Columnistas

La plenitud de lo natural
Autor: Omaira Martínez Cardona
6 de Mayo de 2014


Un antiguo pero poco usual proverbio latino traducido al español común dice algo así: “lo que la naturaleza no da, nada lo presta o concede”.

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Un antiguo pero poco usual proverbio latino traducido al español común dice algo así: “lo que la naturaleza no da, nada lo presta o concede”. Si se entiende por naturaleza el universo material con todos sus seres vivos, el entorno natural que hace posible la existencia humana y que persiste pese a la intervención del hombre, se puede entender el ciclo normal de la vida sin tantas angustias que preocupan a la humanidad.


Con la ciencia, la tecnología y la experimentación de lo “no natural”, es decir lo artificial, bien sea por intervención de la mente, la conciencia humana o por otros factores, el mundo actual vive preocupado por explorar y buscar formas de vida sobrenaturales que garanticen cosas que van contra la naturaleza como por ejemplo, una vida eterna.


El afán en estos tiempos actuales por desacelerar el transcurrir del tiempo e intentar con métodos de todo tipo retardar procesos normales como el del envejecimiento o el desgaste natural del cuerpo, provocan una cantidad de frustraciones y de vacíos existenciales que lo que terminan es por menguar la estabilidad emocional, el bienestar y la calidad de vida. 


Es así cómo frente a este deplorable panorama y aprovechando la sociedad de consumo, han surgido nuevos mercados y negocios que mueven billones y se han convertido en los más rentables y en una nueva necesidad básica para todos. Cada vez es más la proliferación de industrias dedicadas a promover y alimentar falsas expectativas en lo estético, lo nutricional, los medicamentos, lo orgánico y muchos otros ámbitos relacionados con una vida saludable. 


No se trata de oponerse a este tipo de nuevas posibilidades que pueden hacer del resto de la existencia un poco más agradable, pero se debe tener consciencia de que somos seres biológicos con un proceso normal de desgaste que en algunas personas parece darse más rápido debido a que desde su niñez o en las etapas de sus desarrollo no practicaron hábitos saludables de vida para tener un desarrollo integral. Es entonces cuando ya en la madurez o antes, pretenden ingenuamente recobrar con alternativas artificiales y en poco tiempo,  la vitalidad y el deterioro físico que se perdió. Todos quisiéramos vernos cada vez mejor o no perder las habilidades motrices,  los reflejos y por supuesto, la gran mayoría quisiera vivir por siempre, pero el ciclo vital natural no funciona así y aunque búsquedas como la de la inmortalidad o la eterna juventud seguirán inclinando al hombre hacia lo artificial,  está comprobado que cualquier intervención, órgano, sustancia o factor externo que se introduce y  trasplanta  al organismo siempre alterará su naturaleza porque cada ser vivo es un trozo de ese entorno natural que nunca funciona igual a los demás y aunque se habla de la regeneración de las células, el proceso no se da de la misma manera en que se dio originalmente. Si desde los primeros años se toma consciencia del ciclo vital y se practican hábitos saludables para el cuerpo, la mente y el espíritu, este tipo de angustias no agobiarían tanto. Abusar de tratamientos de todo tipo para intentar llenar vacíos y problemas que generalmente son más existenciales que biológicos, no siempre es la opción más acertada. Otro dicho más popular dice que la naturaleza es sabia y por eso dejarla obrar y asumirla sin ir contra ella, puede ser la fórmula para una existencia plena, saludable y feliz.