será posible un nuevo horizonte para esa tarea que es ser padres de por vida